Y es que el ojo de este artista, siempre viajero, parece haber hecho la ida y vuelta antes de nosotros haber llegado. Hay realidades que adquieren su verdadera identidad cuando se convierten en imágenes. Es entonces cuando alcanzan categoría de metáfora e impacto de greguería, cuando el contenido se hace carne en el continente y la coherencia de los significados se esconden bajo los significantes más dislocados y surrealistas: ante la realidad manipulada, adquiere su verdadera dimensión la imagen creada o colocada en su verdadero sitio, siempre que ésta parta de la honestidad y de la sinceridad del artista y se entregue como una propuesta constructiva de diálogo y no como un ultimátum dogmático.
Alfonso Infantes no sabe (quizás tampoco pueda) pasar de largo ante la realidad, sea ésta la que sea. El no sé qué de su mirada rumiante le impele al re-encuentro, a la digestión reflexiva que la va a mostrar poliédrica y polisémica sí; pero quizás también más nítida, sin las adherencias de contextos domesticadores.
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Entrada gratuita. De martes a domingo, de 18:00 a 21:00.



