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Alejandra Vanessa

La conocíamos por sus poemarios y plaquettes, por esos versos que añoran la infancia y buscan reencontrase con ella, por ser una de las fundadoras de La Bella Varsovia. Sin embargo, fue en la mirada de los presos del Centro Penitenciario de Córdoba donde la descubrimos realmente. Fue durante el festival Cosmopoética, en el taller Poesía para la libertad.


Por:  Lakshmi I. Aguirre
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Poeta cordobesa
Nació: en 1981
Ubicación: Córdoba
Destaca por: la frescura de su poesía
¿Sabías que? ofrece talleres de poesía a niños y a los presos del Centro Penitenciario de Córdoba y que coordina la editorial La Bella Varsovia

Parece toda una aventura la de visitar una cárcel. Los vigilantes, las verjas, los edificios anodinos que nos dan la bienvenida no hacen más que acrecentar esa sensación cinematográfica de adentrarse en terreno cenagoso, en la boca del lobo. Un primer control, un segundo control y de pronto, la luz. Jardines cuidados hasta el extremo, a la derecha una huerta ecológica que los presos alimentan, miman; paredes coloristas con murales, flores de colores, Chaplin saludando desde el cemento a los visitantes.

Los edificios ya no parecen tan severos. Sí, sigue habiendo cielo en la cárcel, y en ese pedacito que alumbra el patio vuelan miles de pájaros que trinan y juegan y construyen nidos de los que asoman gorjeos apenas audibles. Cuántos millones de rincones… y las alas han elegido la cárcel para vivir. Una nueva paradoja y una última puerta. Se nos aparece un teatro en el que la cadencia de las voces es poética. Un ritmo sosegado bajo la silueta del paraguas de Cosmopoética. Desde la mesa central hablan Juan Carlos Mestre, Fabián Casas, Juan Manuel Roca, Fatena al-Gurra y Alejandra Vanessa, poeta cordobesa y alma máter del taller de poesía Poesía para libertad que imparte en el Centro Penitenciario de Córdoba en el que acabamos de adentrarnos.

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“Los que deberían estar en la cárcel están sentados en los parlamentos”, asevera el poeta argentino Fabián Casas. “La poesía es un asunto de insumisión”, concluye el colombiano Juan Manuel Roca. Y tras ellos se van levantando los presos, que no visten un uniforme a rayas, y que antes de asomarse tras el atril y ante su nuevo público miran a Alejandra Vanessa como pidiéndole permiso, como buscando el último empujón para dar el paso. Ella siempre sonríe y asiente con la cabeza. Y ahí que van Rafael y sus versos - “A pesar de todo, / y mientras quede un segundo, / una herida viva, / una lágrima huérfana / una sonrisa pendiente /, un poema sin leer, / escojo seguir / porque, a pesar de todo / siempre nos queda la vida” - y Rafaela con su poema de humor dedicado a las brujas, “porque me gusta más la alegría que la tristeza”, y Manuel y José Antonio y José y Antonio y Gregorio, al que la garganta le juega una mala pasada al recordar el accidente de coche en el que murió su hermano, y la niña Soraya que desde alguna parte verá a su padre recitarle un poema.

Alejandra Vanessa ha sido la que ha dirigido el camino de estas personas hacia la poesía - “estamos aquí por buscarnos la vida donde no debíamos”, me cuenta Rafi- y ha conseguido que algunos, como Antonio Martín, tengan a Ovidio, a Federico, a Miguel Hernández en su celda. “Ha logrado que nos alejemos de la soledad, nos ha ayudado a mantener la esperanza, a creer en el que algún día estarás fuera”. Así que tras la emoción, el vello de punta y el vacío que dejan los prejuicios cuando se marchan, nos sentamos con la que es, ante todo, poeta.

P. ¿Cuánta necesidad de comunicación has encontrado en el Centro Penitenciario de Córdoba?

R. De todos los talleres que he dado, los alumnos del centro penitenciario han sido los más receptivos sin lugar a dudas. Una de las cosas que más valoran del taller es que les ayuda a expresar lo que sienten, les sirve como desahogo. Para eso está la literatura. Lo agradecen mucho porque pasan mucho tiempo solos y eso te va comiendo por dentro. El ayudarles a expresar cómo se sienten y a sacarlo fuera es muy importante.

P. Llevas cinco años dirigiendo el taller Poesía para la libertad. Ya tienes a tu “Club de los Poetas Presos”. ¿Te has llevado alguna buena sorpresa?

R. He tenido alumnos que no habían escrito ni un solo verso. Al final del curso escribían poemas muy bonitos, con un ritmo, con una estructura. Antonio Galipienso, por ejemplo, es un tío muy brillante. Tiene un don de palabra impresionante, un vocabulario amplísimo. Empezó escribiendo cuentos y él sigue diciendo que no es poeta, que es narrador. Otro caso curioso es el de Paco. Lleva cuatro años en el taller y sabe jugar con la ironía, el humor, el sarcasmo. Este año ha escrito poemas muy profundos, más tristes. Ha sido un avance en su propia línea de escritura. Aquí todo va por rachas.

P. ¿Qué crees que les aporta la poesía?

R. Libertad. En nuestros pensamientos es en lo único en lo que podemos ser libres. Les transmite paz, se desahogan, además de poder salir a un ambiente totalmente distinto. Procuro que no hablemos del centro penitenciario porque quiero que ellos se sientan fuera del centro penitenciario. Siempre acabo echando de menos esos debates literarios que surgen cuando termina el taller.

P. ¿Cómo te enfrentas por primera vez a los presos?

R. Hace cinco años estaba asustada en mi primer día. Entraba a la cárcel con todos mis prejuicios. Pero a los diez minutos piensas que simplemente estás dando un taller de poesía. Siempre han sido muy respetuosos. No te preocupas en por qué están aquí.

P. ¿En qué consisten las clases?

R. Les doy una parte teórica y otra práctica dos veces por semana durante dos horas. Hacemos lecturas, estudiamos poemas, vienen poetas como Marga López Morales, Raúl Alonso o Juanma Prieto y ellos les pueden hacer preguntas directamente. Esas tardes las disfrutan al máximo.

P. ¿Viven con emoción el recital del último día?

R. Sí. Estaban muy nerviosos. Rafael estaba temblando y no quería salir. Sus compañeros le han animado finalmente y le ha recitado un poema a su mujer, que estaba presente.

P. ¿Cuándo empieza a escribir Alejandra Vanessa conscientemente poesía?

R. Desde pequeña me ha gustado mucho escribir, pero empecé a escribir de manera más seria en el instituto para ligarme a un tío que nunca me llegué a ligar: lo confieso. ¡Pero no importa! Me interesé en los talleres de la Casa del Ciprés, coordinados por Pablo García Casado. Fueron muy importantes para todos los que teníamos ciertas inquietudes. Podíamos compartir esas ganas de escribir y de recitar. Nos hicimos amigos y eso motivó que siguiéramos escribiendo y que nos empleásemos más en la poesía. Yo escribo porque me lo paso bien.

P. Tu primera publicación fue Colegio de Monjas.

R. Eran poemas que hablaban sobre la experiencia de estudiar en un colegio de monjas. Se cruzó por mi camino Elena Medel y me animó a seguir escribiendo y a que me presentara a algún premio. Obtuve el accésit en el Premio de Poesía Andalucía Joven 2004.

P. Todos tus poemas parecen partir de una mirada de mujer vestida de niña.

R. Tengo un trauma y es cumplir años. Me siento un poco Peter Pan. No me gustaría perder nunca ese sentimiento y es lo que en los poemas intento transmitir.

P. ¿A qué más le tienes miedo?

R. A la muerte. Me da tanto miedo que no suelo escribir sobre ella. El hombre del saco es un libro lleno de miedos, miedos de la infancia. El miedo a Drácula, a la soledad, a la locura.

P. ¿A la locura?

R. Mi obsesión es que me voy a volver loca y voy a acabar en un manicomio. Mi madre se enfada cuando lo digo. Me fascina el tema de las personas que pierden la cabeza por enfermedad o por circunstancias personales. Ojalá no me pase pero creo que como la muerte y la vejez me asustan mucho, no voy a ser capaz de aceptarlas y mi modo de aceptarlas va a ser volviendo a la infancia… “Y esto sucederá en el Freud Hospital”. Así termina el último poema de Colegio de Monjas. “Iré con papá a las reuniones de negocios”.

P. Y entonces, conforme te vayas haciendo mayor, ¿hacia dónde crees que se dirigirá tu poesía?

R. Ahora mismo estoy trabajando en un proyecto que me hace mucha ilusión, que es de poesía infantil (ríe). De repente ha aparecido un personaje ficticio en mi vida y quiero darle forma, amigos, crearle todo un mundo.

P. No te quiero generar una nueva obsesión, pero ¿no te asusta que esos personajes ficticios invadan tu vida real, que la literatura se convierta en tu realidad?

R. Mi poesía es muy autobiográfica. Los poetas siempre mienten y dicen que no. Los poemas siempre tienen algo de verdad, aunque la adornemos o la transformemos.

P. Pensaba que los poetas nunca metían…

R. ¿Ah sí? (Ríe). Pues no. ¡Son súper mentirosos! Y hasta cuando dicen que sus poemas no hablan de ellos también están mintiendo. Yo escribo poemas a partir de algo que he vivido, y por ejemplo, este nuevo personaje realmente lleva el mote que mis hermanos me ponían de pequeña.

P. ¿Cómo se aborda la poesía infantil?

R. Escribir para niños es lo más complicado del mundo. Tú puedes creer que estás escribiendo para niños y luego al niño no le interesa lo que le estás contando. Hay algunos que escriben para niños presuponiendo que los niños son tontos. A los niños hay que tratarlos de igual a igual. No sé si cuando hago eso acabo siendo yo más niña y ellos más adultos. Intento discernir entre la visión del niño y la del adulto que se cree que está mirando como un niño. Doy talleres de poesía a los alumnos de los colegios públicos de Córdoba con Cosmopoética y a veces los niños te sorprenden con unas imágenes bellísimas.

P. ¿Se muestran receptivos?

R. La mayoría sí. Además, los que peor se comportan son después los más creativos.

P. ¿Cómo crees que ha cambiado Internet la creación poética?

R. En muchos sentidos ha sido salvadora. La poesía es para minorías, pero a través de las redes sociales, de los blogs literarios, podemos decir que estamos viviendo un boom de la poesía, de la creación literaria. A mucha gente le daba reparo sacar a la luz lo que escribía e Internet le ha otorgado ese anonimato. ¡Puedes consumir tantísima poesía en Internet!

P. ¿La historia de la “Córdoba poética” lastra a los nuevos poetas?

R. Córdoba vivió una época muy buena con la generación de Pablo García Casado, Curro Bernier, Vicente Luis Mora, Raúl Alonso… Después aparecimos nosotros: Elena Medel, José Daniel García, Antonio Agredano… Realmente creo que Córdoba es un espacio muy bueno, no sólo para la creación literaria, sino para todo tipo de creación. Nosotras, que con La Bella Varsovia trabajamos con los jóvenes, nos damos cuenta de que hay mucho talento en Córdoba. También es cierto que lo de “Córdoba cuna de poetas” lastra un poco. La gente de fuera sí piensa que Córdoba es poesía por todas partes y Córdoba también ha tenido su momento de sequía y sus espacios vacíos en cuanto a eventos literarios.

P. ¿La realidad del siglo XXI permite al poeta ahondar en la realidad?

R. Quizá ese sea el motivo por el que el poeta se para y ahonda. Ahora mismo se está escribiendo muchísimo y es precisamente ese ritmo el que te obliga a parar.

Cuando los Donettes rayados me resulten indigestos,
cuando deje de buscar pestañas de doce centímetros,
cicatrices en labios y barbillas…

Cuando tu cara no se confunda con otras en la parte trasera
–de un coche–
o no chirríen mis pómulos al entrar en la estación…
Cuando mis amantes dejen de ser
Richard Gere y un Petit Suisse de nata

—cuando ya no te hable—

seguro
se me habrá enfriado el café.


Bibliografía


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2 comentarios

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El 1 Diciembre 2012 a las 0:59, Antonio José dijo...

Hola, llevaba tiempo que deseaba encontrar a Alejandra Vanesa o por lo menos algún enlace en internet que ludiera llevarme a contactar con ella, gracias a ella hoy soy Poeta, no publico porque aun no he tenido la oportunidad pero me considero buen Poeta, la Poesía me jace volar Libre y a gusto en los momentos mas buenos y menos buenos, mi dezeo es que alguien pudiera darme la oportunidad a mi y a mis versos…unn saludo


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El 4 Diciembre 2012 a las 21:48, Alejandra Vanessa dijo...

Hola, Antonio José. ¡¡Muchísimas gracias por tus palabras!! ¡¡Se me hacen grandes!! Si en algo he podido influir para interesarte por la escritura, eso me hace muy feliz. Gracias por tus palabras. Mi correo electrónico es alejandra@labellavarsovia.com Puede encontrarse en la web de La Bella Varsovia.



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