Reseña: Paraísos indómitos
La exposición Los paraísos indómitos es una panorámica de la relación actual entre el hombre y su entorno. Las 46 obras de una veintena de artistas que la conforman, entre las cuales priman el vídeo y la fotografía, ofrecen una visión completa que va desde el documental o la denuncia a la recreación poética. El motivo de esta muestra es reflejar la fascinación que aún nos producen los lugares que permanecen alejados de la mano del hombre. La mayoría de ellos son reservas, lugares acotados para preservarlos de la civilización que ha convertido al planeta en un lugar explorado y explotado. Muchas de las obras no adoptan el tono apocalíptico para hablar de los serios problemas medioambientales que padecemos, sino que optan por reinterpretar el amor por el paisaje que llegó con el Romanticismo.
El holandés Guido van der Werve consigue una de las piezas más memorables, no en vano sirve como cartel anunciador de la exposición, al grabar una arriesgada perfomance: un hombre camina por un paraje helado del Polo Norte seguido, a escasos metros, por un enorme buque rompehielos. En algunos momentos, tememos que el barco logre alcanzar al hombre, con lo que nos damos cuenta del poder destructor, simbolizado en el enorme rompehielos, que llevamos a los parajes vírgenes que visitamos. Otro de los vídeos más espectaculares de esta sección es el de Eric Rosoman. El inglés se ha atrevido a pasear por el filo de un acantilado y grabar en vídeo la, a veces, espeluznante experiencia. Por su parte, Rocha Pitta homenajea de forma imaginativa la marina Peace-Burial at sea del inglés Turner, en la que se veía un barco a la deriva que ardía, con un vídeo en el vemos arder un barco en la brasileña Bahía de Guanabara. La desoladora imagen de un barco que se consume poco a poco entre las llamas, se contrapone a la quietud de la bahía en la noche. En el segundo apartado de la exposición, titulado El viaje utópico, se revela la imposibilidad de escapar de nosotros mismos, aunque pretendamos huir a un lugar remoto. Las imaginativas propuestas de los artistas desenmascaran la fantasía del viaje planteado como escapada de nuestra realidad. Alberto Baraya documenta una expedición al Putumayo con todo lo que se lleva el viajero: los libros, certificados y demás documentos. Así, pone a las claras que el viajero es incapaz de abandonar el burocrático mundo del que procede, ni que es capaz de renunciar a los placeres intelectuales como la lectura. Además, en un mapa dibujado en una pared, marca el itinerario con fotografías tomadas en varios lugares de este río amazónico. Por su parte, Eva Koch prefiere realizar una panorámica sobre un bello paisaje montañoso. La plácida contemplación es interrumpida por niños que lanzan piedras, o alguien que corre por la ladera. Ni siquiera en los lugares apartados somos capaces de estar solos, de alejarnos del bullicio de nuestro mundo civilizado. El israelí Nir Evron elige una aproximación más clásica y opuesta al narrar, mediante una voz en off, sus impresiones al pasear su mirada por un paraje virgen en el que no se divisa hombre alguno. El artista narra cómo transcurren las diversas estaciones en el paisaje vacío, habla de quiénes exploraron esa tierra, para así recalcar la pervivencia del paisaje y lo evanescente de la presencia humana. En la sección El hombre y la tierra: colaboración científica se aborda la relación entre la cultura y la naturaleza. La eslovena Marjetica Potrc registra en vídeo una entrevista con José Roca, en la que ambos hablan de su experiencia en Acre, un enclave del alto Amazonas. La artista, que también es arquitecto, fue invitada por la Bienal de Sao Paulo celebrada en 2006 a residir allí; entonces, comprobó como los habitantes utilizaban su imaginación y pocos recursos para enfrentarse a sus problemas. En su diálogo con José Roca, uno de los comisarios de la Bienal, comenta las soluciones a las que llegó mientras trabajó, entre otros proyectos, en una escuela construida sobre palafitos. El sevillano Gonzalo Puch sigue con su preocupación por la errónea visión del hombre sobre la naturaleza: “que la interpreta como una despensa inagotable no como un organismo vivo”, según sus palabras. Es sus fotografías se puede ver a un particular científico que no sabe qué hacer con las plantas: acumula objetos como carros de la compra y ventiladores junto a la vegetación, conformando así una especie de escultura absurda. Guillem Bayo también fija su mirada en lo cotidiano: fotografía y graba en vídeo a los insectos que mueren estampados en el parabrisas de un auto durante un viaje. Con este sencillo tema, nos damos cuenta de la poca consideración que el hombre tiene hacia las demás especies con las que comparte el planeta. En el apartado Paraísos dañados se incide en el abuso que comete el hombre contra la naturaleza. Por ejemplo, Cyprien Gaillard logra producir una rara sensación al reproducir hacia atrás la secuencia de una nube de humo que sale de un túnel, con lo que tenemos la sensación de que es el túnel el que aspira todo el humo. Los paraísos indómitos utiliza el arte para lanzar una mirada actual a la naturaleza, algo necesario en unos tiempos que se antojan decisivos para la preservación del planeta. Además, la muestra revela que el medio ambiente es una materia muy rica y aprovechable para el artista de nuestros días. |
Enlaces
- • Exposición Paraísos Indómitos en la Agenda de Tertulia Andaluza
- • Nota de prensa de la Exposición Paraísos Indómitos en la página oficial del CAAC de Sevilla
Este artículo fue subido por Cecilia Bogaard el 28 Julio 2008 a las 11:09.
Etiquetas: Medio Ambiente, museo, arte, exposición, provincia de sevilla, sevilla

