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El Último Magnate

El E-1, un submarino encargado por Alemania, pero que se quedó en Turquía. En 1917, en los Jardines de la Concepción de Málaga, se fraguó la creación de un arma simbólica: la revancha germana contra Inglaterra tras la Gran Guerra. Sin Horacio Echevarrieta, hoy un desconocido, esta historia nunca hubiese sucedido. Pero algo pasó. Fue un sumergible fallido.


Por:  Elsa Cabria
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Película documental
Dirigido por: José Antonio Hergueta y Olivier Van der Zee
Producido por: MLK Producciones (España) y Sincro Producción (Holanda)
Año: 2011
Nacionalidad: española
¿Sabías que? la cinta se estrenará en el Festival de Bilbao, en el de Memoria e Imagen de Reus y en el de Cine Europeo de Sevilla

Hiperactivo, poco reflexivo, innovador. Horacio Echevarrieta fue un acaudalado industrial que heredó tanto dinero de su padre como para impulsar la Gran Vía madrileña, el Ensanche de Bilbao, fundar Iberia e Iberdrola y poseer el diario El Liberal. Pero poco se sabe hoy de este republicano amigo del rey Alfonso XIII del que todos sospecharon. Rojo, monárquico, españolista o nacionalista. Todos le llamaron de todo.

Pactó con un célebre espía alemán de acento chileno (Wilhelm Canaris) y con un oscuro marino apasionado del cine (Walter Lohman) la construcción del mejor submarino del mundo. Horacio Echevarrieta levantó los astilleros de Cádiz para que Alemania pudiese saltarse el Tratado de Versalles y así construir sumergibles. Eran los gloriosos años veinte, cuando todo era posible. Pero el proyecto fue tan lento que nunca pasó de ser un prototipo. Se construyó en 1929. Echevarrieta se dejó su fortuna. Alemania no dejó ni el nombre sobre el papel.

Esta es la trama que ha rescatado José Antonio Hergueta, director y productor malagueño, responsable de MLK Producciones. Tras dirigir el documental Operación Úrsula, esta es la historia de El Último Magnate.

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P. ¿Por qué cree que se ha olvidado la figura de Echevarrieta?

R. Llama la atención que un hombre que, en su momento, lo es todo, desaparezca. Porque es muy fácil juzgar en los libros, pero tampoco se le ha juzgado. Cuando se celebró en 2010 el aniversario de la Gran Vía se le mencionó en una línea, como si fuera uno más que pasaba por allí. Interpreto que fue un hombre muy independiente, muy liberal, y muy coherente consigo mismo, lo cual implicaba que a veces cambiaba de posición en la vida. En negocios y en general. Por lo tanto, no tuvo reparos siendo republicano, fue amigo de Alfonso XIII, y tampoco tuvo reparo en trabajar para el régimen de Franco que tampoco consideraba amigo. A los republicanos les resultaba muy antipático que un republicano simpatizase con el Rey. Y los nacionalistas, aunque fue el primero que negoció el convenio económico vasco (lo que fue un hito, y el gobierno vasco debería estar muy agradecido), él siempre se manifestó pro federal pero no separatista. Por lo tanto, a principios de siglo, alguien que propugnaba una sociedad moderna resultaba admirable, pero también incómodo a todos los bandos.

P. En el documental, Echevarrieta parece un idealista que esta persiguiendo su sueño y al que le da igual lo que pase a su alrededor. ¿Alcanzar ese sueño justifica esa traición a su ideología política?

R. Es un soñador y eso le convierte en un personaje atractivo y más real. Y era así, un hombre muy sencillo, y eso es lo que le atraía a Alfonso XIII de él. Y es verdad que arriesgó mucho dinero por construir barcos y astilleros. Pero no lo veo como una traición porque trabajó muchísimo por el republicanismo. Aunque era un moderno, representaba un tiempo que ya se acababa, incluso el Franquismo y la República lo identifican como alguien del pasado. Él se movía, pero el mundo se movía más rápido. Su afán por construir una España moderna se quedó atrás y, a pesar de eso, siempre se valió para tener amigos. No es un traidor, se adapta, yo lo veo como un hombre honesto.

P. ¿Qué descubrió durante el rodaje de Operación Úrsula para después realizar El Último Magnate?

R. Operación Úrsula fue mi primera conexión con el mundo submarino; surgió porque vivo en El Palo, justo enfrente de donde apareció el C-3. Para mí era una gran historia, pero lo que hace las grandes historias documentales es que haya varias capas más. Y el C-3 las tenía. Una de ellas era la de la marina alemana involucrada en la España en Guerra Civil. Eso era poco conocido, pero nosotros descubrimos que estaba ligada a este episodio de los años veinte. Saber que en aquellos años ya había habido una conexión tecnológica y militar entre España y Alemania fue impresionante. Y el hecho de que Horacio, que era el hombre mas importante de España en aquel entonces, hubiera casi desaparecido de los libros, era la primera razón para buscar.

P. ¿Por qué siente que Echevarrieta fue tan innovador?

R. ¿Cómo se puede haber olvidado la historia de Echevarrieta? Era un hito de su tiempo, avanzado, laico. El mundo se movió y él se quedo fuera del tiempo. Hizo negocios y el astillero funcionó en los cuarenta bajo su nombre, y en Cádiz se le recuerda más que en Bilbao, porque dio empleo a mucha gente. Nadie en la familia tomó el testigo. En 2011 se está haciendo justicia con Echevarrieta. Hay algún empresario en la familia, pero nadie heredó ese carácter. Casi ninguno de sus negocios fue un pelotazo, siempre arriesgó mucho, era de otro tiempo porque cuando hubo riesgo de quiebra en la principal caja de ahorros vasca, él avaló con su dinero. Acusarle de paternalista es insólito.

Impresiona esa ventana del Palacio de Munoa, en Barakaldo. En el interior de una habitación semi vacía, sentado en una silla, José María Echevarrieta recuerda a su padre, a Canaris, a Lohman, a Alfonso XIII. Parece tener millones de recuerdos este hombre de 106 años. Junto a él, su hermana Amalia, de 95, ex campeona nacional de tenis femenino. A ellos les dedica Hergueta el documental. En ese palacio donde murió su padre, en 1963, con 92 años. La gran memoria del hermano superviviente se anticipa al futuro en la cinta: “Todos los viejos morimos aquí”.

P. El hijo de Horacio, José María, tiene 106 años.

R. La familia ha sido una gran sorpresa. Al principio, nos costó llegar a ellos y a descendientes de antiguos trabajadores suyos. En muchos momentos sufrimos angustia porque no teníamos casi fotos, ni de los espías alemanes. Sólo al final hemos conseguido las fotos. Aparte, solamente hay dos historiadores que se hayan dedicado a ese tema (Pablo Díaz Morlán, biógrafo de Horacio Echevarrieta; y Michael Müeller, de Wilhelm Canaris). Luego, los archivos estaban muy dispersos entre los Archivos de Salamanca; y en Cádiz, en 1947, hubo una explosión y se llevo por delante el astillero. Es una historia hecha pedazos.

P. A través de El Último Magnate, y al margen de Echevarrieta, ¿has descubierto a algún otro personaje que te haya seducido como Canaris?

R. Canaris es un personaje fascinante, un mito de la Primera Guerra Mundial, pero ya está muy investigado, suerte que este periodo es el menos conocido él. Lohman es muy oscuro, aparece en tres líneas en los libros historia. Fue un escándalo su inversión con dinero de la marina alemana en negocios surrealistas como el cine. Esto apenas es conocido, es una de las mayores investigaciones que hemos hecho. Tanto que estamos hablando con nuestros socios alemanes para hacer un documental íntegro.

(Investigaciones periodísticas relacionaron a Walter Lohman con negocios turbios en el negocio del cine. El marino tenía una productora llamada Phoebus y financió sus películas con el dinero de la armada alemana, a cambio de incluir propaganda. Un viejo escándalo del que poco se sabe hoy).

P. Como documentalista, ¿es complicado mantenerse al margen, no posicionarse con el personaje?

R. Es difícil no llegar con una idea prejuzgada. Cualquier investigación te lleva a obsesionarte, lo más difícil es no dejarse arrastrar para hacer un estudio que no se acabaría nunca… En este caso, Echevarrieta es una vida-río: él no se acaba, siempre está persiguiendo cosas. Estamos considerando hacer algo para ficción sobre su vida y negocios en Madrid durante los años veinte. Pero nuestro desafío era meter eso en un documental. Y para eso hay que simplificar mucho, es muy duro construir un arco dramático. No es una biografía, está centrado en su gran sueño, y es una ventana para conocerle a él, a España y a Europa de esa época. Como documentalista, realizas un trabajo de arqueología en la memoria personal. Tienes que exprimir a la gente, a la familia… Los Echevarrieta se sentían olvidados, no se daban cuenta de la dimensión de sus padres. El documental está en medio del periodismo y la narración. La estructura dramática tiene que estar.

P. ¿Cuánto tiempo de investigación ha requerido el documental y cuáles han sido las fuentes para llevarlo a cabo?

R. Cinco años de trabajo hasta que en 2011 hemos presentado el documental. Ha sido necesario un gran trabajo de investigación para recopilar imágenes perdidas, fragmentos de historias, recorrer archivos, bibliotecas, filmotecas y fondos personales. Gracias a esta labor, la cinta cuenta con material inédito como vídeos, fotografías, noticieros o documentos de archivo, así como los testimonios de biógrafos y expertos en Horacio Echevarrieta y Wilhelm Canaris.

P. Hay imágenes en movimiento antiquísimas en el documental. ¿Ha habido que hacer un trabajo de restauración para utilizarlas?

R. Hemos conseguido las únicas imágenes de cine de Horacio con Alfonso XIII. También conseguimos cine de la propia familia, en los jardines de la Concepción (propiedad de Echevarrieta hasta que los compró el Ayuntamiento de Málaga). Y luego para hacerlo atractivo, hemos utilizado técnicas de animación para crear sensación de movimiento con algunas imágenes, como en el proceso de construcción del submarino o en la reunión en la que se decide el proyecto.

P. ¿Es difícil hacer documentales en Andalucía?

R. Un documental es siempre difícil, y mucho más costoso de lo que parece. Hay que tener una mente múltiple: investigador, creador y productor. Pero debo decir que en Andalucía hemos tenido suerte los últimos años porque es la comunidad autónoma que, junto a Cataluña, más apoyo ha dado al documental. Y, en nuestro caso, nos ha permitido coproducir. Esto es muy delicado; tiene un coste muy pequeño para el Estado, pero siempre está cuestionado porque parece que es el cine de la memoria. La historia ha sido contada a través de los libros, pero la memoria del siglo XX está guardada en imágenes en movimiento.

P. ¿Por qué ese interés de José Antonio Hergueta por los submarinos?

R. No imaginaba que la vida debajo del agua fuese tan interesante. Se me ocurren muchas interpretaciones posibles, y es una pregunta que me he hecho muchas veces durante la producción de El último magnate y Operación Úrsula, pues los submarinos dan para simbología y metáforas muy variadas, y en algunos sueños los he tenido presentes, sí, incluso en una ensoñación recurrente de esa paz silenciosa vista desde el fondo, con los rayos del sol atravesando las aguas. Pero la verdad es que sólo me he acercado a un submarino para documentarme y rodar. La navegación ha estado presente en mi familia, incluso yo he estado embarcado, pero siempre en superficie, nunca bajo el mar. Y, como diría el camarero de Irma la dulce, aquella película de Billy Wilder: “Esa ya es otra historia”.

P. Al terminar la proyección durante la presentación de la película en el Festival de Cine Español de Málaga, alguien dijo: “Echevarrieta, vuelve a Cádiz”. ¿Hay algún Echevarrieta en la actualidad que pueda volver a reavivar astilleros?

R. De los Echevarrieta, queda alguno en Cádiz. Al investigar, descubrí que los astilleros, en general, han sido económicamente viables en muy pocos momentos para la industria. Siempre se basan en el interés de un estado de construir barcos, como lo fue entonces. Ahora, en este mundo cambiante, como ya le pasó a Echevarrieta, es más barato construir en otros sitios. Incluso saber de qué vamos a vivir en este país es el gran desafío.

P. ¿Alguna lección, entonces?

R. El gran descubrimiento es el extraordinario parecido entre los años veinte y la actualidad: Occidente vivía un florecimiento económico y cultural pero de repente, esa sofisticación empujó a una crisis, y algo que estaba tan claro que no podía ir a peor, de repente se destruye con el crack del 29. Hay que aprender a no ser tan trágicos y así aprender a salir mejor de estas situaciones.

El proyecto 21 del astillero fue bautizado como E1. El 22 de octubre de 1930 se procedió a su botadura. Pero la botella de champán rebotó contra el casco y no se rompió. Primo de Rivera ya había fallecido y el Rey no acudió al evento.

En 1931 se proclama la República, la misma que anuncia la vocación pacifista de España. Hay un republicano que no lo recibe con alegría. Es un punto de no retorno. Nunca se firmó un contrato sobre el E-1, era un prototipo. Alemania desaparece del proyecto y es la marina turca la que se lleva el submarino. Los peores tiempos para la mejor arma del mundo. El último magnate.

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