Reseña: Hasta que llegó su hora
Después del inicio de Sed de mal de Orson Welles, el arranque de Hasta que llegó su hora (C’era una volta il West, 1968) es uno de los más impactantes de la historia del cine. Quince minutos de títulos de crédito que nos sitúan, sin pudor alguno, ante el diálogo llevado al extremo en el que cada palabra se traduce en un acto salvaje, ante un ballet de miradas que no necesitan hablar, ante planos forzados hasta la extenuación… Y el sonido, el hipnótico sonido, que a manos de Ennio Morricone marca el ritmo del film en una danza entre el hombre y la muerte. Hasta que llegó su hora es la primera de una trilogía sobre la historia de la violencia norteamericana del siglo XX, que seguirá con ¡Agáchate maldito! (Giù la testa, 1971) y terminará con Érase una vez en América (Once Upon a Time in America, 1984), un tratado sobre la guerra de gángsters. Estamos ante una película que señala el final de un género: el spaghetti western. Y Leone quería despedirse a lo grande.
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Jill (Claudia Cardinale) llega a una ciudad –que Leone se ocupa de mostrarnos en un travelling espectacular- que aún es sólo el espejismo de una nueva era, a una estación que es la entrada a un mundo que está a punto de desaparecer y en la que nadie le espera: sólo el lamento de una armónica que surca el aire el busca de venganza. Es Harmonica (Charles Bronson) en cuyo rostro fantasmal, forjado en la más dura roca, no se lee, sino que se escucha, el jadeo de la vendetta. Sus caminos se cruzan con el de Cheyenne (Jason Robards), quizá el último romántico del género, y el de la mirada, ahora sucia, de Henry Fonda. La película avanza por la vías del ferrocarril que vaticinan el advenimiento de un universo contemporáneo en el que los personajes del western ya no tienen cabida: El tiempo no es tiempo: es tabaco que Leone masca y estira a su antojo en un juego de suspense en el que la violencia no es la protagonista, sino los rituales que la anteceden, y en el que despunta, entre primeros planos de una fisicidad obscena, una dura crítica al capitalismo. Con está película llega el final de la hora del oeste salvaje, de una moral que dispara incluso a quien la defiende, de un hombre en peligro de extinción. |
Video
Bibliografía
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- FERNÁNDEZ-SANTOS, ÁNGEL. MAS ALLÁ DEL OESTE. RANDOM HOUSE MONDADORI, BARCELONA, 2007
- CASA, QUIM. PELÍCULAS CLAVE DEL WESTERN. EDICIONES ROBINBOOK, BARCELONA, 2007
Filmografía
¿Cómo llegar?
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El rancho de Sweetwater por el que pierde la vida Brett McBain es una visita indispensable si te acercas a Almería. El desierto de Tabernas esconde Western Leone, los estudios en los que Leone rodó la cinta y en los que se pueden reconocer las localizaciones de la película. Western Leone |
Este artículo fue subido por Lakshmi I. Aguirre el 25 de Julio de 2008 a las 14:16.
Tags: Almería, Cine, destacados cine, película, provincia de almeria



Comentarios (1)
Esta película es una joya, rotunda en la definición del género y de la génesis de un país como EEUU, implacable en el uso de los tiempos, los sonidos y los silencios, de un estética sensual y atroz, desprende una luz cegadora, el sol del desierto almeriense que Leone inmortalizó como si fuera el confín, y quizás el fin, sí, de un universo. Desde el punto de vista fílmico creo que Leone se superó asimismo en esta película, en el regodeo de esa narrativa polvorienta, en suspensión, de parajes fantasmales, que había ensayado con éxito en títulos anteriores como El bueno, el feo y el malo. Y Morricone acertó a darle una melodía universal a toda una etapa histórica como fue el salvaje oeste norteamericano. La guinda la puso un film soberbio poco después, en 1969: Dos hombres y un destino.