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Compañía Artrasto

Los trastos se convierten en arte, los títeres campan a sus anchas y las historias relumbran cuando se levanta el telón. Esta compañía malacitana ha subido a los escenarios el oficio del titiritero. La vida en la palma de las manos.


Por:  Lakshmi I. Aguirre
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Compañía de teatro
Nació: 2007
Fundado por: Belén Santamaría
Ubicación: Málaga
Destaca por: la autenticidad de sus espectáculos

Los títeres que Artrasto muestra al público desde el escenario no se convierten en actores, sino en pequeños recipientes de almas perdidas entre bambalinas. La actuación queda relegada a un segundo plano, que nunca mejor dicho ocupan los intérpretes de esta compañía malagueña, vestidos de negro, con la vida en las palmas de sus manos. Algunos de sus títeres huyen de la franja infantil para convertirse en pequeñas personas que hacen de la imperfección su mayor virtud.

Con manos de cirujana, Belén Santamaría piensa, construye y educa a sus pequeñas criaturas hechas de gomaespuma, papel maché y objetos transformados. Ellas son el cuerpo y la voz de las historias que Santamaría escribe y representa. Tras pasar por varias compañías de teatro, esta malagueña se decidió por crear la suya propia: Artrasto. Bajo este nombre se esconden obras de teatro infantil, espectáculos de títeres para adultos, talleres didácticos para los niños y talleres de construcción de títeres, entre otras miles de ideas que acaban lanzándose del escenario cuando se levanta el telón.

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“Ser titiritero es un oficio del que no te puedes desembarazar de ningún modo. Lo eres o no lo eres”, explica Santamaría, que llegó al mundo del títere “de rebote” y en el que se ha quedado desde entonces. No es fácil: “Requiere mucho tiempo y dedicación. Hay que aprender a acercarte al títere y a transmitirle tu energía, porque no es algo que esté muerto”, explica. ¿La experiencia de dar vida a algo inanimado? “Es muy rara: coges una cabeza, haces un gesto, y de pronto ves que algo que no tiene vida se mueve y parece que la adquiere. Un cosquilleo te recorre el cuerpo”.

La percepción del espectador cambia ante un espectáculo de la compañía Artrasto. Los actores, que al principio se perciben en la oscuridad, acaban desapareciendo detrás de los muñecos, dejando emerger la imaginación y la capacidad de creer en lo que se está viendo. No hay orgullo actoral. No existe el ego. Sólo muñecos que retornan a la vida en manos de pequeños artesanos. Según Santamaría, todo eso ayuda a que realmente exista la camaradería, porque todo el mundo acaba compartiendo sus historias, creaciones y descubrimientos: “Cuando vas a un festival de títeres es alucinante. Puedes ver a un croata haciendo algo espectacular y cuando termina te acercas para saber cómo lo ha hecho y te enseña todas las tripas de su espectáculo”, comenta.

Michelle es la historia de una chica que se está buscando a sí misma, que tiene problemas de realización personal. Es una obra tragicómica con toques surrealistas”. Así describe la directora de Artrasto uno de sus próximos proyectos de títeres para adultos. Para los niños, esta titiritera malacitana ha adaptado varios cuentos clásicos para subirlos a los escenarios. No son adaptaciones cualquiera: “Los cuentos tradicionales son bastante brutos. ¡Es una barbaridad la cantidad de cuentos en el que el rey ofrece a su hija como recompensa! Así que transformo las historias, como cuando el Príncipe besa a Blancanieves y despierta, y se van a vivir juntos para conocerse. Sólo cuando tienen edad se casan”, explica la directora de la compañía.

Subir estas nuevas propuestas, que son más que ecos de lo que antaño protagonizaban los programas culturales, a los escenarios andaluces es complicado. “Es un circuito que se autoanula”, explica Santamaría, “no nos programan, el público no sabe que existimos, no lo piden, no nos programan”. A este paso, ¿se va a perder este oficio? Santamaría tiene la respuesta: “No se va a perder nunca. Mientras haya un niño que quiera ver cómo vive un muñeco, existirán los títeres”.

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