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Duende

Tras una enérgica búsqueda, el huidizo duende del flamenco se deja atrapar. En las siguientes líneas intentamos concretar su significado y captar algo de su esencia, la más buscada.


Por:  Thea Delavault
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“Tú tienes voz, tú entiendes de estilos, pero no triunfarás nunca, porque tú no tienes duende”, dijo el famoso cantaor Manuel Torres a uno de sus colegas. Pero, ¿qué quería decir?

Duende es un concepto difícil de definir. Se utiliza para describir un arte, en concreto el Flamenco, y si algo “tiene duende” es que es especial, auténtico, carismático, y mágico, algo que por ejemplo, “tiene alma”. Si una actuación (musical o de otro tipo) tiene duende, significa que ha tenido éxito. El duende es algo instintivo, animal, oscuro y que hasta roza con lo divino. Es la lucha interna del artista cuando crea puro arte.

Federico García Lorca, el mayor representante del duende y uno de los pocos que ha indagado en su naturaleza, dijo en una de sus obras: “En toda Andalucía, roca de Jaén y caracola de Cádiz, la gente habla constantemente del duende y lo descubre en cuanto sale con un instinto eficaz. El maravilloso cantaor El Lebrijano, creador de la Debla, decía: ‘Los días que yo canto con duende no hay quien pueda conmigo’; la vieja bailarina gitana La Malena exclamó un día oyendo tocar a Brailowsky un fragmento de Bach: ‘¡Olé! ¡Eso tiene duende!’, y estuvo aburrida con Gluck y con Brahms y con Darius Milhaud. Y Manuel Torres, el hombre con mayor cultura en la sangre que he conocido, dijo esta espléndida frase, escuchando al propio Falla su Nocturno del Generalife: ‘Tó lo que tiene soníos negros tiene duende’. Y no hay verdad más grande. Esos sonidos negros son el misterio, las raíces que se clavan en el limo que todos conocemos, que todos ignoramos, pero de donde nos llega lo que es sustancial en el arte. Sonidos negros dijo el hombre popular de España y coincidió con Goethe, que hace la definición del duende al hablar de Paganini, diciendo: ‘Poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica’. Así pues, el duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no pensar. Yo he oído decir a un viejo maestro guitarrista: ‘El duende no está en la garganta; el duende sube por dentro desde la planta de los pies.” Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto.” (Federico García Lorca, Teoría y juego del duende, 1934)

El duende, por lo tanto, podría ser una especie de don, el don de la actuación. Es tan esquivo como indefinible , y nunca avisa de cuándo va a venir y bendecir una actuación, una obra o a una persona. No se puede contar con él, ni hacer que aparezca a propósito. Probablemente uno sólo lo siente al dejar de perseguir la perfección, al dejar la mente en blanco. Cuanto mayor es el esfuerzo, más difícil resulta alcanzarlo; es un espíritu rebelde y libre que no se puede apresar, ni siquiera en palabras. Álvarez Caballero (periodista y flamencólogo) dijo: “Parece que hay una inflación de literatura fácil en la que se trae a los duendes de acá para allá, venga a cuento o no, con el peligro de hacernos creer que éste es un fenómeno cotidiano al alcance de cualquier fandanguillero de tablao. Y no es así, no… El duende es algo mucho más profundo, y tan difícil de definir que nadie logra ponerse de acuerdo…”.

Fernando Quiñones describe los efectos secundarios del duende durante una actuación de Caracol y Chano Lobato: “Enajenado, uno de los gitanos asistentes muerde con fuerza el hombro de un amigo, que no ha de disculparlo porque, absorbido, ni se ha dado cuenta. Después se ríe, llora y grita por el patio. De repente, se mezclan la gracia y el dolor y se funden en el cante, y ya no hay forma de distinguirlos de lo barroco, mientras va aumentando el sonido de las palmas, los pasos, y las voces, más borrachas que el vino de Chiclana en Ronda.”

A pesar de que el duende es un concepto difícil de expresar con palabras, estas son algunas de sus definiciones:

Real Academia de la lengua Española (RAE)
(De duen de casa, dueño de la casa)
1. m. Espíritu fantástico del que se dice que habita en algunas casas y que travesea, causando en ellas trastorno y estruendo. Aparece con figura de viejo o de niño en las narraciones tradicionales.
2. m. And. Encanto misterioso e inefable. Los duendes del cante flamenco

Diccionario de la lengua española
1. m. Espíritu travieso que se cree que habita en algunas casas, causando en ellas alteraciones y desórdenes; se le suele representar en forma de viejo o niño.
2. Personaje fantástico de algunos cuentos infantiles: el duende concedió tres deseos a la princesa.
3. Encanto misterioso, difícil de explicar con palabras: ese chico tiene duende.

Duende, una palabra con la que uno crece en Andalucía. Una palabra que evoca la magia. Una palabra que no se puede traducir a otros idiomas, porque sus significados en otros idiomas no captan su esencia pura. Cuando éramos pequeños, el duende solo “estaba”, mientras que hoy duende suscita multitud de preguntas. ¿Cuáles son sus formas? ¿Y sus raíces? ¿Existe en otras culturas? ¿Cómo lo denominan? ¿Tiene orígenes árabes como sugieren algunos? ¿O gitanos? ¿Es Apolíneo o Dionisio? ¿O es un don? ¿Duende del Este, o duende del Oeste? ¿Existe un duende Chino? Mi conclusión es dejar en paz al duende, porque mientras que sí que se puede tocar, y hasta lidiar, no se puede definir. Volviendo a la feroz crítica de Manuel Torres, el hecho es que algunos pueden tener duende, y otros no. El poeta Joaquín Romero Murube se lamenta de los “cantaores de Flamenco idiotas que creen que el duende es domesticable, y hacen para apresarlo un movimiento de mandíbula, unos cortes en el ritmo de las coplas, o espasmos guturales, que, más que duendes invisibles, son gallos gordos que se le escapan del gallinero del quiero y no puedo de sus pobres facultades sin gracia”. Cuando alguien lo tiene, tiene todo lo a lo que un artista puede aspirar. Ese algo inexplicable: magnetismo, autenticidad, carisma, magia, poder… todo eso que se puede aglutinar en una palabra. Duende.


Bibliografía


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Enlaces






1 comentario

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El 9 Abril 2008 a las 14:13, Lorenzo dijo...

Thea, me ha gustado mucho tu artículo, tiene duende. La ocasión más reciente que lo he experimentado, como espectador, claro, en el flamenco, fue el pasado fin de semana en Hay Festival. Enrique Morente y compañía en La Alhambra. Ese hombre es un tenor del cante, tiene un duende muy especial, hipnótico, sobrecogedor, un instinto inextricable de origen atómico, celular, el legado de los ancestros en sus genes, a través de una variedad perfecta de registros, que domina con la mesura de un monje, la belleza de una voz en estado puro, una explosión de endorfinas que pone del revés el hipotálamo y eriza la piel. Y es cierto eso de que el duende tiene ribetes negros, quizás por aquello del origen africano de todos nosotros. Por un instante, cuando Morente y sus palmeros se arrancaron un martinete al unísono, cerré los ojos y hubo un destello de gospel, de soul y música profundamente espiritual, un matiz sufí y otro tribal, de raza y tez muy morena, como llegada de una África gitana.



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