Eduardo Jordá
Jordá es uno de esos hombres cuya patria es el mar y a los que la gente suele llamar viajeros. Entre sus publicaciones se encuentran artículos, libros de viajes, novelas, crítica, relatos… Así, su obra es un pequeño universo en el que aparecen Hank Williams o Van Morrison, junto a Tánger, una novelesca Málaga, o la Plaza de los lotos. El escritor mallorquín vivió en Burundi, en una isla de la costa de Malasia, en Irlanda, hasta que, en 1989, se instaló en Sevilla. Así que no es de extrañar que la primera parte del libro, titulada El Infierno Feliz, esté dedicada a Manila, la ciudad filipina a la que el autor viajó hace tres años, al ser invitado por el Instituto Cervantes. Pero uno de los instantes más reveladores está en la segunda parte del poemario, también titulada Instante. El autor hace referencia al epitafio de una lápida de un niño romano muerto, que invita al que lo lee a jugar y a vivir. Y es que Eduardo me confiesa que le gusta ir al Museo Arqueológico de Sevilla, o a cualquier otro, para observar los restos de la civilización romana y leer las lápidas y su “dolorosa invocación a la vida”. Ese es el mensaje central de Instante: a pesar de todo el dolor, el mundo merece la pena”. P: En el libro recoges la idea clásica del amor como origen del universo. R: Tú no sabes bien de dónde te vienen las ideas, puede ser que lo hayas leído hace veinte años y luego rebrota… yo no sé si me viene porque la he leído o porque la he pensado pero, en fin, el amor como origen del mundo, ya sea una idea helenista o sea de San Pablo, es algo que me parece admirable. P: En el último verso del primer poema del libro repites una y otra vez “hay luz”. ¿Lo dices convencido de ello? R: Yo concibo la poesía como una forma de oración, por lo que, entonces, más que un convencimiento, es una súplica. Lo dices porque deseas que haya luz. P: Me llamó la atención que para escribir sobre tu viaje a Manila escogieras la poesía. ¿Fue desde un principio así, o te planteaste hacerlo en prosa? R: Los balbuceos iniciales, las voces que oyes en tu mente, ya me venían con un ritmo poético, incluso con un cierto patrón métrico, así que yo los veía desde el principio como poemas. Ahora, que el resultado este a la altura de un poema ya no depende de mí el decirlo. José Mateos, que es un poeta al que no solo admiro sino que respeto muchísimo, me dijo que parecían prosas, porque tenían el tono de la prosa, que eran más viñetas o descripciones que poemas. Pero a mí me vinieron desde el primer momento con la forma de poemas. P: ¿Por qué ese tono cercano y nada retórico, poco común en muchos poemarios? R: Me gusta que la poesía tenga un tono conversacional, que sea reflexiva y sencilla en el mejor sentido de la palabra. Es decir, que sea como una conversación a media voz entre dos personas que se conocen. Tampoco tienen una intimidad excesiva, porque no me gusta que la poesía sea excesivamente impúdica, quejumbrosa. Prefiero que sea una confesión a media voz entre dos personas que se conocen y entre las cuales hay una cierta distancia; esa distancia me gusta en la poesía, la distancia entre poeta y lector. P: Al ver la vida en Manila, dices en un verso: “no te creas mejor que ellos”. P: En la segunda parte del libro, que también se titula Instante, hablas de amor que vence a la muerte, de la mujer y el hombre. R: El amor supera a la muerte, no es una convicción que pueda refrendar científicamente por supuesto, pero como la poesía aborda el terreno del deseo, la oración, la súplica, yo quiero creer que es así. El amor es lo único que le puede dar una cierta inmortalidad al hombre. P: El tema del amor te lleva a citar a Robert Graves, y es la primera vez que incluyes una cita en tu poesía ¿no? R: Graves es un poeta que admiro muchísimo y al que tuve la suerte de ver, no de conocer, por las calles de Palma cuando yo era niño. Porque él vivía en Mallorca, tenía una casa en Palma. Yo lo recuerdo con un sombrero cordobés, un chaleco negro, una bolsa de esparto, y esa cabellera druídica llena de rizos, caminando por la calle totalmente absorto, como si no estuviera allí, porque, por supuesto, su mente estaba en otro sitio. Eso, para mí, fue una de las mayores bendiciones de mi infancia: ver a Robert Graves a menudo, paseando por las calles o sentado en la terraza del bar Formentor. Ese poema (Hierba seca a la luz de la luna) es muy “gravesiano” y sí, es verdad, es una reflexión sobre los hombres y las mujeres. P: El poema Paseo nocturno por la Ku’damm es la dramatización de un encuentro real entre Joseph Roth y Jünger, en el que el primero le cuenta lo que sucederá cuando Hitler tome el poder. ¿De dónde sacaste la anécdota? R: Lo del encuentro lo leí en una revista. Que Roth hiciera un retrato fiel de lo que iba a pasar me pareció algo escalofriante. P: Otro encuentro más cálido fue con el fotógrafo Ira Cohen. R: Estuvimos una tarde y una noche charlando en Sevilla y sentí un afecto instantáneo por él; y cuando me habló de su familia, de sus padres, que eran sordomudos, de su vida de artista beatnik, en la que había viajado de un lado a otro, a Nepal, Etiopía, Tánger… me resultó un personaje tan afectuoso, tan frágil, que le dediqué este poema en el que brindamos por la noche que se acerca, que también era un brindis a la vida. “Los álamos, allí, cerca del puente.
Míralos bien. Y haz tuyo su temblor hecho de hojas que cantan y sonríen. Porque el viento muy pronto va a cambiar. Ya no habrá más temblor en estas hojas, ni luz carnal, ni pájaros, ni ritmos. Llegarán los aullidos de los lobos resonando en la nieve. Llegará el humo de las casas incendiadas, y el rechinar de dientes de unos viejos que tiemblan en un sótano. Llegarán las alarmas, las sirenas, los estampidos sordos en la aurora. Y las fieras banderas de unos bárbaros - y ahora será cierto - avanzarán cubriendo el horizonte”. Los álamos. Instante, de Eduardo Jordá |
Bibliografía
Estos títulos relacionados con Eduardo Jordá pueden interesarte.
- Eduardo Jordá. Instante, Ed. Vandalia, Fundación José Manuel Lara, 2008.
- Eduardo Jordá. Pregúntale a la noche, Fundación José Manuel Lara, 2007.
Enlaces de interés
Este artículo fue subido por Cecilia el 22 de Febrero de 2008 a las 16:15.
Tags: Literatura, Poesía, Sevilla


