Reseña: El río que no cesa
“Hay una muchacha, Pilar Paz Pasamar, que ha escrito un poema excelente, magnífico, sobre Dios. Entre los jóvenes poetas encuentro de vez en cuando cosas excelentes. Ese poema es una joya. Esa niña es genial”. El maestro Juan Ramón Jiménez escribió esas líneas desde Costa Rica, tras leer el poema Mara de Pilar Paz Pasamar. Una jovencita gaditana había conseguido expresar lo que él tantas veces había intentado transmitir en su obra, lo que a lo largo de su vida tantas veces había sentido. “Estoy empobrecida de lágrimas y gestos / no tengo más calor que el de esta pena sorda, / y eres muy grande Tú para este frío, / y es muy pequeño el beso de mi boca”, decía la poeta en aquellos versos. El río que no cesa, un título en claro homenaje a Miguel Hernández, es la antología de los más de 50 años de poesía de la autora. Aunque su nombre se ha obviado en numerosas ocasiones, Pilar pertenece a la denominada Generación del 50, con la que comparte el intimismo de sus versos, la conciencia social –son ‘los niños de la guerra’- y la poesía de la experiencia. Serpenteando entre claroscuros, la poeta crea atmósferas tenues para reflexionar sobre la religión y la metafísica en su vertiente mística, mientras que se aviva y colorea cuando habla de lo cotidiano y de su jerez natal. Desentraña su tierra describiéndola en verso, deshaciéndola en pequeñas partes que percibe físicamente a través de los sentidos: “El azafrán -escandaloso / rubor ardiente de las aguas-, / acuarela que en los guisados / se empalidece y desbarata, / hilado ahora se suspende / como una vena solitaria / junto al fragante corazón / del laurel y de la albahaca”. La cultura griega y la andalusí confluyen en este poemario, de cuya suma emerge la base desde la que la poeta llega a un nivel de conciencia espiritual: “Ahora te sé, pues te recuerdo. / -Saber es recordar según el griego-”. Se pone de puntillas y otea el horizonte buscando la divinidad y la sabiduría. Pero no se separan sus pies de la tierra. No zozobra en vagas divagaciones ni en excesivo simbolismo. Con naturalidad y compromiso, arroja luz donde sólo hay confusión. Nombrada ‘Hija adoptiva de Cádiz’ en 2004, EH Editores saca a Pilar Paz Pasamar a la palestra con la edición de esta antología que recupera una voz necesaria y lamentablemente pasada por alto durante mucho tiempo. Pero “este rayo ni cesa ni se agota”, como decía Miguel Hernández, “de mí mismo tomó su procedencia / y ejercita en mí mismo sus furores”. Así es el río poético de la autora. |
Bibliografía
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- PAZ PASAMAR, Pilar. Historias bélicas. Algaida Editores, Sevilla. 2004.
- PAZ PASAMAR, Pilar. Iluminación de los sentidos: Antología poética. Visor Libros, Madrid, 2001.
- PAZ PASAMAR, Pilar. La alacena: Antología poética. Ed. Arenal, Jeréz de la Frontera, 1986.
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Este artículo fue subido por Lakshmi el 25 de Enero de 2008 a las 18:39.
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