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Gastmans

No suena a Serge Gainsbourg, ni a Jacques Brel, ni a Charles Aznavour a pesar de que Álvaro Gastmans haya bebido de ellos y de que su primer disco, Nouvelles du grand possible, sea un disco de chanson francesa. Gastmans suena a Gastmans, a rock, a pop, a jazz, a psicodelia, a una nueva ola francófona que sabe tomar y reciclar lo mejor de los clásicos. Ha corrido el riesgo y ha salido victorioso. Es lo que tiene no vender gato por liebre.


Por:  Lakshmi I. Aguirre
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Músico
Nació: en 1973
Ubicación: Málaga
Destaca por: arriesgarse musicalmente
¿Sabías que? es miembro de Santos de Goma

Mitad belga, mitad andaluz, Álvaro Gastmans tiene la capacidad de sorprenderte en las distancias cortas. De lejos se asemeja a un miembro de esas troupes de modernos que cada vez son más prolíficas en las capitales españolas y que a veces olvidan la ‘esencia’ tras las Converse -que la que suscribe también calza con orgullo-. De cerca, e intentado obviar su voz sugerente y ese deje francés en los “eh” más dubitativos, el nuevo componente de la “revolución de la chanson francesa” aleja toda duda respecto a su integridad profesional. Sabe lo que hace, sabe lo que le gusta y ha logrado encontrar el camino para conseguirlo.

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Cuenta que las experiencias musicales en los ‘garitos tubo’, como él los denomina, son muy excitantes pero que tenía ganas de volver a sus orígenes y experimentar en solitario con la música que siempre se ha escuchado en su casa paterna de Nerja. ¿Un suicidio profesional? Podría haberlo sido, pero por ahora no ha cosechado más que buenas críticas. Y todo esto aun echando piedras sobre su propio tejado en la serie de dibujos Rock & Roll Scum sobre el sector musical, en la que la ironía está servida. Porque Álvaro Gastamans no sólo escribe, compone, toca el piano, la guitarra, el bajo y acompaña a otras bandas como Santos de Goma, sino que también dibuja con un grandísimo sentido del humor.

P. ¿Cómo se retoma la chanson francesa en la actualidad?

R. Cuando empecé me lo propuse como un ejercicio de estilo: retomar bases de la chanson francesa, hacerlo en plan purista. Personalmente, creo que el idioma ya no es tan importante a la hora de cantar, o al menos no debe serlo. Para mí además era un reto escribir en un idioma que considero que es el mío. Quería que fuera una propuesta más personal, pero al hacerlo me di cuenta de que yo no sólo escucho música francesa, de hecho hay muchas cosas que me parecen un coñazo absoluto.

P. Psicodélia, electrónica, arreglos orquestales, pop, jazz… En tu caso la canción francesa está encontrado buenas compañías.

R. Pasó de ser un experimento para hacerlo purista a una propuesta en solitario. Me gusta el rock, me gusta el pop, la psicodelia, el jazz. Vengo de eso. Poco a poco todo ha ido uniéndose.

P. Fracoiz Breut, Nouvelle Vague, Dominique A, Benjamin Biolay… Poco a poco se están abriendo las puertas a lo francés en España. Para ti, cantar en francés aquí ¿ha sido una ventaja o un inconveniente?

R. Depende de cuáles sean tus pretensiones. Yo lo tengo claro: es un suicidio a nivel comercial si quieres vivir de ello. Para algunos puede ser una ventaja si el público tiene curiosidad y otros no le ven sentido. La gente ya está pendiente de otras cosas gracias a internet, sin importar mucho de dónde venga. Hay más acceso a la música, se está empezando a descubrir el pastel de que no todo viene de lo anglosajón. Creo que muchos músicos francófonos han cogido bien el pulso, lo que se llama la ‘revolución de la chanson francesa’: coger ciertos parámetros, sobre todo a nivel melódico, a veces algunos clichés, e incorporar otras cosas. A alguien a quien le guste la chanson francesa clásica posiblemente no le gustará lo que yo hago.

P. Nouvelles du grand possible ha sido tu primer disco en solitario.

R. He estado en otras bandas. Los más conocidos ha sido los Hairy Nipples, una banda de garaje bastante bruto. Tras ellos supe con qué músicos podía contar para ir en solitario, con qué productor. Siempre he tocado música de los 60, rock & roll primario, la chanson siempre había sido algo privado porque no había nadie con quien tocar. Si yo decía “vamos a tocar una canción de Jacques Brel” me decían: “¿Y ése quién es?”. Ahora ya llega de todo y ya no es tan difícil decir que te gusta Jacques Brel. Yo me lo puse como una prueba. La democracia no siempre funciona en un grupo, de hecho muchas veces ha hecho que se acabe el camino que uno quiere seguir.

P. El disco lo componen 12 temas. ¿Ha sido una selección natural como la de Darwin? ¿Qué se ha quedado atrás?

R. Se me ha ido hacia lo más rockero porque me sale así. Más guitarra, programaciones… mezclar un poquito de todo sin que sature es interesante. Se ha modernizado. Hay que tener en cuenta que casi todo lo que se publica tiene una ‘descompensación horaria’: esas canciones fueron compuestas cerca de dos años antes de que se grabara el disco. Ya estoy preparando el segundo disco y sí veo que hay diferencias, porque he pasado de hacerlo más casero, de tocarlo todo para intentar ahorrar infraestructura, a tener una banda estable que me apoya y que está formada por muy buenos músicos que también me aportan cosas. Esa evolución va con el propio recorrido de la propuesta al estar en activo. No es que saco un disco, me tiro dos años sin hacer nada y saco otro. Me nutro de la gente con la que toco. Yo dejo los parámetros claros, siguen siendo mis composiciones e intento tocar todo lo que puedo. Los directos te empujan a hacer canciones que sean más enérgicas sobre el escenario.

P. En una entrevista mencionaste que es un disco de ‘melancolía de postura’. ¿Qué tiene la melancolía para vender más que la felicidad absoluta?

R. Responde a mis influencias, que casi siempre tienden a la melancolía. La gente está más receptiva a ella porque dice algo más turbador que cantar “el sol brillante de la mañana”, que a veces bien tocado también puede ser muy divertido. Creo que la melancolía hace que la gente preste más atención. Es de postura porque no utilizo las canciones para exorcizarme. Son ejercicios de estilo. Supongo que cualquier persona que pinta o escribe en algún momento dice “Voy a probar esto”, lo que no quiere decir que te represente.

P. Perdona mi francés. ¿Qué cuentan las letras?

R. Siempre he sido más partidario de la musicalidad de los textos que del propio texto. Yo leo, soy sensible a la poesía, pero la musicalidad puede dar resultados divertidos aunque no quieran decir nada. Eso sí, los textos tienen que tener una coherencia: encuentro un camino, frases que determinan la historia. Me gusta mucho tratar el aspecto triste del amor que roza la tragicomedia. Si lo cuentas tú es triste, pero si lo ves desde fuera te tienes que reír. Posiblemente las canciones más grandes se las han cantado a las tonterías más grandes del mundo. También es jugar con clichés. Las canciones de la chanson francesa son canciones de amor desesperadas, pero puede ser un amor desesperado por el alcohol, por ejemplo. Igual algún día le canto a la zoofilia… ¡Yo qué sé!

P. No, por favor.

R. Lo bueno de cantar en francés es que no mucha gente se entera (ríe). En serio, en mi caso siempre aparece la melodía antes.

P. ¿Dónde se siente Álvaro Gastamans más cómodo? ¿En la composición, en la escritura, con un bajo en la mano o sobre el escenario?

R. Tocar cuando no es tu proyecto es mucho más placentero. Sigo tocando con otra gente y el papel secundario es más cómodo en ese aspecto, pero lo que sientes es diferente. Los nervios que tengo no son los mismos. Si es mi proyecto estoy mucho más receptivo a lo que me digan. Lo que no voy a dejar es de escribir canciones.

P. También eres dibujante y en tus viñetas arremetes contra el sector de la música. ¿La ironía es un arma de doble filo cuando formas parte del mundo al que la diriges?

R. Yo creo que a la gente esos dibujos les hace gracia porque saben que es un músico quien los dibuja. Los músicos captan más esas ironías porque las hemos vivido todos. Soy consciente de mis limitaciones y de las gilipolleces que digo y soy consciente de las gilipolleces que dicen otros. No creo que los músicos seamos ni mucho mejores ni mucho peores que otros artistas, pero tenemos ciertas cosas a las que hay que darles un poquito de caña porque si no seríamos insoportables. Sí, me ayuda a descargarme. Me invitan a fiestas en las que hay de todo y en las que siempre acabo yo solo en la barra. Desde allí es interesante ver cómo se relacionan los pintores, los escritores, los músicos… Se saludan de manera diferente, se dirigen los unos a los otros de manera diferente, hablan de manera diferente. Lo único universal es la pedantería y que nunca se dan por aludidos…

P. Qué te permite la ilustración que no te permite la música?

R. Analizar otras cosas que no las quiero meter en la música. No me veo como activista político en mis canciones, no quiero ser como Rage Against the Machine en francés. Pero sí tengo mis ideas y hay gente que no soporto y razonamientos que no me gustan. El dibujo sí me permite eso, me deja más libertad: desde el momento en el que utilizas la caricatura le puedes meter a todo. La narración también me interesa. Una canción dura dos minutos y un libro lo puedes releer 500 veces. Una canción me gusta porque me gusta. Un libro lo analizas más profundamente. Mientras la música es para mí una válvula social, el dibujo es algo privado.

P. ¿Una válvula social?

R. Tocar en un grupo es algo social. Los que empezamos a tocar en un grupo tenemos bastantes deficiencias sociales. También están los exhibicionistas, pero a nivel underground casi siempre son personas que se encierran en ellas mismas, trabajan el socializarse a través de la música. Pero mis deficiencias sociales hacen que por un lado odie a los músicos y que por otro lado sea la gente con la que me gusta estar. Mis amigos son músicos, la gente que me interesa es la que tiene cierta sensibilidad a la música… Pero por otro lado son intolerantes, pequeños burgueses creídos, egocéntricos.

P. Estarás en el Terral 2010. ¿Cómo te lo has tomado?

R. Lo mío creo que sigue siendo una propuesta underground, pero me siento muy honrado de que la estén viendo como alguna de las más interesantes que hay en Málaga. Eso lo agradezco. A nadie le amarga un dulce. No considero que mi música sea representativa de Málaga. Otros dicen que sí, que refleja un poco lo cosmopolita de la ciudad. Eso depende de quién lo escuche. Yo no me lo planteo mucho. El Terral va a significar decir que se está haciendo esto.

¿Qué otros proyectos tienes a la vista?

R. Seguimos con la presentación del disco en España y vamos a empezar con Francia. Igual que tenía la curiosidad de cómo iba a reaccionar la gente aquí, también quiero saber cómo reaccionarán los franceses al disco.

Vídeo




Discografía


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