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La Música Contada

Daba lástima sentirlo rígido en esa atmósfera donde la música aflojaba las resistencias y tejía como una respiración común, la paz de un solo enorme corazón latiendo para todos, asumiéndolos a todos. Y ahora una voz rota, abriéndose paso desde un disco gastado, proponiendo sin saberlo la vieja invitación renacentista, la vieja tristeza anacrónica, un carpe diem Chicago 1929. (Julio Cortázar).


Por:  Lakshmi I. Aguirre
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Nació: en 2000
Ubicación: Córdoba, Granada, Málaga, Sevilla
Destaca por: por democratizar la cultura y abogar por que la música popular forme parte de ella
¿Sabías que? el público puede participar en las sesiones de modo activo y que se proyecta aumentar el número de ciudades en las que se celebra

Nadie ha contado la música mejor que Julio Cortázar. Nadie se ha acercado siquiera a definir como él lo hizo el instante de accionar la aguja sobre los surcos, la percepción narcótica de un disco silbando al aire, la trascendencia de una canción en una habitación, en una calle de una ciudad de una patria. El jazz bajo su pluma se convertía en algo descifrable: una alcoba en París llena del humo de Gauloises, de Oscar Peterson, Ellington y Bessie Smith, de “I want to be somebody’s baby doll so I can get my lovin’ all the time”.

La memoria se convierte en un instrumento para explicar la música, para adentrase en su historia y por lo tanto, en la nuestra. Somos compositores, somos espectadores y somos narradores de nuestras propias canciones que se convierten en las de otros. Contar la música: acumular recuerdos y exorcizarlos en una reunión alrededor del fuego sonoro -ese enorme corazón latiendo para todos de Cortázar-. A esto, algo tan natural, ancestral, se dedican los ciclos de La Música Contada.

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Héctor Márquez dio con la fórmula tras entender que “la música permite unir a las personas independientemente de su condición cultural, de su nacionalidad, porque no hace falta saber nada para verse emocionado por ella”. La emoción nos hace iguales y nos permite conversar: “algo natural en el ser humano que hemos ido pervirtiendo con el tiempo”, dice el director. Como el antiguo ritual al calor de la hoguera era consumado entre amigos, o al menos compañeros de aventura, decidió que el público se zafara de su papel estático como observador y fuera un actor más en la historia: “El público no es una masa que está ahí exclusivamente para mirar, callar, aplaudir y levantarse. Se trata de un modelo horizontal de la cultura, no de élite”, explica Márquez. Así, los espectadores recobran su rol originario y participan activamente en el ciclo realizando preguntas a los invitados, “perdiendo el temor a preguntar por parecer ignorantes, lo que les excluye completamente de la posibilidad de disfrute en otras actividades culturales”.

Ángel González, Luis Pastor, Manuel Alcántara, Aute, Martirio, Iñaki Gabilondo, Loquillo, Kiko Veneno, Los Planetas, Guillermo Fesser, Fernando Trueba… se han desnudado sobre el escenario, se han atrevido a perder algo de ese barniz de fama inaccesible para explicar qué canciones han marcado su vida. Nada simple: a cada canción hay un recuerdo, y con él, un vendaval afectivo que no todos son capaces de mantener a raya: “algunos han llorado en directo y se han quedado con la voz muda”, comenta Márquez, “es toda una catarsis”. Y mientras unos hablan y otros escuchan y viceversa, todos asisten a una clase de la historia de la música. Público e invitados son profesores doctorados en melodías publicitarias, en cabeceras de series de televisión, en bandas sonoras de películas y en rock, en pop, en boleros y rasgadas canciones de jazz.

Una década de citas en la calle Melancolía de Sabina -hay una a cada esquina- en la que los recuerdos siempre nos alcanzan a traición. Cortázar nunca acudirá a una de ellas, pero en las próximas quizá alguien sí mencione Jazzuela como uno de los discos que han marcado su vida. Porque lleva diez años que prometen otros diez de arrancar las telarañas de la memoria y de los vinilos apilados en estanterías, con los rostros de los Rolling, de Bowie, Cohen, Dylan y de aquellos melenudos Fleetwood Mac besándose portada con portada. Se puede contar la vida en canciones y se puede contar una canción en vidas. Todo es historia.

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