Reseña: Lazos de Humo
Estoy en estos días inmersa en la última década del siglo XIX, cuando Germán Díaz, el protagonista de Lazos de humo -primera novela de la periodista y escritora María Iglesias (Sevilla, 1976)- niño emigrante desde las brumas de la lejana Asturias a la luminosa Andalucía, carbonero y estudiante de bachillerato en Cádiz, acaba de finalizar sus estudios de derecho en la Universidad de Sevilla. Ya es abogado; concluye así un largo y duro proceso de superación personal al que llegó llevado por la curiosidad que le suscitaron los cuentos y leyendas que su madre leía para él en su primera niñez. Curiosidad que continúa saciando (y que ya no interrumpe) con el libro La vuelta al mundo en ochenta días, de Julio Verne, préstamo y luego regalo del periodista Eliseo Aramburu, viajero como él de la diligencia que le llevó del norte al sur de la Península, durante un viaje geográfico, trasunto del viaje personal, intelectual y emocional que inició de niño y que le ha hecho perseguir un sueño que acaba de hacerse realidad. En 1895 Germán ya es un adulto, un hombre con estudios que se dispone a luchar por integrarse en una sociedad en la que, a pesar de sus sobrados méritos, no se siente del todo aceptado. En esa lucha presiento que va a dejar en el camino mucho más que horas robadas al sueño y a las diversiones propias de la infancia y la juventud. Hasta donde he leído, en esa travesía por la vida de Germán la autora ha recreado paralelamente la apasionante historia de la segunda mitad del siglo XIX: el desarrollo de la industria y de la técnica, de las comunicaciones, del periodismo, de la investigación científica; la literatura, el arte, los movimientos sociales; todo aquello que agitó e hizo crujir las bases de una sociedad organizada en una férrea división en clases que cohabitaban pero no se mezclaban. Acompañan a Germán, hasta ahora, en el transcurrir de su vida un grupo de personajes, algunos de los cuales podrían desarrollar por sí solos otras tantas novelas; sobre todo dos mujeres, Elvira, y Aurelia. Ellas no se conforman con lo que “lo establecido” les tiene reservado, y rompen barreras con inteligencia y coraje, a pesar de lo doloroso que resulta para sus afectos. Creo que Germán debe aprender de ellas, aunque aún no sé si lo hará; su propia peripecia vital parece consumir toda su energía. Ya veremos. Lo que me dispongo a leer a partir de ahora es cómo el protagonista se enfrentará a las enormes dificultades con las que, sin lugar a dudas, va a encontrarse. Germán se está yendo del lugar que le tenía reservado el orden establecido, y ese cambio va a ser aceptado a regañadientes, sino abiertamente rechazado. Lazos de humo me ha atrapado de tal manera que estoy viviendo esos momentos placenteros que a veces tiene la lectura, cuando sólo piensas en llegar a casa, coger el libro y leer hasta la madrugada, y al mismo tiempo no quieres llegar al final; sabes que después vendrá un gran vacío que tardarás mucho en volver a llenar, así que lees, pero también relees, para que el placer se alargue más en el tiempo y sientas menos la soledad; para que te ayude a vivir en un mundo que no comprendes y que, al parecer, no ha cambiado mucho desde hace más de cien años. |
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Bibliografía
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2 comentarios
Qué bonito comentario, salgo corriendo a comprar el libro, yo también quiero disfrutarlo !
sugerente, tanto el parrafo elegido como el comentario…, pa pedirlo… o pa mojar sopas, estoy dudando, a mi tambien me sabe a poco