Reseña: Festival Cruzcampus 2011
Un festival breve pero intenso. Más de 5.000 personas han disfrutado en la capital hispalense de la primera edición del espectáculo musical organizado por la empresa cervecera Cruzcampo. Desde las 20 horas, el Auditorio Rocío Jurado quedó invadido por el trasiego de espíritus vitalistas que tatareaban una y otra vez las letras de las canciones que más tarde interpretarían algunos de los grupos más aclamados del panorama nacional. La expectación planeaba sobre las inmediaciones del recinto, mientras que los asistentes calentaban la voz para vitorear a esos pocos artistas que aún nos hacen vibrar. Y es que, dicen que la música amansa a las fieras. Sin embargo, también consigue despertar los sentimientos a flor de piel. El festival abrazado al incipiente éxito de la música electrónica y el pop indie, deleitó a sus fervientes seguidores con un mano a mano entre los vocalistas y el desafiante directo. La entrada del frío pasó desapercibida por el ambiente caldeado que se cocía entre los invitados. El inicio del espectáculo se antojaba como un ascenso meteórico hacia un mundo marcado por el compás. Las cuerdas de las guitarras afinadas, las bases electrónicas preparadas para provocar un sonido ensordecedor, las teclas del piano suplicando ser pulsadas, y unas voces dispuestas a cantar a la realidad, fueron los únicos instrumentos musicales necesarios para embriagar de emoción la multitud de sensaciones experimentadas por los fans. El grupo Eladio y los Seres Queridos rompió el hielo con una tónica inspirada en pespuntes de folk occidental. Las melodías de sus canciones atestiguaron que su entidad musical no se centra en focalizar un sonido con el que comercializar. El conjunto gallego probó a desplegar su artillería no convencional, y a juzgar por la flamante receptividad, consiguió calar. La sevillana Pen Cap Chew, el Dj Homeboy, y el referente británico en música electrónica, Nathan Fake, también contribuyeron al enriquecimiento de la oferta musical del festival. En plena convulsión de adrenalina, el momento más esperado de la noche no se hizo de rogar. El grupo que lidera las listas que comprenden el panorama de la discografía nacional, tendió su singularidad sobre el calor del escenario sevillano. Como no podía ser de otra manera, hago referencia al conjunto revelación que responde al nombre de Vetusta Morla. Sus componentes son los responsables directos de que el género indie pop se cuele en cada rincón de nuestra habitación. Los artistas madrileños prometieron salpicar de sentimentalismo el corazón de los que confían en la distinción de su prosa como su sello de identidad. La composición de sus letras evocó un viaje por la autopista de la crítica social, el desconcierto, el poder de la libertad individual, y un titubeante espacio para cantarle al deseo como la víctima opresora del amor. La disyuntiva sobre cómo darle sentido a nuestra existencia es otro de los temas que balbucean dentro de la empoderada inspiración que posee su compositor. A medida que se iba desarrollando el concierto, algunos de los asistentes imploraban para que sonara aquella canción que les extrapolaba a sus intrínsecas vivencias. Mientras tanto, otros preferían dar un margen a la improvisación, y sorprenderse ante la elección de las canciones. Asimismo, Vetusta Morla meció la cuna donde nació su primer disco, y se encargó de regalar a nuestros oídos gran parte de la discografía recogida en el segundo. Por otro lado, los artistas supieron realizar un brindis encubierto para homenajear el inicio de su andadura profesional. Iglú es una de esas letras poco familiarizadas con el público, mientras que para el grupo supone una vieja conocida dentro de sus primeros pinitos con una embrionaria maqueta. El concierto consiguió abordar una esquina de nuestra sensibilidad, independientemente de que cada uno de nosotros lo asociara a una historia personal. La connotación subjetiva ante el significado de su trabajo es una de esas cualidades que hacen de Vetusta Morla un equipo especial. No existen traducciones de sus letras, ni guiones que nos adoctrinen a sentir o pensar. Sólo existen palabras entrelazadas que nos arrastran hasta que nos dejamos llevar por la corriente de los sueños, donde ni siquiera nosotros somos los dueños. Entre aplausos y merecida satisfacción, el grupo musical supo apreciar la correspondiente ovación. “En los tiempos que corren, es un placer poder dedicaros nuestra música”. Sin lugar a dudas: “Maldita dulzura la vuestra…”. |
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