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Reseña: Concierto AC/DC

Un concierto de rock and roll. Mejor dicho, un gran concierto de rock and roll. O mejor aún, ¡el mejor concierto de rock and roll del año! Ver patalear a Angus Young por la banda del Estadio Olímpico de Sevilla tiene su precio. Son leyenda, ¿quién lo niega?


Por:  Inmaculada Rodríguez
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Artista: AC/DC
Fecha: 26/06/10
Ubicación: Estadio Olímpico de la Cartuja (Sevilla)

Los 60.000 metaleros concentrados el pasado sábado 26 de junio esperaban un gran concierto de rock and roll, y no una mezcla de fallas valencianas y eco insoportable de una macro fiesta. Desde muy temprano se paseaba gente venida de todos los rincones. Ganas de rock and roll que mezclado con ese calor pre-veraniego tan sevillano y una cabalgata del orgullo gay por el centro (todo es posible en el Guadalquivir) lograron una tarde curiosa, variopinta y divertida.

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Al llegar al estadio, colas y más colas, evidentemente los chalecos reflectantes y los guardias de seguridad están allí para no saber ni dónde están las taquillas, ni quienes son los AC/DC ni orientar a los despistados. Eso lo hacen de lujo. El público que llegaba tarde se perdió entre el maremagnum de vallas, túneles, accesos, “por ahí no”, “prohibido pasar” “da la vuelta”, y sobre todo un “no sé” continuo. Aún así, la entrada al recinto, esas guitarras en las tripas, y el inconfundible sello AC/DC salvaba cualquier imprevisto en la puerta.

Sorpresa entre el gentío, donde nadie quería quedarse sin los cuernos luminosos marca AC/DC, que dejaban una entrañable y a la par ridícula escena de rockeros cuarentones de negro impoluto y con dos cuernecillos de feria en la cabeza a la moda de la noche, llámese “merchandising” de diadema luminosa. La banda no paraba, Brian Jonhson, con poquita voz esa noche, intentaba luchar contra los miles de ecos y reverberaciones dispersas en el estadio. Ni en el solo de Angus John los espectadores de pista dejaron de escuchar ruidos, sonido celestial para muchos, inconvenientes para otros.

¿La puesta en escena? Magia, fuego, papelillos, hinchables, pasarela, luces, cámara, acción…todo lo que se puede esperar de uno de los mejores directos del mundo. Sus fieles se rindieron ante tal derroche de imaginación, pero yo seguía buscando la esencia del rock and roll y seguía sin encontrarlo…

Sonaron todos los clásicos, Hell´s Bells, Back in black, You shook me all night long y por supuesto, el Higway to hell, en los bises que la gente le reclamaba sin piedad. Querían más, queríamos más, y lo tuvimos, pero todo dentro de unos parámetros que ya suponíamos. Estábamos agotados de tanto cliché, y eso que fue uno de los mejores shows a los que asistí nunca. (¡Para que después venga un crítico de tres al cuarto a estropearme la magia de los AC/DC en aquella noche con tanta magia…¡)

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