Reseña: Concierto de Madeleine Peyroux en el Teatro CervantesCautivadora de principio a fin. Una parada de su gira mundial en el Festival Terral nos trajo a Madeleine Peyroux a Málaga. Su actitud no ha variado desde las calles de Nueva York o el metro de París, al escenario del Cervantes. Autor: Cecilia Bogaard
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Su “inconsciencia sobre la moda”, según definió Stephen Holden en The New York Times, es parte de un carisma que ha pulido su timidez. Nunca se sintió cómoda en los grandes teatros, pero Peyroux es una artista generosa que comparte con elegancia el escenario y la atención de su brillante banda, que la rodeaba esta noche en semicírculo. Sencillamente ama su música y lo notabas cuando sobre el escenario se movía sin querer, aunque un poco torpe al ritmo sedoso de las escobillas de Darren Beckett en la batería. O con los sonidos de Barack Mori al contrabajo en Everybody´s Talkin´. Cada músico demostró su propia personalidad en grandes solos: Julian Coryell a la guitarra estaba prácticamente horizontal, tan relajado que pensé que en cualquier momento se iba derretir y deslizarse de la silla. Peyroux se comunicaba continuamente con todos, haciendo la señal de “perfecto” a Jim Beard mientras se movía con destreza entre el piano, el órgano Hammond y el piano eléctrico. Es un placer excepcional comprobar cómo un músico está más volcado en su música que en su ego. “He estado componiendo canciones recientemente. No mucho. Pero lo suficiente para saber que es difícil”, reflexionaba al introducir uno de sus nuevos temas. Una mezcla impecable de composiciones nuevas, temas estrella e interpretaciones de clásicos… el concierto estuvo lejos de una repetición aburrida para vender más discos. Versiones de J´ai Deux Amour (Joséphine Baker), Smile (Alfred Newman), y Dance Me To The End Of Love (Leonard Cohen) han sido transformadas, reorganizadas, y hechas suyas. Peyroux cuenta sus historias con su toque personal. Sonidos precisos, limpios y sedosos, embrujado por memorias de Bessie Smith, Édith Piaf y Billie Holiday. Su voz vulnerable es sólo otro instrumento tocado hasta la perfección. Mientras se deslizaba por las notas más agudas su pierna derecha bailaba hacia arriba, empujándola felizmente hacia lo más alto y añadiendo un toque de alegría/desenfado a esas canciones nostálgicas. Pero debo hacerme la idea que donde quiera que estés La música paralizó a los mil espectadores en un ahh! (traducción: ¡pero qué bestia de bueno!). Peyroux intentó en vano provocar una reacción del público, feliz en su silencio. Contó un par de chistes en su muy cortito español, pero ellos sólo querían escucharla de cerca. Su tempo arrastrado, su manera de expresar las frases y cómo dividía las palabras, absorbía toda tu atención. Pareció sorprendida de la embelesada atención que suscitaba. Mientras que el público aplaudía Dance Me To The End Of Love, ella parecía avergonzada: “Eso es más de lo que podría pedir. Gracias”. Era como si quisiera romper la oscuridad que le separaba de su público, empequeñecer el Cervantes para hacerlo un sitio más íntimo. Un pequeño rincón del metro parisino, donde tocó tantos años, en el teatro malagueño. “Wonderful” susurró un señor desde el auditorio. Yo no lo podría haber expresado mejor. |
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Comentarios (1)
Seguro que Madeleine estaría super orgullosa y feliz, si pudiera leer este artículo sobre ella y su concierto, tan delicadamente descrito y tan bien documentado. Yo estuve allí tambien y no ha quedado nada por decir del concierto. ¡Magnífico!