Artista: Lizz Wright
Año: 2008
Género: neo soul
Destaca por: la portentosa voz de la artista, lamentablemente desaprovechada

Reseña: Concierto Lizz Wright

El XXIII Festival Internacional de Jazz de Málaga también deja espacio a propuestas más comerciales. La cantante georgiana llena el Teatro Cervantes en un concierto gris que no hace justicia a la calidad de su torrente de voz.

Autor: Lakshmi I. Aguirre

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Salieron uno a uno -Jeremi Mage (teclados) primero, Brandon Moss (guitarra) en segundo lugar, Nicholas D’Amato (bajo) y finalmente Christopher Eddleton (batería)- en un preludio que se iba complementando con cada instrumento y que aumentaba en intensidad para recibir en escena a la que sería la estrella de la noche: Lizz Wright. Lamentablemente, esa fue la intensidad máxima que se alcanzó en el Teatro Cervantes y la estrella resultó ser menos fulgurante de lo esperado, a pesar de lo dorado de su vestido.

A partir de entonces asistimos a un ir y venir de géneros: soul, blues, folk, r&b, gospel, rock, pop… Melodías que evocan a espejismos de Abbey Lincoln, matices de Tracy Chapman y guitarras del círculo Led Zeppelin o Deep Purple en los temas más oscuros. Demasiadas pinceladas para componer un buen cuadro. Le faltó garra, la que le pidió a la sala con un “I’m from the south. You’re from the south! Come on!”, y le sobraron dulzura y candidez. El soul, la base de The Orchard -su último trabajo- hay que llorarlo y más cuando se canta a las raíces. Ella sólo guardó las apariencias.

Wright se regodeó en las baladas, entre las que destacaron Coming home, I idolize you –versión del éxito de Ike y Tina Turner- y Stop, de su segundo disco Dreaming Wide Awake (2005), temas que se acercaron más al clasicismo que tiñeron sus primeros temas y de los que no debería haberse apartado.

Fue un concierto plano y monocromático. El maravilloso torrente de voz de la georgiana no ha encontrado aún un caudal por el que encauzar todo su potencial, un género en el que especializarse para marcar la distancia con tantos y tantos productos musicales del mismo perfil con que cuentan las discográficas.

Lizz Wright en el cartel del XXIII Festival Internacional de Jazz de Málaga parece ser una concesión al público menos aficionado al jazz, lo que no es desdeñoso per se. La sala se alzó repetidas veces y aplaudió a rabiar los solos de Mage a los teclados –parodia de Ray Charles incluida- y de Eddleton, que repitió movimiento de muñeca corte tras corte. Tras Rubalcaba y Penn en la jornada anterior, lo que pudimos ver sobre el escenario fue sólo un juego de niños.

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