Reseña: Concierto Michael Nyman
Sencillamente sensacional. Sensacional porque de sensaciones y emociones estuvo cargado el recital que Michael Nyman ofreció en el Teatro Cervantes para inaugurar una nueva edición del Terral. Con el recinto malagueño lleno y expectante, el compositor británico consiguió despertar en el público intensas dosis de compasión, tristeza, amor, placer, intimidad, entusiasmo, entrega, ilusión y esperanza, entre otras tantas. Sensacional, adjetivo que quien firma la introducción a esta crónica acertó en pronunciar nada más acabar el concierto, porque también es y fue sinónimo de genial, de excepcional.
Con una inmovilidad que contrastaba fuertemente con el dinamismo de sus temas, sus manos y las proyecciones audiovisuales, tras visionar Rhythms 99 comenzó Nyman con Berlin Lobbyists a acariciarnos con cada nota, las primeras de ellas acompañadas de ruido disfrazado de fallo de sonido, nos llevó a sentir la pesadez de la vejez en eclécticas calles de México con Slow Moves o a convertirnos en voyeurs de la historia del cine plasmada en Cannes con History of Cinema ‘67, tema que aprovechó para interpretar partes de la B.S.O de El Piano o Gattaca, sus trabajos más conocidos por el gran público. Le siguieron interpretaciones como Witness, A propos de… o Morra, y por fin dejaba algo de tiempo entre uno y otro para darle sus sobradamente merecidos aplausos, salió y entró del escenario dos o tres veces, como si quisiera que los asistentes a tan magnífica velada disfrutaran a solas de la música que se acababa de escuchar o de las imágenes que no dejaban de proyectarse. ¿Las manos? Utilizando ambas nos llenaba de sensaciones pero utilizando solo una de ellas conseguía que todo fluyera a su alrededor, a nuestro alrededor. Nunca el alzamiento de una mano había comunicado tanto. Un gesto sencillo, soberbio y despreocupado. A pesar de su parquedad en gestos y en la interacción con el público, Nyman comunicó a través de las teclas de su piano tanto o más que lo que las teclas que dan forma a estas palabras llegarán a comunicar jamás. Tras hora y cuarto de concierto, el público en pie y feliz con lo allí vivido. Como ocurre cada año, este festival estuvo acompañado por el fenómeno meteorológico que le da nombre, Terral, pero durante un par de horas algunos tuvimos la suerte de que Michael Nyman nos llevara hacia un lugar más refrescante, placentero y sencillamente sensacional. |
|||||||||||||||||||||||||||||


