Reseña: Somiatruites - Albert Pla, Pascal Comelade & La Petita Orquesta
La noche se hizo sobre el escenario. Una farola alumbraba la ventana de un dormitorio. El resto yacía en la oscuridad. “Sueño mucho mejor / cuanto más despierto estoy”, y los pensamientos que a uno lo dominan justo antes de dormir -esos miedos, esos planes, los deseos y los recuerdos, el echar de menos- comenzaron a hacerse realidad en el Teatro Cánovas de Málaga. Por allí anduvieron sirenas, muñecas que hablaban con delfines, un largarto amarillo, sombreros de papel, dos coristas siamesas (las hermanas Supelglue), un dj de papel maché de tamaño descomunal (Dj Crepúsculo), pompas de jabón, pies que danzaban sobre una cama y un globo sin amigos. Sí, así de surrealista -y cautivadora-, fue la noche made in Albert Pla. Con él, también artífices de sus ensoñaciones, el especialista en atmósferas oníricas Pascal Comelade (piano, organillo y xilófono), Jordi Busquets (guitarra), David Sáenz de Buruaga (contrabajo), Ivan Telefunkez (acordeón y otros cachivaches) y los hermanos Farrés (marionetas). La presentación de cada uno de ellos, incorporada en la letra de la primer tema de la noche, fue una de las más originales que he presenciado hasta ahora.
Hay un colegio perdido en un monte lejano,
donde sólo se llegan los niños, donde sólo se llegan los niños, así, con sueños mu’ raros. En la escuela de los soñadores, En la escuela de los soñadores, Como en toda noche de insomnio y desvelos, las pesadillas también se adivinaron vívidas sobre las tablas del Cánovas. La pérdida, la muerte, la desesperación, la culpa, -”Tengo una queja y un rencor”- acercaron al niño Pla al averno. Un poco de tango y de bulerías y un par de bombillitas sobre la cabeza le bastaron para encontrar el camino de vuelta. Si ninguna pretensión, las canciones de Pla, y todos y cada uno de los miembros de la La Petita Orquesta, emocionaron al público. Somiatruites es un espectáculo delicioso, divertido, y un montaje de excepción en el que todo está cuidado al detalle. Todos nos sentimos dentro de la habitación, compañeros de cama de ese soñador, de ese Somiatruites que llegó a Málaga para desperezarla. Y no sé cómo, todos acabamos siendo amigos de Teófilo Garrido. Teófilo Garrido ya nunca estará solo.
Era casi verano, hoy iba a cambiar todo. El sol está saliendo y Martina sonriendo sacó de su sombrero un conejo, un papelito y siete amigos ya perdidos. |
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