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Tarik y la Fábrica de Colores

La década de los ochenta dejó pocas cosas en el tintero. Los músicos españoles se entregaron al recién liberado público patrio en cuerpo y alma. De entre aquella generación exaltada surgió la figura de Álvaro Muñoz, voz y guitarra de esta banda cordobesa, que con cuatro discos en el mercado se acerca a charlar con nosotros sobre el pasado, el presente y el futuro de Tarik y la Fábrica de Colores.


Por:  Lakshmi I. Aguirre
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Banda cordobesa de pop
Nació: en 1990
Ubicación: Córdoba
Influencias: The Beach Boys, Serge Gainsbourg, The Beatles, Joy Division, Flaming Lips…
Destaca por: el dominio que su líder tiene tanto de la pluma como de la guitarra
¿Sabías que? Álvaro Muñoz fue miembro del famoso grupo cordobés Yacentes

A mediados de los ochenta Álvaro Muñoz decidió quitar volumen a su cabello y dejar Yacentes, una de las míticas bandas de la música cordobesa de aquella década. Pasó a llamarse Tarik, el sobrenombre con el que su abuelo firmaba críticas taurinas, e inauguró una fábrica de colores, de donde sacaría la materia prima embarcarse en su proyecto en solitario.

El negocio dio resultado. Entre bote y bote de pintura, con la inestimable compañía de Paco Lamato, Eric Jiménez (batería de Los Planetas y ex Lagartija Nick), Mar Merino y Miguel Martín, ha sacado al mercado cuatro discos que destilan pop por los cuatro costados. Poesía que viaja del plano intimo al social y un sonido caracterizado por el maridaje entre guitarras y órgano son el sello de este cordobés que ha vivido en primera persona la evolución del pop español.

P. ¿Tarik ha cambiado algo más que el peinado desde la época de Yacentes?

R. Si alguien no cambia nada en veinte años, es que es una estatua de piedra. He cambiado en muchos aspectos de mi vida, incluida mi concepción de la música. Hay quien piensa que no cambiar nada es sinónimo de integridad; yo creo que es sinónimo de gilipollez. Si yo no hubiera cambiado, no seguiría vivo ni musicalmente, ni físicamente.

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P. ¿Qué echas de menos de los ochenta?

R. Absolutamente nada. No solo tengo una memoria horrible, sino que además no soy nada nostálgico. Lo que se hacía entonces carece ahora de valor para mí, con la excepción de unos pocos grupos, de unas cuantas canciones y del partido de la selección española contra Malta. En España, había muchas ganas de hacer cosas, pero eso no es suficiente. La mayor parte del material de aquella época es una mierda, incluido el mío.

P. ¿Queda algo de aquella época en tu música actual?

R. Escribo siempre sobre tabula rasa, sin planteamientos de ningún tipo. Persigo, si acaso, la intuición a la hora de ser creativo, así que el contenido de mi música es producto de esa intuición, por encima, incluso, de la inteligencia. La memoria juega un papel tan accidental, tan involuntario como inevitable en todo esto.

P. Cantabais con Yacentes: “Un paso detrás de otro y aquí estoy”. ¿Dónde está Álvaro Muñoz?

R. Siento como si hubiera dado dos o tres vueltas al mundo y llegado al mismo punto del que partí. Me he dado cuenta de que sigo sin saber nada, gracias a Dios.

P. ¿Cómo defines el sonido de Tarik y la fábrica de colores?

R. Cuando alguien me comenta que tal o cual canción suena bastante ‘Tarik’, no sé exactamente qué quiere decir. Supongo que la melodía juega un papel importante, soy obsesivo con ella. Una buena canción pop tiene que tener una buena melodía, por eso soy escéptico con grupos contemporáneos que carecen de (buenas) melodías y, sin embargo, están bastante encumbrados. Sin querer ofender a nadie, Radiohead, por ejemplo, me parecen soporíferos. Como banda sonora para un psycothriller estarían bien, pero como producto pop… Es cuestión de gustos.

P. Empiezas enumerando a Neil Young, a David Bowie, a Serge Gainsburg entre tus influencias, y sigues mentando a directores de cine como Lynch, Godard y Bergman. ¿Dónde podemos encontrar su reflejo en tus canciones?

R. Algo habrá, porque su arte ha impregnado mi vida, mi actitud y mi comportamiento, pero su inspiración nunca es deliberada, sino que fluye por mis venas con naturalidad.

P. Una vez dijiste: “pienso que la poesía es la perfecta y excelsa sofisticación del lenguaje”. Destacas a Borges y a Benedetti entre tus escritores predilectos. ¿Cuánto de ellos hay en Álvaro Múñoz y cuánto en Tarik?

R. Tarik y la Fábrica de Colores es la extensión artística de las prosaicas vidas de sus componentes. Y también un escape a la mala leche que encerramos dentro, a nuestro inconformismo. En vez de exteriorizarlos con la violencia lo hacemos con el poder de la música y las palabras, y el eco de nuestros maestros, de lo que hemos absorbido en el camino, reverbera constantemente en nuestros cerebros.

P. ¿Hace falta más romanticismo en el mundo?

R. Sí. El romanticismo no tiene nada que ver con la cursilería, sino con el inconformismo y la lucha por unos ideales. El romanticismo también puede -y ha de- ser irreverente e insumiso, y apostar por los placeres de la vida como terapia a la opresión de los poderes fácticos. En ese sentido, el punk era una revisión del romanticismo del XIX.

P. Con qué te quedas: ¿con la guitarra o con la pluma?

R. Siempre he usado ambas de forma conjunta, y, de momento, no se me ocurre hacerlo públicamente por separado, salvo las cosas que publico en mi blog.

P. Tus discos han ido apareciendo en el mercado en intervalos de casi ocho años hasta que has firmado con Mushroom Pillow. Ahora pasa menos tiempo entre disco y disco, algo que el público ha agradecido y suponemos que tú también. Pero ¿ha cambiado algo la presión comercial? ¿La prisa es buena consejera?

R. Nunca hago las cosas con prisa. No me meto en el estudio hasta no estar seguro de que tengo un material bueno entre manos sobre el que trabajar. Eso, y que todos los elementos están bien dispuestos como para no dejar demasiado al azar. Un disco es un disco e independientemente del éxito comercial que tenga, es un producto imborrable que merece ser cuidado con criterio y dignidad.

P. Erick Jiménez y Banin, componentes de Los Planetas, colaboran con El hueso y la carne y has anunciado la presencia de Antonio Arias de Lagartija Nick para algunos de tus conciertos. ¿Admirados o admiradores? ¿Su presencia es una declaración de intenciones?

R. Es una cuestión de amistad, pero es una amistad que se ha forjado consistentemente a partir de la afinidad musical. Tiene sentido que acabemos tocando juntos.

P. En el Decálogo de Tarik y la Fábrica de Colores ¿qué valor ocupa el primer puesto?

R. No somos dogmáticos y, a veces, somos algo indisciplinados. Dentro de ese caos, la maquinaria de Tarik y la Fábrica de Colores parece funcionar bien, por lo que es probable que si tuviéramos un decálogo, el motor se pararía. O seríamos otro tipo de grupo.

P. Lori Meyers, La Cultural Solynieve, Sr. Chinarro… Se está generando un movimiento de pop alternativo o indie de calidad en Andalucía. ¿Va a durar o hay tantas bandas que se van a subir al carro que va a llegar un momento en el que va a descarrilar?

R. Andalucía es tierra de artistas, y eso tiene que dar sus frutos también en el pop. Afortunadamente, hay ciudades –Granada es quizá el mejor ejemplo– donde la industria musical está alcanzando una infraestructura bastante consolidada. No solamente hay gran variedad de grupos de calidad, sino también bares donde escuchar buena música, salas de conciertos, agencias de management, road managers, técnicos de backline y sonido, estudios de grabación…

P. ¿Irse a Londres, Madrid o a Barcelona es realmente la única salida posible para poder entrar en el mercado discográfico?

R. Ni mucho menos. Si eres farandulero y la gente te conoce por ver tu cara en todos los saraos, si vienes a Madrid pensando que la farándula va a abrir las puertas a tu música, entonces es probable que no lo consigas nunca o que te conviertas en un artista mediocre. Te quitarías tiempo para trabajar seriamente en tu música, que es lo que hay que hacer. Faltaría más, que en plena era de la información, hubiera que vivir en Madrid para darte a conocer.

P. ¿Cómo se encuentra Córdoba musicalmente?

R. Córdoba se mueve de forma pulsátil. Desde la oleada de grupos como Flow, Limousin, Prin La lá, no ha vuelto a suceder nada, al menos con la difusión que cabe esperar. Lo interesante, sin embargo, está presentándose desde hace algún tiempo en el ámbito de la poesía, con una generación de poetas jóvenes de talento contrastado y que están cosechando ya premios nacionales importantes, como Elena Medel.

P. ¿Debe considerarse la música un producto de primera necesidad?

R. Lo ha de ser para el que así lo sienta, pero nos lo ponen difícil, convirtiéndola en un producto de lujo. El coeficiente intelectual de los grandes prebostes de la industria discográfica es comparable al de las algas unicelulares: “Como se venden menos discos que nunca y no sabemos hacer nada para adaptar nuestra industria a los cambios del mercado… ¡subamos el precio de los discos!”

P. ¿Qué medida creéis que se tiene que tomar institucional y empresarialmente en el mundo de la música de manera inmediata?

R. La solución la tienen que aportar las discográficas pequeñas, que a su vez han de nutrirse de catálogos novedosos y revulsivos. Desde abajo, desde el underground, es donde se marcan las tendencias, y no al revés. Lo malo es que la mayoría de las compañías pequeñas imitan las políticas de las grandes, y lo mismo ocurre con muchos de los grupos que pretenden proyectarse desde compañías pequeñas y que suenan desesperanzadoramente comerciales, en el sentido más vacío de la palabra.

P. ¿A qué aspira Álvaro Muñoz y Tarik y la Fábrica de Colores?

R. Aspirar es un hábito muy malo para la salud. Por cierto, salud.

Así suena...



• TARIK Y LA FÁBRICA DE COLORES. Vuelta a los colores del álbum El hueso y la carne.
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