Nerea Camacho
Nerea responde rauda al teléfono. Está en casa, en Balanegra, un pueblecito costero en el poniente almeriense, donde vive con sus padres. “Estoy bien aquí, pero cuando sea mayor, sí me quiero ir”. Está bien porque le encanta la playa, sobre todo la de Pulpí; porque puede ir a la piscina, a patinar, a dar una vuelta con sus seis amigas y sus cuatro amigos; a ver películas a casa de Lorena, que tiene un vídeoclub. Aunque, entre semana, a las nueve en casa. Y los deberes son lo primero. Cuando tenga 18, espera irse a Madrid, pero le faltan tres quinces de mayo. Va al instituto, da clases particulares de inglés y, sobre todo, es adolescente: “Quiero estar con mis amigas”. Esta actriz que quiere ser actriz descubrió el séptimo arte a través de Aroah, una cinéfila auxiliar de enfermería que, además, es su hermana mayor. “Le encanta, me llevaba todos los fines de semana a ver películas, se sabe todos los nombres de los actores”. Aroah, con sus padres, la ha acompañado a los estrenos. “Y siempre llevo a alguna amiga”. Recuerda con nitidez su paso por el Festival de San Sebastián, en 2008, para presentar Camino. Entonces, “era pequeña”, pero su voz sosegada se exalta al pensar ello: “¡Fua!, todos gritando, la gente diciendo tu nombre… Flipé”. Es de las cosas que más le gustan de este trabajo porque ella, dice, no es vergonzosa. “Soy la menos cortada de mis amigas”.
En cuatro años, Nerea ha dicho que no a unas cuantas películas, incluso en el extranjero. “Me ofrecieron un papel en México, pero coincidió con la Gripe A”. Su familia, su agente y sobre todo ella se lo piensan antes de dar el sí: “Cuando terminas un guión, ya sabes si quieres hacerlo. Dices: ¡dios!, yo quiero ser ésta. Pero por supuesto que si no me gusta, no lo hago; la primera que decide, soy yo”. Habla suave, pero habla. Y con elocuencia. “Todo el mundo te pregunta: ¿Conoces a tal actor?, ¿Y es tonto?. Eso no me gusta. Hay de todo, como en el resto de trabajos, son personas”. Ella, que considera a los actores españoles como “una pequeña familia” de la que ya forma parte, lo dice con tono serio. En el instituto le sucede igual: “No me gusta que se metan con la gente”. Se ve como una adolescente con suerte. “Ojalá todo el mundo pudiera trabajar de lo que le gusta, porque es difícil encontrarlo”. Algunas escenas se le complican, pero se siente segura en plató: “No me cuesta actuar”. Pero si el sueño que comenzó en 2008 se acaba, ve una alternativa: maquilladora de caracterización. “Lo descubrí en Camino, al ver las heridas que me ponían, y en Almería hay un instituto donde se puede estudiar”. De momento, además de 3MSC, tiene otras dos películas pendientes de grabar en verano, así que no cambia el plan: actriz. Cuando era niña, antes de que la descubriese Fesser en un book, fue nueve meses a clases de interpretación a Estudio 9, una academia de adultos en su pueblo. No lo recuerda bien, pero tampoco ha vuelto a estudiar para ello. “Por ahora, no quiero ir a ninguna academia. No tengo tiempo”. Además del instituto, y la particular de inglés, va a clase de baile. Funky. “Me tiraría horas bailando en mi habitación”. En ese cuarto cuelga un póster en el que salen María Valverde y Mario Casas. Es el cartel promocional de Tres metros sobre el cielo, la taquillera película en la que hace de hermana pequeña de Valverde. Y si tiene hueco entre tanto rodaje, hará lo de siempre, lo de cada verano: visitar Pola de Siero y Langreo, en Asturias, los pueblos de sus padres. Pros: Los festivales, el mundillo del cine, las entrevistas (”me encantan”), la gente. Contras: la distancia. “Echo de menos a mi familia, a la de Balanegra y a la de Asturias, y a mi abuela Dolores”, que también vive en su pueblo. Al menos, sus padres siempre van con ella y ven a Nerea transformarse en muchas otras. Porque eso, la conversión, es el mayor pro para Nerea Camacho: “Lo más bonito es dejar de ser tú por un momento”. |
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2 comentarios
Olé y ole Nerea!
Me alegro mucho de tus éxitos,
tu si que vales.
Sigue así de linda
la conozco en persona y es encantadora