Reseña: Exils
Siempre hay un momento para todo. Y viajar sin reservas de hotel, coche alquilado y mapa de carreteras, puede ser una experiencia de las que marcan. Una alternativa sugerente, desbordante de energía y sin prejuicios, para dejarte llevar. Es la opción de la pareja protagonista de Exils, la road movie en la que el director magrebí Tony Gatliff explora Andalucía. La cámara acompaña de cerca a una pareja paleolítica, dos jóvenes de instintos primitivos, en su huida desde París hacia un destino: Argelia.
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La película es una exhibición del autor argelino (director, guionista y compositor), hijo de gitanos andaluces, que escarba como nadie en el paisaje rural contemporáneo. El sello de Gatliff (Argel, 1948) está en su colorista puesta en escena, su partitura de músicas vibrantes, y un guión libérrimo que igual hace reír con desparpajo que desconcierta por los cabos que deja sueltos por el camino. La intensidad emocional que mantiene la cinta mientras acompaña a la pareja en su periplo te levanta del sillón. Estás con ellos cuando la pareja atraviesa un campamento de gitanos, recoge fruta junto a los inmigrantes ilegales de Almería, o disfruta del cante flamenco en la sala sevillana de La Carbonería. Pero incluso cuando al alba patean los restos de un botellón junto al Guadalquivir, o en la dramática escena del trance sufí para exorcizar los males psíquicos y físicos. La película reivindica el tren y su traqueteo, su vida y sus sorpresas entre ritmos techno y cante jondo. Cuando la cámara se dirige al campo andaluz, parece por segundos como si Emir Kusturica hubiera aterrizado en mitad de la campiña andaluza con su pléyade de gitanos de los Balcanes. “Me han hecho falta 43 años para regresar a la tierra de mi infancia, Argelia. Y casi cuatro años y 500 millas en la carretera, en tren, en coche, en barco o simplemente andando”, apunta Gatliff. Exils abrió el Sevilla Festival de Cine en 2004 y ganó la Palma de Oro al mejor director en el Festival de Cannes. Gatlif se desnuda frente al espejo: “La película no tiene su origen en una mera idea, sino en mi anhelo de contemplar mis propias heridas”. |
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Este artículo fue subido por Cecilia el 15 de Mayo de 2008 a las 01:02.
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