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Reseña: Latitudes 2010

El Festival de Fotografía de Huelva Latitudes 2010 muestra una fascinante panorámica de miradas comprometidas. Lluvia de fotos colgadas en salas distribuidas por toda la ciudad que nos hablan -sobre todo- de la permanente lucha que hay en cada hombre, en cada tiempo y en todas las latitudes.


Por:  Leonardo Sardiña
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Artista: Robert Capa, Robert Doisneau, Emilio Morenatti, Chema Madoz, Tony Catany, Yasumasa Morimura, Norbert Enker…
Fecha: 15/02/2010-31/03/2010
Ubicación: Huelva

Hay varias rutas que nos llevan por guerras que pasaron (Robert Capa, en el Museo de Huelva) y conflictos que aún sangran (Emilio Morenatti). Estos dos fotógrafos de guerra y de raza alcanzan la grandeza al lograr meternos sin compasión en medio de bombardeos, desembarcos, trincheras, desfiles, humillaciones, entierros, exilios. El dolor de las madres de Capa que lloran la muerte de sus hijos, escolares muertos, durante la toma de Sicilia por los aliados al final de la Segunda Guerra Mundial es el mismo dolor desgarrado de las madres enlutadas de Gaza de Morenatti de hace ¡tan poco! Capa estuvo en Normandía y el ojo empañado, desenfocado, de su cámara logra hacer que truene en nuestros oídos la furia de la escena muda. Impávidas, un grupo de niñas afganas nos miran desde el otro lado del objetivo de Morenatti y no ven el supuesto reparto de comida de la ONU que se desarrolla ante ellas, nos ven a nosotros: espectadores occidentales y de cualquier parte, lejanos y ajenos, y reclaman con sus caras descubiertas y su mirada directa la verdadera comprensión y ayuda que necesitan.

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Hay firmeza en la apuesta poética de otra clase de compromiso. Nos la ofrece el artista chino Yao Lu (Sala Fundación Cajasol) con sus impecables países inventados de basura que recuerdan la pintura clásica de su país. La atmósfera de azules y nubes que se ven desde la media distancia se convierten en inquietantes colinas y riscos de escombros tapados con lonas y mayas color cobalto, color turquesa, cuando nos acercamos al cuadro-fotografía. La bruma se disuelve y nos trae del pasado bucólico y romántico al presente donde el Medio Ambiente está en peligro, donde la Naturaleza muere mientras en ella escarban-viven-trabajan unos hombres hormiga.

Otro artista oriental, el japonés Yasuma Morimura (Museo de Huelva) prefiere que la inquietud y el desasosiego que vivimos en un mundo acelerado, hiperdesarrollado, monetarista, sin escrúpulos, se reflejen en los inmortales grabados de la serie Los Caprichos de Goya: y los adapta y los transforma en fotos trucadas y artificiales como metáforas del tiempo donde el mismo autor se disfraza para que no haya engaño, desvelándonos que su ironía es su arma de denuncia.

También hay mucho compromiso en la selección expuesta de otro de los grandes de la historia de la fotografía, el francés Robert Doisneau (Sala del Rectorado), que nos da un paseo por la calles desde los años 30 hasta la década de los 70 del pasado siglo haciéndonos participe de la alegría de los niños en medio de la miseria de la guerra o la postguerra, del triunfo del amor en cualquier circunstancia, de la búsqueda permanente de la felicidad aunque sea en barracones de feria. Sus fotos son ventanas por las que miramos y vemos lo que acontece fuera, casi siempre, con media sonrisa, pues lo que sucede fuera siempre tiene algo de cómico, de demasiado humano.

Juan Carlos Castro Priego (Casa Colón) juega con las poses de los habitantes de Etiopía a los que sienta frente a la cámara para saludarnos desde un África que es pura. Los personajes que nos observan tienen los ojos serenos, los paisajes son abiertos, las habitaciones llenas de color, los cuerpos decorados con tatuajes rituales. La desnudez es pureza en sus fotos y nos describen la ternura de las gentes de una tierra que permanece (o debiera permanecer) inmutable ante la destrucción de otros lugares que viven en diferente tiempo. Vivir es una proeza que aparece con una naturalidad rotunda y limpia, y desemascara nuestra vida llena de artificios. Esa es la mirada que nos ofrece.

En el Hotel París, en la Plaza de las Monjas, se alojan 8 fotógrafos de 4 continentes: el italiano Gabriele Basílico, el noruego Per Barclay, el maliense Malik Sidibe, Zwelethu Mthethwa de Sudáfrica, Jota Casto de Perú, el hispano-brasilero Miguel Río Branco, Alfredo Jaar de Chile y Maleonn de China, convirtiendo la sala en recepción de nómadas que llegan de escenarios, estilos y visiones diferentes y complementarias. Norbert Enker (Casa Colón) nos sumerge en la terrible soledad que representaba el muro que dividía Berlín y el enorme vacío que dejó tras su derribo como reflejo de la tristeza que acumuló desde su creación.

Pero Latitudes es más: Chema Madoz (Casa Colón) investiga con la imagen de los objetos, y sus fotografías son un paseo por una galería de arte donde las vanguardias de la primera mitad del siglo XX imperan a sus anchas aunque las obras estén fechadas ya en el siglo XXI. Precisamente un buen racimo de fotógrafos que convivieron con las vanguardias también están presentes en otra muestra: La Visión del Otro, La Modernidad en el Rostro del Fotografiado (Museo de Huelva). Artistas de la talla de Man Ray, Henry Cartier-Bresson, Leni Riefenstahl, Tina Modotti o Alexander Rodchenko dejan su huella en los personajes que les sirven de modelo.

Y, a propósito de personajes, hay una figura que salta de una muestra a otra y aparece en varias de las exposiciones retratado como hombre, como amigo, como artista, como cómplice, y que demuestra, por si alguien lo dudaba, que el español Pablo Picasso fue una de las figuras más relevantes del siglo XX, todo un siglo de Fotografía, en el que él dejó su mirada y se dejó mirar.

Un fallo organizativo: a pesar de ser una de las apuestas propias, la selección Una Geografía, Ocho Viajes Andaluces, que ofrecía un interesante maridaje entre ocho fotógrafos y ocho escritores describiendo paisajes de las ocho provincias andaluzas, no se pudo ver durante la última semana del Festival, pues fue levantada de la Facultad de Empresariales a pesar de las fechas de duración previstas en el programa.

Latitudes te deja exhausto de cabilaciones, repleto de pensamientos, interesado en el mundo que nos rodea. Latitudes es un festival imprescindible para aprender a mirar.

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