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Reseña: Monkey Week 2010

Primates de todos los tamaños caminamos a dos patas por El Puerto. En el festival, el recorrido entre bares, salas, teatro y monasterio era corto, pero los monos tuvimos que correr. Fueron cinco días bajo el diluvio universal, pero qué mejor paraguas que la sensibilidad de Espaldamaceta o la mala leche contenida de Guadalupe Plata. En el Festival Monkey Week hubo tiempo de rezar dentro del arca. Pony Bravo y Andrew Bird fueron la ostia sagrada.


Por:  Elsa Cabria & Cecilia Bogaard
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Artista: Andrew Bird, Pony Bravo, Guadalupe Plata, Espaldamaceta, Sonic Boom & Tom Cary, Triángulo de Amor Bizarro…
Género: música indie
Fecha: 08-12/10/2010
Ubicación: El Puerto de Santa María (Cádiz)

La segunda edición del Festival Monkey Week no pudo ser. No lo que organizadores y asistentes queríamos. Un Festival en Cádiz pide sol, aunque sea octubre, pero los calcetines de todos los que pasamos unas horas en El Puerto de Santa María estuvieron mojados de jueves a martes. Pero lo que fue, lo que ni rayos, truenos ni tormentas pudieron suspender, nos recordó que aún hay sitio para un pequeño gran festival, donde descubrir a mágicos músicoscharlatanes como Espaldamaceta, comprar nuevas marcas que ya tienen denominación de origen como Pony Bravo y comprobar que si prestamos atención los silbidos de un pájaro pueden ser lo más parecido a una aparición celestial en un monasterio.

Cinco días para un festival muy muy independiente son muchos días. Lo que ha ofrecido el Monkey Week (cuyo mono es herencia del Freak Festival, también en El Puerto) para que la gente pague es toda una apuesta: showcases. De los 112 conciertos que se han realizado, la mayoría eran pequeñas actuaciones (no más de 45 minutos) en las 12 salas/bares disponibles por siete euros, intercaladas con espectáculos gratuitos en el escenario central, en la plaza del pueblo. Esta idea, que busca atraer a la industria indie internacional ha funcionado. Al menos entre los no profesionales. Una opción baratita de escuchar (pagando) a Ainara Legardon, Guadalupe Plata o EspaldaMaceta y (gratis) a Fiera (Pony Bravo jugando al juego de las sillas) y Cla (pjharviando).

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Espaldamaceta fue el primero que vi y aún me acuerdo de su convincente parloteo. Hablaba igual que cantaba, o sea, súper bien, súper nítido, y súper cálido. Todo súper. El colega, que vino de Tarragona, donde trabaja de profesor, parece majo, algo que sólo comprobamos unos poquitos en el teatro Muñoz Seca. Sólo había escuchado una canción suya, pero el título ya alertaba de un contenido lírico potente: Estoy de mierda hasta los ojos. En directo, sin aire. He mirado su myspace, la gira de este sonriente tipo es cortita, queremos más, hablo, al menos, por dos. Y si le escucháis, seremos una tropa.

Para escuchar a Pony Bravo hubo que pagar, pero los tíos te meten en estado de trance tan divertido que merece la pena. Aunque sólo tienen un disco, han pegado tan fuerte, que estaban entre los cabeza de cartel del sábado. Moló que ni siquiera en El Rayo, su ¿single? se multiplicó el fenómeno fan. El que cantaba era el cantante, el resto, aunque tampoco temiésemos al rayo, solo bailábamos o movíamos el flequillo en todas direcciones. Pero ellos vinieron después del señor Pájaro, ese que llegó y se fue silbando. Un clásico indie reciente al que nunca había escuchado y casi que mejor, porque creo que es para escucharle de frente, en un monasterio, mientras amenaza una terrible tormenta, con su violín como guitarra… o como armónica.

Fueron dos, aunque tenían que ser cinco (total: 28 euros). A las dos de la madrugada, tras muchas lluvias de todo tipo, llegó la rave de Dios que preconizaban los de Pony Bravo y se escacharró el asunto (Nada de Faust, Lüger o Chrome. Tampoco al día siguiente, que llovió otro infierno). Imborrable la gente entrando corriendo por la puerta del monasterio, como si llegasen tarde a confesar sus pecados o ese señor que quería salir y apuntaba con su paraguas a la tormenta desde el pórtico. Pero Dios parecía seriamente enfadado y allí aguantamos hasta que los paraguas no temieron por sus vidas.

“Sin duda alguna mis dos grandes descubrimientos en directo y grupos que para mí se han convertido ya en fetiches son los madrileños Hola a todo el mundo -que fueron como un torbellino de color y buen rollo en un marco de cuento, la sala Mucho Teatro- y The Strange Boys, unos pipiolos absolutamente cañeros y muy prometedores que venían desde Texas y lo estaban flipando con el público del Puerto de Santa María”, nos cuenta Laura Rueda, periodista que no faltó a la cita portuense. En la oscuridad parda de la Sala Mucho Teatro tocó también el trío de Úbeda Guadalupe Plata. Han estado de gira todo el año y se nota. Pedro Ginés de Dios se ha asentado en esa actitud enérgica sobre el escenario, en la garra con la que actúa y en esa especie de simbiosis sexual que consigue con su guitarra. Blues sorprendente e hipnótico.

Durante el día, el punto de encuentro de los promotores, productores y artistas varios fue el mismo teatro Muñoz Seca. Mesas redondas sobre música independiente. No es algo habitual y si no fuese porque la gente solemos darlo todo en las noches festivaleras, sería una buena oportunidad para interactuar con los melómanos. La charla que analizaba la evolución de la oferta de música en vivo (la única que fui) fue interesante, pero en esa mesa nadie tenía menos de 40 años y, claro, el papel de Internet en todo lo que ha pasado en los últimos tres años ni lo mentaron. Fino Oyonarte, Ernesto González del FIB, Carlos Espinosa de Riff Music, Marcela San Martín de la Sala El Sol en Madrid y Alfredo Crespo de Ruta 66. No hablaron tanto de la evolución como de lo que ha sido la industria y la forma en el que se ha profesionalizado. Eché en falta voces de otras épocas menos experimentadas y más debate sobre de la realidad actual en el sur/fuera de Madrid y Barcelona.

Ningún bar, ni concierto ni nada estaba a reventar. Podías comer por cero coma (no exagero: tapas por un euro) y beber copazos (fuera de lo que era el festival) por tres euros. Esto son añadidos que dan color a un festival que se vivió en la calle y que permitió ver muy de cerca a completos desconocidos que de otra forma difícilmente escucharías por el exceso de myspaces actual. Rueda se atreve a predecir el futuro: “Entre el público te encontrabas con gente de todos los rincones de Andalucía y de España. Creo que el Monkey se va a convertir en una cita obligatoria del panorama musical más independiente, casi tanto como el FIB. ¡Larga vida al Monkey Week!”.

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2 comentarios

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El 20 Octubre 2010 a las 8:43, Antonio dijo...

Falta mencionar como la organización se ha lavado las manos con la cuestión de las cancelaciones de Faust y Chrome Hoof, sin duda el objetivo de la gran mayoría que pagó 28€ para no verlos. Para “solventarlo” dieron entrada gratis para el día siguiente, que también tuvo cancelaciones, además de que no todo el mundo podía o quería quedarse un día más. Mi duda es si habrán cobrado el obligatoria seguro que un festival debe contratar para estos. Si es así, les ha salido muy rentable la lluvia.


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El 25 Octubre 2010 a las 13:24, rascacio dijo...

Una critica demasiado bien intencionada y poco realista. Lo de Hola a Todos el Mundo fue soporífero. Mucha camisa de cuadros, mucha cinta en el pelo, mucho violín, mucha cacharrería y 0 imaginación. Lo de Pony Bravo fue decepcionante. Prueba de sonido interminable antes del concierto y aún así tuvieron que comenzar a tocar sin retorno de monitores en el escenario. Se notó demasiado la frialdad (pese al esfuerzo de ellos) … todo esto no ayudó a que las canciones nuevas lucieran como esperamos en el nuevo disco. Como siempre impresionante Niña de Fuego. Tampoco les hizo bien salir justo después de la exhibición de Andrew Bird (un autentico maestro).
Flaco favor al Indie (odio esta palabra que ya no significa nada) estatal este tipo de críticas.



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