Autor: Vicente Luis Mora
Editorial: Páginas de Espuma
Año: 2008
Nacionalidad: española
Género: ensayo
Destaca por: ser el ganador del I Premio Málaga de Ensayo 2007

Reseña: Pasadizos

La literatura en conexión directa con las artes plásticas, la arquitectura y las nuevas tecnologías en el trabajo ganador del I Premio Málaga de Ensayo 2007.

Autor: Antonio Palacios

Pasadizos: espacios simbólicos entre arte y literatura, de Vicente Luis Mora, obtuvo el I Premio Málaga de Ensayo 2007. Entre el jurado, con voz pero sin voto, estaba Juan Casamayor, uno de los responsables de la ejemplar editorial Páginas de Espuma, pues el galardón conllevaba la publicación del libro en su colección Voces, que está llenando los estantes de títulos valiosos.

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Vicente Luis Mora, un cordobés que ha escrito casi de todo – poesía, ensayos, crítica, narrativa -, pretende con este libro conectar la literatura con las artes físicas, como es la pintura y, sobre todo, la arquitectura. Algunos libros deberían valorarse tanto por lo que se proponen como por lo que consiguen. Éste es uno de esos casos. Aunque el autor no cree que sus libros hayan de tener una misión, y replica que “me aburre soberanamente un libro de ensayos lineal, creo que va contra el espíritu del género poblado, desde Montaigne, de digresiones, derivas, derrotas, cambios de rumbo y devaneos; Mis libros son hijos de la metamorfosis, como los personajes de Kafka o Bellatin.” Así, la estructura del libro es algo quebrada. Incluye pequeños ensayos independientes, como el dedicado a la estética de una perfumería -una venturosa delicia- y acaba con un abecedario incompleto de arquitectura y literatura, que uno desearía que se completase en otro volumen.

Entre los autores a los que ha recurrido este cordobés para guiarle en su búsqueda de pasadizos destaca, por lo inusual, el sevillano Cansinos Assens. “Cómo no valorar la visión del hombre con más capacidad de visión literaria de nuestra historia. ¿Cuántos críticos o escritores españoles conoce, vivos o muertos, que pudieran traducir o leer en diecisiete idiomas? Cansinos era la literatura comparada, ese término y esa semántica crítica pudo inventarla él”, nos comenta el autor.

Ya desde la introducción inicial, Mora da muestras de sensatez al hacer pública su intención de ser concreto, de dar ejemplos, algo nada común en algunos libros de estética. El resultado es una profusión de nombre de autores, artistas, obras y disciplinas que pueden llegar a abrumar al lector no iniciado. Al pasar las páginas encontramos desde las catedrales mentales que Simónides de Ceos postulaba para memorizar un texto, al extrañamiento de Mallarmé, las caminatas de Sócrates con sus discípulos que acababan en filosofía o la poesía concreta brasileña que dibujaba la página con sus estrofas.

Mora no se olvida de las nuevas tecnologías. Él mismo es autor de un blog recomendable y se muestra algo escéptico con la voluntad de la Red de sustituir la realidad física por una virtual. El ensayista nos comenta que espera que nos convirtamos “en los protagonistas de la utopía negativa de Javier Fernández Cero absoluto, que viven desde sus casas, conectados a una red de información universal mediante chips instalados en el cerebro”.

A pesar de algunos intentos posmodernos que intentan otra manera de narrar adoptando numerosas perspectivas posibles, Mora ve que ese no es el modelo predominante.: “Lo que veo más bien, tanto en la televisión, como en Internet, como en la literatura actuales es un ansia de uniformidad, igualitarismo, corrección política homogeneizante, y normalidad rampante”. Como se insinúa en el libro, libros como la saga Harry Potter o el famoso Código Da Vinci se asemejan más a un MacDonald’s o un Starbucks, que a otros libros o géneros.

Aunque en el libro no se hace referencia a ello, el volumen parece animado por la búsqueda de una arquitectura espiritual, esa que defendía Juan Ramón para definir nuestra tierra; un concepto recientemente rescatado por el periodista Juan Pedro Quiñonero. Marshall MacLuhan fue más definitivo y dijo que “la ciudad ya no existe, salvo como espejismo cultural para los turistas”.  Para Mora, aunque coincide con MacLuhan en que la imprenta desterró en un principio la monumentalidad de los edificios, ésta ha vuelto gracias “al mercado;  ahora la arquitectura es el arte más poderoso, más ideologizado, más próximo al poder y, por supuesto, cualquier gran edificio es hoy mucho más influyente estética, política e ideológicamente que cualquier libro”.

Durante toda la obra, el autor da fe de la necesidad del hombre de llegar a lo físico: el pasadizo que Mora intenta describir es el mismo que se produce cuando alguien que lee alza los ojos y mira por la ventana. O como dice mejor el poeta Wallace Stevens en una de las citas de Pasadizos: “En mi habitación, el mundo está más allá de mi entendimiento; mas veo al pasear que consiste en dos o tres colinas y una nube”.


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