Reseña: Revista Litoral
Litoral es un navío cuya tripulación ha estado capitaneada por soñadores de letras y por letras de ensueño. Durante 81 años ha cruzado la península con las robustas patas de un caballo y surcado el aire con alas de cóndor. Es el barco que hoy sigue navegando con el mismo ímpetu y hacia el mismo horizonte que antaño. El alimento de las almas que rondan las librerías, que buscan saciar su hambre poética. “La poesía es lo único que nos salva” afirmó Emilio Prados, su fundador junto con Manuel Altolaguirre allá por 1926. Litoral supuso el inicio serio del movimiento poético malagueño, al que se unirían poetas de todas las regiones. Su firme propósito: convertir aquellas páginas color crema en el testamento de una generación rebosante de ideas, pero limitada por la convulsa situación del país. “Es muy difícil que nadie sepa, ni siquiera con esa tramitación sensible del que escribe y el que lee, lo que de dificultad, de lucha, de esfuerzo, suponen estos números de ‘Litoral’, que ojalá sean como una reliquia en el porvenir para vosotros nuestros suscriptores, los que nos habéis apoyado y nos seguís con vuestro aplauso”. Con estas palabras presentó José María Amado el número de septiembre de 1969.
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This is a WPSimpleViewerGallery Ha recorrido un arduo camino. Su historia está marcada por las interrupciones que sufrió. La más larga de ellas, suscitada por la Guerra Civil, ocasionó que Litoral adquiriese más fuerza desde Latinoamérica, a donde muchos de sus colaboradores se vieron obligados a huir. Esta vez desde el otro lado del Atlántico, las letras del barco se erigieron como la voz del destierro, una voz rota por la guerra. No quiero más el mar, la redonda y movible soledad, con los radios constantes del pasar. Pozo mío, Moguer, quietud fatal, Tierra del pozo y el lagar, Bebeos todo el mar, (‘La ola de mi pozo’, Juan Ramón Jiménez) Cuando volvieron a España, el mar mediterráneo había pasado del azul al rojo, al igual que la portada de Litoral. Era el color de la tinta que alimentaba las plumas de los poetas exiliados, el símbolo de la sangre derramada en pos de la libertad,. “Si se tira uno al ruedo es con el riesgo de la vida y en todo caso prefiere ‘Litoral’ su muerte literaria a faltar a la verdad” (J. M. Amado). Así Litoral, coincidiendo con la revolución de mayo del 68 en París, comenzó la que sería su última etapa, que aún perdura. En la actualidad, es el referente de las publicaciones literarias. En mayo de 2005, su ahora director Lorenzo Saval (sobrino nieto de Emilio Prados), obtuvo la Medalla de Óro al Mérito en las Bellas Artes. Dos veces al año un nuevo número de Litoral ve la luz. En sus más de trescientas páginas se profundiza en el universo poético de autores -los últimos, Caballero Bonald y Carlos Marzal-, de disciplinas –jazz, flamenco, cine, pintura- o de temáticas –deporte, fauna, gastronomía, erotismo-. Para la poesía, el mundo es una fuente inagotable de versos. Las páginas que vieron nacer a la generación del 27 primero, a la del 50 después, y que ahora están atentas a cualquier nueva corriente, son testimonio de ello. Litoral es una revista que se debe tomar con las dos manos y el corazón caliente, como Miles Davis cogía su trompeta, porque cada una de sus páginas son, como las notas del jazzman, un disparo al alma, al centro de todo. |
Bibliografía
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- AMADO, José María. Revista Litoral: prólogo a los números 8 y 9 de septiembre de 1969. Ediciones Litoral, Málaga, 1969.
- JIMÉNEZ, Juan Ramón. Antología Lírica de una Atlántida. En el otro costado. Ed. Galaxia Gutenberg. Círculo de lectores. Barcelona, 1999.
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