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Sara Mesa

Silvia Nanclares, coordinadora de Helvéticas, entrevista durante una de nuestras Tertulias en EMASESA Cultural a una de las últimas escritoras cuyo nombre ha comenzado a brillar en los círculos editoriales. Sara Mesa no nos trepana el cerebro, sino que nos sana a base de buena literatura. Todo, desde Sevilla.

Por: Tertulia Andaluza

Escritora
Nació: en 1976 (Madrid)
Ubicación: Sevilla
Destaca por: ser una de las últimas autoras revelación nacionales

Este jilguero agenda, La sobriedad del galápago, No es fácil ser verde, El trepanador de cerebros… La originalidad de los títulos de esta escritora sevillana es un fiel reflejo de su literatura. La poesía, el relato y la novela son las cartas que baraja Sara Mesa en su galardonada producción literaria, que da un salto cualitativo a cada publicación. Invitamos a otra escritora, Silvia Nanclares, a que la entrevistara en una de nuestras Tertulias en EMASESA Cultural [1]. El resultado, una entrevista que habla de literatura, por supuesto, pero también de la visión de un nuevo talento sobre un profesión bendita y maldita al mismo tiempo.


P. Naciste en Madrid. ¿Sevilla [2] debería aparecer ya en tu DNI como lugar de nacimiento?

R. Me siento andaluza. No tengo Sevilla demasiado marcada, pero sí es verdad que cuando dicen “la escritora madrileña” no me siento nada identificada.

P. Has pasado por todos los géneros literarios. Inauguraste tu carrera editorial con Este Jilguero Agenda, un poemario, con un título muy curioso. Es de un verso ¿verdad?

R. Es un título que o gusta mucho o no gusta nada. El subcontexto es un verso tremendo. Es un poema que Francisco Pino escribió a su mujer cuando murió. Encuentra unas anotaciones de su mujer, unas anotaciones que parecen ser cosas sencillas como una lista de la compra. De ahí le viene el recuerdo de la mujer como si volara. Algo muy rupturista.

P. ¿Qué te ofrecieron los versos en tus primeros pasos?

R. Entonces y ahora. Sigo escribiendo poesía, pero, como le pasa a mucha gente cuando siente ese impulso de expresarse con palabras, siento cierto pudor. Cuando empecé, que no tenía ningún contacto con el mundo literario, casi que era más osada. No era tan joven: tenía 30 años cuando publiqué ese libro. Pero de algún modo estaba en un ámbito virginal de mi escritura. Se publicaron, y lo que me aportó fue la sensación de “quizá lo que estoy haciendo puede ser bueno, importante para cierta gente”. Más que vanidad fue sorpresa. Me dio mucha confianza. Con el tiempo vas perdiendo esa inocencia inicial y ese empuje, así que ahora sigo escribiendo poemas (que bajo mi punto de visto son mejores que aquellos, porque he evolucionado) pero me da más pudor. Es más difícil dedicarse a publicar poesía que novela… Pero sí, me gusta mucho.

P. ¿Crees que en España la frontera entre géneros está demasiado marcada?

R. Sí, pero muchas veces lo hacemos nosotros mismos. Nos ceñimos a lo que pide el mercado. Pero es verdad que hay mucha susceptibilidad. Parece además que la novela sea el género más importante cuando no todas son obras maestras. Hace mucho que se dijo que las fronteras no existían, pero creo que como creadores, nos tenemos que manejar con soltura en todos los géneros.

P. Acerca de tu poema Creación. “Pisando cada trozo de la tierra / saltan luciérnagas”. ¿Define este verso tu manera de crear? ¿Es algo por impulso, pequeñas bombillas que se encienden arbitrariamente?

R. Sí. De hecho es uno de los poemas que me siguen gustando. La verdad es que la creación es así: te salta una luz. Produce un placer especial el haber sacado esa chispa, aunque también provoca muchas frustraciones. Las imágenes están ahí y se mezclan con los temas que estás tratando.

P. ¿Y el tema animal? Aparecen en muchos de tus textos.

R. Me atraen mucho. No es que me gusten las cucarachas, por ejemplo, pero sí me atraen.

P. ¿Cuándo se deja de tener pudor a la hora de escribir?

R. En la publicación es bueno cierto grado de pudor en el sentido de que lo que se publica se queda ahí, con cierta permanencia. Cuando consigues publicar, la satisfacción es tanta que no te das cuenta de que hay gente que te lee. No se trata de contentar al lector, sino de alcanzar lo máximo que puede dar cada uno. Creo que a medida que pasa el tiempo sí te vuelves más pudoroso en lo que escribes o debe ser así. Creo que la exigencia debe ir aumentando. De hecho, no releeo lo que he publicado.

P. En 2010 fuiste una especie de ‘revelación’. El libro de relatos y la novela han tenido mucho éxito.

R. El libro de relatos es de 2009, pero curiosamente se ha dado más a conocer después, gracias a la inclusión de uno de mis relatos en Pequeñas Resistencias 5. La publicación de la novela inmediatamente después también ayudó. De la absoluta desconocida que era a ahora, sí es distinto.

P. Los procesos creativos de los relatos y de la novela han sido muy diferentes?

R. Los separo, no son simultáneos. De hecho, ambas cosas tienen bastante tiempo. Normalmente escribo por rachas y no suelo alternar las cosas. El relato no te lo planteas como un proyecto global, pero la novela sí. El impulso de la creación es exactamente igual. La novela te exige una constancia mayor. Te sumerges más porque el borrador de la novela te puede llevar tres meses, pero el previo y el post te lleva años.

P. ¿Cuánto de los capítulos parisinos de Rayuela tiene El trepanador de cerebros?

R. Nada. Mucha gente lo ha dicho, pero yo Rayuela la leí hace muchísimos años. Puede ser el tema del grupo de personajes desplazados, pero en la forma narrativa no.

P. ¿De qué autores bebes?

R. Como estímulo para mi propia creación me han servido mucho autores que exploran la narrativa desde el humor negro. Son narradores que se sitúan en la distancia, son narradores que dejan ir a los personajes. Te pueden estar contando historias tremendas, pero al mismo tiempo te provoca risa. ¿Referencias? Saul Bellow me gusta mucho. Aunque no sea el mejor escritor, reconozco que tiene una forma de describir a los personajes y de hacerlos actuar que me estimula. Cierta parte de Onetti también, pero es más amargo. Más que de autores, hablaría del tono. Llevo tiempo leyendo a Faulkner a fondo. Me estimula como lectora, pero no como escritora. Su visión narrativa no encaja conmigo, pero me fascina.

P. No te han faltado los premios y los seguidores, pero parece que El trepanador de cerebros ha sido la obra que ha terminado de encumbrar tu trabajo. ¿Te da a ti la misma sensación?

R. No es un premio lo que te da el espaldarazo: es una editorial. En este caso fue una editorial pequeña (Tropo Editores) pero con un buen catálogo y buena reputación. Con los premios te publican el libro, pero luego la editorial se desvincula de la promoción. No es lo mismo a que la editorial te elija.

P. Manejas la técnica como un juego de cuchillos, cada uno para un tipo de plato. Intercambias estilos literarios según el tema, la trama. ¿Cuánto has tardado en saber distinguir cuál es la necesidad de cada uno de ellos?

R. Es la historia la que pide el estilo. Sí es cierto que en el libro de relatos estaba ensayando, luego me he decantado por un estilo. Eso no significa que no vaya a cambiar. Ahora estoy en fase de consolidación. Normalmente la historia manda. Dicho esto, también es cierto que cuando un escritor se hace, el estilo acaba imponiéndose y se convierte en su voz.

P. El tuyo es muy huidizo: la simbología, las elipsis, los juegos de espejos. ¿Hay que ponérselo difícil a los lectores?

R. Sí. Eso de contarlo todo no me gusta. Es mucho más sugerente de esta manera. Tampoco me gusta lo críptico porque sí.

P. Onetti también decía “Ahora era un hombre abandonado a los problemas metafísicos, por la necesidad de atrapar la belleza con un poema o un libro”. ¿Has llegado ya a ese estado?

R. Totalmente. He llegado al punto en que quiero dedicarme sólo a eso, a atrapar la belleza.

P. ¿Cuánto de tragedia y cuánto de comedia tiene el dedicarse a la literatura?

R. ¡Tragedia sería si yo me embarcara a intentar vivir de esto! Pero es un chute tremendo, un placer. Yo confío en lo que escribo. Más allá del posible valor literario que tenga, a mí me alimenta. Cuando empecé a escribir la gente se sorprendía mucho y lo consideraba un hobbie. ¡No hay nada menos parecido a un hobbie! También provoca muchas frustraciones.

P. Mujer y escritora. ¿Es más difícil de lo que parece?

R. Tendría que pensarlo y no lo tengo claro. Es algo a lo que he dado muchas vueltas, pero no tengo una opinión formada.

P. Uno de tus cuentos ha sido seleccionado para formar parte de Pequeñas Resistencias 5 con autores de renombre. Otros dos sevillanos comparten presencia (Javier Mije [3] y Braulio Ortiz). ¿Qué está ocurriendo en Sevilla [2]? ¿Es un buen centro de operaciones?

R. Me gusta mucho Sevilla, aunque a veces quiera irme, más por variar que por otra cosa. Es una ciudad de la que no quiero huir, lo que ya es mucho. ¿Me estimula? Sí.

P. Con Javier Mije compartes el desencanto hacia la sociedad. ¿Es imposible otra mirada en la actualidad?

R. Creo que siempre ha estado ahí, que no es algo generacional. Ahora una veta de literatura lúdica, muy complaciente -con barniz-, acrítica.

P. ¿Negar la identidad propia del relato como un todo y no un ensayo de algo mayor es atentar contra la literatura misma?

R. El relato es un género muy definido. Se defiende por sí mismo y ahora está viviendo un momento de esplendor. Auge sí, pero relativizado. Está tomando más prestigio gracias a que las editoriales y la crítica lo han vuelto a valorar.

P. ¿Que has leído últimamente que recomendarías?

R. Mucha gente lo ha leído ya, pero yo acabo de terminar Los Pichiciegos de Fogwill (Editorial Periférica). Me ha encantado. Trar la guerra de las Malvinas pero de manera lateral. La realidad que cuenta es muy dura, sin embargo, lo cuenta con una distancia, un humor y una acidez que aportan muchas frescura. Los personajes tienen muchísimo diálogo y están vivos.

P. ¿Y un clásico?

R. Faulkner: Luz de agosto me parece impresionante.

P. ¿Te ha aportado algo estudiar filología a la hora de escribir?

R. Supongo que sí, pero antes los escritores no tenían formación lingüística y escribían como nadie. Te diría que la filología tiene cierto sentido a la hora de realizar análisis e interpretación de textos pero no en la producción de los mismos.

P. ¿En qué está trabajando ahora Sara Mesa?

R. Estoy dándole el último toque a una segunda novela en la que tengo muchas esperanzas. Pero no tengo ninguna prisa porque pienso que tiene que ser un paso adelante.


Enlaces dentro del artículo


[1] Tertulias en EMASESA Cultural: http://www.tertuliaandaluza.com/cultura/tertulias-en-emasesa-cultural/

[2] Sevilla: http://www.tertuliaandaluza.com/explora/sevilla/sevilla-guia-del-viajero/

[3] Javier Mije: http://www.tertuliaandaluza.com/cultura/javier-mije/

URL: http://www.tertuliaandaluza.com/cultura/sara-mesa/

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