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Tom Cary

Un mafioso mexicano se cambió de nombre para vengar la muerte de su hermano. Francisco Torres se convirtió en un tal Tom Tom Cary, en la novela Dinero sangriento, de Dashiell Hammett. Este personaje fue rescatado en 2005 por una banda malagueña. Fue la rabiosa y electrificada venganza de unos disidentes. “Somos demasiado explícitos”. Nos encontramos con Tom Cary en nuestras Tertulias en el CAC.


Por:  Elsa Cabria
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Banda de rock
Nació: en 2005
Ubicación: Málaga
Destaca por: la energía que destilan sus conciertos

La timidez que los tres miembros de Tom Cary muestran bajo las tablas se evapora bajo la primera luz de los focos. Como poseídos, como adentrados en un estado de trance esquizofrénico, el trío malagueño saca las uñas y se rasga la camisa, literalmente, cuando le ponen un micrófono por delante.

Han repetido en South by Southwest (Austin, Texas), se han subido a los escenarios del Primavera Sound, del FIB Heineken, del ansiado Rock al Parque (Colombia), del Festival Nuevas Bandas de Caracas (Venezuela) y se han hecho con premios como el Lagarto Rock, Málaga Crea Rock, Circuito Pop Rock de Andalucía, Bilborock, Villa de Madrid y Proyecto Demo.

Aún así, lo suyo sigue siendo el rock, el rock sin ataduras, “el rock sin coartada”, como el personaje de Dashiell Hammet -$106,000 Blood Money, 1927- al que han robado el nombre. Hablamos con las tres caras de Tom Cary.

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P. Tom Cary: banda malagueña cuyo primer disco That’s right! Clean your soul (2007) grabó y produjo Steve Albini, que ha actuado en el South by Southwest (Austin, Texas), y que no tiene jefe de prensa, ni manager, ni distribuidora, ni promotora. Todo lo que hacéis, lo hacéis vosotros a través del sello Miga… ¿Defendéis la autogestión en la música?

R. No encajamos, así que no ha quedado más remedio. Evidentemente, no hemos tenido ofertas de agencias de booking, managers, de discográficas (alguna, sí, pero mejor no haberla tenido)… Entonces tomamos conciencia de lo que necesitaba nuestra banda: por necesidad y actitud. Todo lo que sale de nosotros, lo publicamos nosotros, hasta las notas de prensa.

P. ¿Y cómo encaja esa disidencia en el mundo de la música española?

R. Chocamos. Llevamos una carrera complicada y dificultosa.

En 2006, con apenas cuatro conciertos previos como banda, Tom Cary se alzaron como ganadores del Proyecto Demo, lo que les permitió tocar en el Festival de Benicassim. Afirman que hubo cierta polémica, que no todo el jurado estaba con ellos. “Algunos, al vernos en directo, creyeron que no queríamos ser los nuevos Franz Ferdinand. Dónde vais con ese rollo, decían”. Se llevaron el galardón (concedido por Radio 3, la cadena MTV, y el Festival de Benicàssim), pero no fueron diplomáticos. En una entrevista les preguntaron qué les parecía que Morrisey estuviese de cabeza de cartel en el FIB. Y contestaron. “¡Hombre!, es un poco dinosaurio ya…”. Escoció la respuesta de un cantante que tenía 25 años.

“Y a partir de ahí hemos tenido problemas con la mayoría de la gente que funciona con la industria (aunque no es muy grande ni muy seria), festivales, agencias de booking… Incluso con el sector underground, porque tenemos un perfil un poco extraño, no somos underground total. Es una ambigüedad que molesta.

P. Rock muy clásico, sonido garaje, admiradores de The Stooges; no intentáis hacer juegos malabares, mezclando estilos…

R. Eso fue una pretensión desde el principio; cuando dijimos que hacíamos rock sin coartadas, pues ya está, rock porque sí, sin que eso signifique algo básico, estúpido o cerrado. Estamos bastante en contra del runrún de la música moderna, juvenil, indie… Todo ese tipo de historias nos repugna un poco (ríen). A mediados de los noventa, lo alternativo era otra cosa. Surgió de una manera más espontánea y sincera, y mentalmente nos quedamos anclados en esa situación. Lo que sucede ahora nos repele muchísimo: las influencias, los discursos de la gente, la literatura de una banda, el juego de las revistas… En otras épocas que nos influenciaron, apenas sabías nada de las bandas, luego las veías, y eran una cosa muchísimo más fresca. Entonces qué hacemos: pues rock. Y que intentamos hacer: canciones. No intentamos hacer discursos sobre las raíces ni la vanguardia.

P. Festival South by SouthWest (Austin), Rock en el Parque (Bogotá), Bienal de Bari, Primavera Sound, FIB… En Andalucía tocáis, pero el boom lo habéis dado fuera…

R. Siempre nos ha ido mejor fuera. En Málaga, la gente no va a nuestros conciertos, ya podemos tocar con un artista internacional… Fuera sí, cuanto más fuera, mejor. Si hacemos un concierto gratis, viene mucha gente, pero si cobramos, no viene nadie. El problema exclusivo no es que no gustamos o no formamos parte del ambientillo, porque nos llevamos bien con muchos grupos de aquí; más tiene que ver con la falta de cultura general de espectáculos en vivo. También es muy difícil de crear una escena como la Seattle, Bristol, Manchester… No tenemos ni una escena mínimanente decente como Granada, Sevilla, Bilbao o Barcelona. En Málaga no creo que vaya a haber nunca una escena. Hay bandas muy buenas, pero hay un problema con el público.

P. ¿Cómo veis el panorama en Andalucía?

R. Bien, se está haciendo un montón de música, pero no aguantamos a los hype. Eso de vamos a convertir a menganito en los nuevos Planetas… Vemos que quieren repetir los mismos errores de hace 15 años. Eso les quita mérito, porque puede que sean propuestas válidas, pero les quieren convertir en algo que no son. Es como el caso de Los Planetas, convertidos en grupo generacional por presión mediática.

P. Pero, ¿se puede luchar contra eso?

R. No, es imposible, de hecho vas a tener problemas. Vas a desaparecer.

P. En una entrevista cuando actuasteis en Texas, dijisteis que en España no hay mercado para el rock & roll, ¿por qué?

R. No hay mercado en España porque aquí la gente es bastante inculta para el rock. Es un estilo minoritario.

P. En los noventa, muchos grupos españoles de rock cantaban en inglés, y luego se pasaron al castellano, ¿por qué no os habéis sumado a ese cambio?

R. No lo vamos a hacer, es como si en el festival de las Minas del Cante de Murcia sale un tío cantando en inglés, sería un estafador. Lo pueden llamar evolución del género, y lo puede hacer con mucho respeto, pero es sólo un intento artístico. Nos tratan de irrespetuosos, cuando es al revés. Empezamos a cantar en inglés porque toda la música que nos gusta es en inglés, y nunca nadie, ni un productor, ni un manager, nos ha dicho nada de si tengo acento al cantar. Aunque lo tuviese, es mi acento. Es un problema de complejos: antes sí era valiente, ahora no… Es un ciclo.

P. Vivís en Málaga, os movéis más en escenarios internacionales, funcionáis al margen de la industria musical española, y cantáis en inglés. ¿No os habéis planteado mudaros?, ¿a Estados Unidos, por ejemplo?

R. Siempre damos la sensación de estar cabreados, pero es que con nosotros le han buscado 100 pies al gato. No nos vamos por trabajo, porque la familia nos necesita, tenemos nuestro trabajo (Fran, de administrativo, y yo, en una productora). Pero lo he pensado 400 veces porque la mentalidad de la gente aquí es estrecha.

P. ¿Sois autodidactas?

R. Sí, y tampoco tenemos gran interés en conocer el discurso oficial del lenguaje de la música. Nosotros creemos en Iggy Pop y en Elvis Presley, pero no en los rollos académicos. No tenemos casi discos de músicos de pop o rock que hayan tenido educación clásica.

P. Lo que tenéis es muchísimo nervio sobre el escenario. Un espectáculo cañero…

R. Es musicoterapia. Vivimos en Málaga, no nos quejamos, no nos vamos a marchar, pero la música nos sirve para expulsar muchas frustraciones: soy yo mismo durante 40 minutos sin cortapisas. Al que le guste bien y si no, que se joda. Hay gente que dice somos demasiado heterosexuales, en plan despectivo. Como que somos demasiado machos, violentos, cañeros; una idea asociada a la masculinidad clásica, pero es un tópico dicho por cuatro chalados.

P. Pero la garra escénica es marca de la casa, ¿qué ocurrió, por ejemplo, cuando actuasteis en Bogotá en 2009, en el Rock al Parque?

R. Nada, pasó lo de siempre: tiré la batería, salté por encima del público con el plato en la mano, y me fueron pasando, hasta llegar al control de sonido. Sólo que fue espectacular porque había más de 50.000 personas viéndonos.

P. De la formación original, que erais tres (y luego ha ido entrando y saliendo gente), ¿quiénes sois hoy Tom Cary?

R. Pablo Garrido y Fran Verdugo. Javi Muñoz es un histórico, pero nosotros llevamos el peso de las composiciones. Javi ha estado muchos años, pero ya no le compensa por cosas como lo que nos pasó en 2009 en Venezuela… Dimos un concierto y, como cantábamos en inglés, unos cuantos nos gritaron traidores, que cantábamos en gringo; yo (Pablo) me levanté con el platillo, me engancharon cuatro gorilas, hubo tangana, vino la policía… Los de la organización nos llevaron al hotel. Y después de todo eso, nos pusimos malos: tuvimos la gripe A, no podíamos salir del país, estábamos en cuarentena, y el productor se quitó de en medio, nos quería meter malos en el avión. Por estas cosas, Javi dijo que era demasiado para él. Nosotros estamos más ‘chalaos’.

P. Después de Albini, estuvisteis un año de gira por ganar el Premio Circuito Pop Rock Andaluz, y grabasteis un recopilatorio de caras B llamado Grace of the pure heart. ¿Cómo va la gestación del segundo disco?

R. Queríamos volver a grabar con Albini, pero encontramos un local y elegimos invertir el dinero en montar allí un estudio, porque antes estábamos en una sala de ensayo compartida. Compramos el equipo de grabación, hicimos unas cuantas maquetas, y ahora estamos con la producción disco. Falta masterizarlo. Pensábamos q iba a ser frustrante, teníamos 25 canciones… Ahora tenemos 11. Si el anterior álbum era positivo, este va a ser negativo, negro, también en el diseño.

P. ¿Cómo se traslada un directo tan eléctrico a un disco?

R. No podemos llegar a traducir la violencia del directo al disco. Les pasaba a Deep Purple, The Who o The Stooges. Sí podemos ser cañeros, y lo vamos a ser más que en el primer disco. Más loco, más cambiante, más intenso, más cercano. Es una cosa sobre la que teorizamos un montón. Lo que sí hemos tratado en el disco es que la canción tenga planos, subir de un nivel a otro, ir de un punto de ruido a otro. Como lo hicieron Primal Scream, Beastie Boys, o Flaming Lips. Hemos conseguido aprender que lo que necesitamos es tratar muy bien el espectro de frecuencias, está muy trabajado, con sintetizadores y cajas de ritmos, con baterías reales a las que hemos sumado bombos electrónicos. Es una arquitectura distinta al directo, quizá el oyente no se dé cuenta… La verdad es que somos concienzudos y cabezones en la visión artística del asunto. No me considero músico, a veces no me sé ni las notas. Lo que queremos es que la gente en directo capte un mensaje: ultracañero o ultrasuave. Intento traducir lo que tengo en la cabeza, y nuestro único mérito es que, al final, el mensaje llega. El nuevo disco cierra una época.

P. ¿Qué ha pasado para definir el segundo disco como un punto de inflexión?

R. Ha sido un proceso bastante quemante para todo. Tom Cary hemos tenido una carrera súper extraña, con picos arriba y picos abajo. Javi, Miguel, Marcelo, Matías (músicos que han tocado en la banda) son gente con la que tenemos muy buena relación, algunos incluso aparecerán puntualmente en algunos temas del disco nuevo, pero han sido muchísimos trompicones desde que empezamos. Cuando ganamos el Proyecto Demo éramos malos, sólo intentábamos pasarlo bien. Después fuimos a Chicago con Albini, después un año parados empezamos a girar… Lo bueno es que con Fran siempre tengo ganas de hacer más música: ahora nos hemos dado cuenta de que tenemos muchos más horizontes, de que como productores tenemos más posibilidades, incluso en el formato, para que sonemos más electrónicos. Tom Cary tiene coherencia, lo que sí, a nivel personal, quizá necesito tomar aire, pero paralelamente, no dejaría el grupo.

P. Llegados a este punto, ¿cuál es el orgullo de Tom Cary?

R. Hablando seriamente, los únicos logros son que hemos grabado con Albini siendo de Málaga, cuando sólo lo han conseguido tres o cuatro bandas nacionales (además, un buen disco); lo del Rock al Parque, que fue un pelotazo porque actuamos ante 50.000 personas en el festival más grande de América Latina, sin promoción; dos visitas al South by Southwest, y ciertas apariciones, como haber girado con Sonic Boom. Y también, cómo han sucedido las cosas: sin managers, sin agencias de prensa, sin conexiones con peces gordos de festivales… Creo que debería darle qué pensar a mucha gente… Aunque sigamos siendo una cosa rara, lo nuestro es inexplicable.

P. ¿Por qué ese rechazo a la industria musical?

R. Existe una perversión por lo políticamente correcto. Hay gente que ha convertido la esencia de hacer las cosas en una mentira. El Indie ha hecho muchísimo daño y se ha cargado lo último que quedaba. Desde el 2000, la mercadotecnia ha tenido el afán por vender y se ha pasado por encima muchas cosas. No hay nada nuevo, todo está hecho, y la postura de muchos músicos es venderse al precio que sea con campañas de promoción salvajes. Esto son síntomas de que la industria se ha venido abajo, de que el término ‘coherencia’ ha pasado a mejor vida. Dentro de unos años, se analizará esta época como la muerte del rock & roll, ha sido una bomba atómica sobre la industria.

P. Si detectáis ese problema, ¿qué solución le dais?

R. Los que quieren dedicarse a ganar dinero, que hagan un producto netamente comercial, que no confundan. Los que sé quieran dedicarse a hacer música, que sean coherentes, que sigan el ejemplo de las comunidades underground.

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Discografía


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