Reseña: Tynset
La novela casi no es una narración. Apenas hay una historia que contar. Como las eternas noches del ártico, así es la noche en vela que pasa el protagonista. Y es en el Ártico donde se encuentra Tynset, una estación de paso entre Hamar y Stören que el insomne elige para escapar al hojear una guía de ferrocarriles de Noruega: su única esperanza. Elige Tynset por la sonoridad de su nombre y es que la música es casi un personaje más en la novela, en la que los nombres de Mozart y Beethoven aparecen con frecuencia y en la que el autor se atreve incluso a transcribir los sonidos de la muerte. No es de extrañar, dado que Hildeheimer era un famoso melómano que realizó la biografía de Mozart, su obra más conocida. El protagonista, del que no sabemos ni su nombre, confiesa que se dedica a llamar por teléfono a varios desconocidos, elegidos al azar entre las páginas de una guía telefónica. En las llamadas les advierte de que han sido descubiertos y les aconseja huir. Ninguno de ellos defiende su inocencia. Ni siquiera preguntan de qué se les acusa. Ese sentimiento de culpabilidad universal, que podría encontrarse también en La caída de Albert Camus, refleja la situación de Alemania tras las matanzas de la guerra. En su soledad, el personaje central está acompañado por Celestina, una criada borracha y santurrona, por el fantasma del padre de Hamlet y por todos los fantasmas de quienes pasaron por la enorme cama del desvelado, un lecho en el que caben hasta siete personas y que había pertenecido a un hostal de carretera. Las historias de estos espíritus, como Gesualdo, el príncipe asesino y músico de Venosa, se entremezclan con los recuerdos del protagonista en una composición literaria que tiene mucho de musical. El misterio y la duda acompañan al lector a través de las páginas del libro. No sabemos si todo lo que nos cuenta el protagonista es cierto o sólo una broma. Pero, como se recalca en uno de los pasajes “nadie espera una respuesta. Todo es ya respuesta. Nadie pregunta, ya nadie sabe que en realidad se puede preguntar”. La propia Tynset es también un misterio, un lugar que parece esconder algo al protagonista, como también parece esconder algo la novela. A pesar de lo angustioso del sentimiento que impulsa al insomne, que parece buscar la muerte al llegar la madrugada, el autor logra otorgar a Tynset un toque irónico, un humor casi invisible. Por último, destacar el prólogo del cordobés Vicente Luis Mora, Director del Centro del Instituto Cervantes en Albuquerque y estudioso de la literatura española contemporánea, que hace de buen anfitrión de la novela y tiene la cualidad de animarnos a leer más a Hildesheimer. |
Bibliografía
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Este artículo fue subido por Lakshmi I. Aguirre el 2 Enero 2009 a las 12:46.
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