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Cómo aprender Kitesurf en Tarifa

El primer mito que derrumba aprender kitesurf es que es un deporte para ‘cachas’. El segundo es obvio: todos piensan que es un deporte de hombres y en cambio cada vez más chicas dominan el viento para disparar la adrenalina. Te damos el mayor impulso para perder el miedo a un deporte fascinante y dominar la cometa. ¿Dónde mejor que en la capital del viento?

Por: Julio Ruiz

Cinco días de cometa
Ubicación: Tarifa (Cádiz). Durante todo el año, pero especialmente desde mayo a octubre
Destaca por: disparar la adrenalina, disfrutar del mejor paisaje y alegrarte el día
¿Sabías que? la mejora técnica de las cometas permite que sea un deporte cada vez mas común entre las mujeres

Cuando uno se acerca a la playa con la firme convicción de aprender a volar sobre las olas, lo primero que ve, sobre todo en Tarifa, son islas de personas alrededor de la bandera de cada escuela de kitesurf atizada por el viento y por la arena que levanta. Tratan de subirse a él, de domarlo. “Hay que tener narices para eso”, es el primer pensamiento que cruza la mente. Mientras te decides, kitesurfistas experimentados pasan como pájaros que vuelan libres, mostrando lo que aún eres incapaz de hacer. En cambio, la primera vez probablemente acabarás tragando jugosos buches de agua salada. ¿Cómo pueden hacer que parezca tan fácil? Tranquilo. Sólo necesitas en torno a cinco días para lograr avanzar sobre el agua y que el gusanillo te revuelva las tripas con una sonrisa. “El kitesurf te cambia la vida. Para bien o para mal. Y comparado con el skate, snowboard o el windsurf, es muy fácil”, resume Ingo Maes, director de la escuela Dragon Tarifa.

El primer día el alumno está en la arena para sentir el viento, la reacción de la cometa y cómo debe jugar con su propio cuerpo. Al segundo día y poco a poco se acerca a la orilla para atravesar las olas, siempre sin quitar la vista de la cometa. Al principio, de tanto mirar al cielo puedes padecer tortícolis, estás avisado. Además, te sentirás el ser más torpe del mundo. “Cuando subes todo va muy rápido y la primera vez siempre te caes. Es bastante físico y se cansa uno”, confiesa José María Salgado, que acude cada verano a Tarifa desde Suiza con Adrián y Bruno, sus dos hijos de 13 y 16 años.

El kitesurf se aprende con un sistema muy sencillo que divide el cielo entre las nueve y las tres de un reloj. Sobre la arena, a las doce en punto la cometa se mantiene estable y el viento no tira de ella. Entre el segundo y el tercer día el objetivo es dominar la cometa con una sola mano y mantenerla en diagonal al mar. Finalmente, una vez que dominas la cometa llegas al water start para aprovechar la fuerza del viento que te levanta una vez te has calzado la tabla. Con el primer impulso, se trata de mantener un pie delante y otro detrás, hasta lograr mantener el equilibrio. “Después de cuatro días avancé diez metros en el agua y ya no quería salir. !No quería parar nunca!”, dice entre risas el británico Nick Thames. Damos fe de ello.

Aprender kitesurf es también una historia de superación de miedos. Hay que coordinar hasta cuatro movimientos a la vez, la fuerza del viento a veces parece incontrolable, estás rodeado de otras cometas en sólo 500 metros de playa… pero el castillo del miedo se derrumba. “Hombre, hay gente que tiene dos manos izquierdas, pero se quedan siete días y aprenden”, ríe Sam Teplickz, instructor eslovaco de 27 años. “Es un pelín más complicado para las chicas, pero sólo porque están más preocupadas por la seguridad que los chicos, no por la fuerza física”, añade.

¿Consejos? Evita los fines de semana del verano, cuando la playa sufre más trafico. Antes de bajar a Tarifa confirma la previsión del viento para que no pase de 25 nudos, ya que a partir de esa cifra se hace demasiado complicado aprender. Los mejores meses para aprender son mayo, junio y septiembre. Nunca olvides el casco al coger la cometa. Y siempre apúntate en una escuela homologada. A la larga, compensa. Después de dar el salto, todo el equipo (tabla, traje, arnés, flotador, chaleco, casco, barra y cometa) puede rondar los 900 euros de segunda mano y los 1.500 euros por un equipo nuevo. La diferencia con el esquí es obvia. En la arena no hay forfaits (pases para el esquí, a 35 euros por día).

Ni el gasto económico ni las agujetas del día siguiente te importarán cuando vuelvas a tierra con la sensacion del vértigo por la velocidad. Con el kitesurf el “si quieres, puedes” no deja lugar a dudas.


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