Proyecto Avanti
El entusiasmo ubica al Proyecto Avanti. Desde la calle Realejo, se ve a unos niños que botan en unas escaleras al final de la larga calle María Auxiliadora, canturrean a grito pelado, inconscientes de que ejercen de coordenadas físicas del teatro. En el interior, sobre el escenario, un círculo de adultos se echa a llorar. La actuación, la eterna farsa que pretende ser creíble, ha comenzado. Esta escuela es la última iniciativa de una panda de payasos. Los mismos que se convierten en Los Wilson para hacer reír a niños hospitalizados, han montado un centro no reglado en el que 120 personas, de 5 a 50 años, aprenden a ser ficción. La escuela, que termina ahora su primer curso, es el último proyecto de Julián Molina, Daniel Ceballos y Paco Santofímia, promotores culturales que programan, gestionan espacios escénicos y eventos varios, y producen animación y teatro. Es el Proyecto Avanti. Una iniciativa que arrancó en 2005 porque, aunque “Córdoba tenía un espacio oficial que llevaba 20 años funcionando”, Molina y sus compañeros creyeron que necesitaba otro. Una alternativa que crece.
Un equipo de seis personas organiza las actividades del proyecto. A veces, esta cifra se dispara hasta superar la docena, entre docentes de la escuela y colaboradores puntuales para el resto de eventos, como sucede con el Teatro-Circo de Puente Genil, la Muestra de Teatro de Aficionados, o con la cabecera inaugural del festival Cosmopoética. “En este tipo de actividades, se recurre mucho al factor humano”. Algo que se ha comprobado también con la escuela teatral. Cuando diseñaron los programas, en verano de 2010, no imaginaron una lista de espera, pero de seis cursos iniciales, pasaron a ofrecer nueve. “Sin tener colaboración con la Administración, no podemos abarcar más. Pero estamos viendo la posibilidad de aumentar en el próximo curso…”. Tres grupos de infantil, dos juveniles (uno en inglés), otro de adultos. “La media de edad ronda los 28 años”. En general, es su primera experiencia teatral. Lo fundamental, según Molina, es transmitirles amor por el teatro. Las clases se centran en la interpretación, pero no exclusivamente, también voz, iluminación y sonido. Con los más pequeños han apostado por los monográficos, que si títeres, que si marionetas, que si payasos… “Una variedad para que tengan presente que hay muchas maneras de llegar al público”. La atención a los niños es intencional. No es un trabalenguas. Afirma que cuando empezaron a programar, en 2005, la oferta teatral infantil en Córdoba era escasa. “A lo mejor, una vez al mes”. En la actualidad, “¿sin contar a Avanti? … Está igual”. Así que ellos programan, dentro y fuera del teatro, para los pequeños. “Entre adultos, no hay público de teatro. Se recurre a actividades mediáticas, algo fácil; lo único que se necesita es dinero para contratar un nombre, pero cuando eso no se tiene y hay que programar actividades no conocidas, es más complicado”. Y aquí viene el paréntesis. “El público infantil y juvenil es más fiel, no hace distinción entre una obra y otra”. Y esos espectadores, que hace cinco años eran críos, ahora se unen a las actividades de Avanti. “Eso nos parece asentar la base”. Unas 160 producciones anuales de teatro, música y danza. “Hay que aprovechar el espacio al máximo. Hay muchos días en lo que hay hasta tres representaciones”. Algunas son propias, pero la gran mayoría son producciones ajenas. “Intentamos dar una oportunidad a artistas de Córdoba, andaluces… Creemos que hacemos mucha cantera para artistas que quieren convertir esto en su actividad”. Cantera a través de la producción propia, con la escuela de teatro; cantera con la producción ajena, con la Muestra de Teatro de Aficionados, que acaba de pasar su quinta edición. “Ese es el comienzo de todo, incluso el mío, luego ves posibilidades y quieres hacer de esto tu profesión”. Lo dice un clown que proviene del teatro clásico. Con la compañía Los Wilson, otra de las iniciativas de Proyecto Avanti, llevan años convirtiendo lunas menguantes en medias lunas: haciendo sonreír a niños. Tres días por semana, en el hospital Reina Sofía de Córdoba, se plantan en el preoperatorio, o van a consultas externas de oncología infantil. Son los médicos de la risa. Pequeños e irrepetibles números de cinco a diez minutos, pura psicología: “Lo que acabas de representar en una habitación no te sirve en la otra…Yo no sé curar ninguna enfermedad, pero cuando haces memoria de lo que estás haciendo en vida, esto es muy agradecido. Yo creo que es lo máximo”. Molina está convencido de que todos podemos ser idealistas y así plantea el proyecto Avanti: “Hay una queja perpetua porque esperamos que nos solucionen los problemas y es algo que observo en cualquier sitio. De un tiempo para acá, siempre digo: bueno, a qué esperas, tu qué haces para mejorarlo”. |
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1 comentario
No lo conocía… Tendre que viajar a Córdoba más amenudo. Me gustaría conocer ese panda de payasos. ¡Enhorabuena por el trabajo!