Tertulia Andaluza Versión para imprimir print Imprimir

Málaga

La reina del mar lucha por recuperar su trono. En constante metamorfosis, Málaga tiene contrastes marcados sin apenas grises, a modo de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. La ciudad rezuma buenas intenciones en un bosque de cultura y caos sureño que por fin se va resolviendo para abrirse al Mediterráneo.

Por: Lakshmi I. Aguirre

Capital de la Costa del Sol
Población: 561.250 habitantes
Término municipal: entre el río Guadalhorce y el Guadalmedina
Destaca por: su luminoso clima y los acusados contrastes
¿Sabías que? la llegada del AVE ha acentuado el carácter cosmopolita impreso por los extranjeros a la ciudad

“Málaga naufragaba y emergía…” escribe el poeta Manuel Alcántara en uno de sus versos. Y no se equivoca. Ciudad de contrastes, de blancos y negros sin escala de grises, la ciudad en la que nacieron y conviven los antónimos. Aturdidora, desordenada, trasnochada y castiza, pero también vanguardista, poliédrica, audaz y cosmopolita.

La Ciudad del Paraíso según soñó Vicente Aleixandre tiene un carácter difuso y menos definido que el resto de capitales andaluzas. Pero no menos luminoso. La segunda ciudad del Sur cobró su gran dimensión tras el aluvión del desarrollismo de la posguerra y el boom del turismo, y esto forjó su carácter actual. La gran mezcla de vecinos del interior y extranjeros -rondan los 30.000 (el 6% de la población)- que acudieron al disfrute de la costa y la búsqueda de la prosperidad económica devino en un carácter abierto, cosmopolita a su manera y en búsqueda permanente. “La autoestima de la ciudad ha subido mucho, al ritmo que los complejos desaparecían”, ilustra el galerista Alfredo Viñas. En las conversaciones callejeras, los corrillos, reina el clima. Es su impecable tarjeta de presentación, que dice capital de la Costa del Sol, y donde los vecinos tildan con orgullo los días nublados de excepciones.

Málaga avanza, pero la lentitud de los proyectos es patente: “Ese Teatro Romano que lleva 15 años en obras… ¿es de buen rollo o puro pasotismo?”, se pregunta con ironía la traductora María López. “No cabe duda de que ha habido una mejora, pero la dejadez en cuestiones estéticas y de civismo deja una sensación de Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, añade. Algunos barrios permanecen sumidos en una marginación extrema, como el de la Palmilla, territorio comanche para la inmensa mayoría.

Sin embargo, pese a la larga lista de deberes, el estirón de la ciudad en la última década es innegable. La llegada del AVE disminuye la histórica sensación de periferia y la ciudad se ha quitado la poca caspa que le quedaba. Es el disparador de una metamorfosis que incluye la ampliación del aeropuerto, la puesta en marcha del metro para reducir los continuos atascos y la transformación del puerto para acoger grandes cruceros y ampliar su oferta turística. “No he estado aquí en 50 años y ahora me pierdo a cada momento”, ilustra el pintor Miles Richmond. Málaga es una ciudad de servicios con la construcción y el turismo como sus dos generadores vitales de empleo. Mientras, el Parque Tecnológico crece a medida que decae el ladrillo y se transforma la economía.

Diosa de la Mar es lo que significa Málaga etimológicamente, lo que no deja de resultar irónico, ya que durante años la ciudad ha vivido de espaldas al agua. Ahora intenta paliar esa carencia. Los grandes proyectos intentan abrir los paseos marítimos y mejorar la calidad de las playas. Dentro del impulso de cambio, sobresale el deseo de desterrar para siempre el desierto histórico cultural que fue antaño. “Málaga, ciudad de mil tabernas y una sola librería”, decía el tópico.

Málaga naufraga y emerge, pero la reina del mar lucha por recuperar su lugar en el trono.