Tertulia Andaluza Versión para imprimir print Imprimir

Sevilla

Sevilla se abre al mundo desde las riberas del Guadalquivir, un río por el que entraron y salieron civilizaciones e ideas durante siglos. Una ciudad marcada por la tradición de un pasado glorioso, pero también por el afán de renovarse sin destruir sus esencias. Sevilla atrapa por su belleza y su vivir aún pausado, con las ventajas de una gran ciudad.

Por: Cecilia Bogaard

Capital de Andalucía
Población: supera los 700.000 habitantes, aunque el área metropolitana de la ciudad aumenta la cifra hasta casi el millón y medio
Término Municipal: 140 km2 que se extienden por el valle del río Guadalquivir, prácticamente a la altura del nivel del mar, lo que hace el río navegable
Destaca por: Su catedral con la Giralda, el Archivo de Indias, el Real Alcázar, Semana Santa y su entorno son monumentos Patrimonio de la Humanidad

Sevilla es como una bella dama que se mira de forma permanente al espejo para asegurarse de su belleza, pero a la que cuesta renovarse e introducir cambios. En los últimos años ese proceso de renovación se ha hecho imprescindible, pues la calidad de vida de sus habitantes o la majestuosidad de sus principales monumentos se estaba deteriorando. Un proceso que provoca críticas y algún rechazo, pero que los propios sevillanos acaban aceptando, muchas veces incluso con el entusiasmo propio que está en la esencia de la ciudad.

Sevilla es como una bella dama porque le gusta acicalarse para otros y mostrarse hermosa en público. Es una ciudad que abraza con fervor las representaciones en la calle: por eso la Semana Santa [1] o la Feria de Abril son sus máximas fiestas. Dos manifestaciones multitudinarias en las que el arte religioso y el recogimiento (en el primer caso) y el pintoresquismo y la alegría profana de la primavera (en el segundo) se apoderan de la ciudad durante una semana y la paralizan, la disfrazan y la transforman. Una semana en la que “toda” la vida se hace social, en la calle, a la vista. Es en el siglo XIX cuando los escritores, músicos y artistas románticos descubren que Sevilla y el resto de Andalucía son la esencia exótica de una España más austera. Desde entonces esa idealización se ha mantenido de muchas formas. Y a la propia Sevilla, y a muchos de sus hijos, les ha gustado y han querido que esos tópicos que le dan personalidad perduren en el tiempo.

Pero las últimas décadas han sido fundamentales para propiciar el cambio que comienza a vislumbrarse. La ciudad ha dejado de ser provinciana desde que se convirtió en capital de la Comunidad Autónoma. Los acelerados cambios sociales y el rápido crecimiento económico de todo el país están moviendo los cimientos de Sevilla. Es la hora en la que llegan miles de trabajadores extranjeros y no sólo turistas de paso un par de días para contemplar la belleza de sus palacios o escuchar flamenco en un tablao. Es la hora en la que los transportes públicos se renuevan y las infraestructuras recuperan la ciudad para sus habitantes y a la vez la abren más al mundo globalizado de hoy. La bella dama no quiere cambiar su esencia, pero sabe que debe cambiar su piel. En eso está Sevilla.

“Así equipados y servidos, salimos a paso lento de la bella ciudad de Sevilla a las seis y media de la mañana de un radiante día de mayo, en compañía de una dama y de un caballero, ambos conocidos nuestros, que cabalgaron con nosotros unas millas y se despidieron según la costumbre española.”
(Washington Irving, Cuentos de la Alhambra)