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Paperbox

No es ni una caja ni es de papel. Es, por imposible que parezca, un edificio creado por un trío sevillano basado en el Origami japonés. El proyecto ganador del Concurso Internacional para Arquitectos Menores de 35 Años de la UIA demuestra que combinar sostenibilidad, diseño y rendimiento es posible.


Por:  Antonio Palacios
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Edificio arquitectónico contemporáneo
Nació: en 2008
Arquitecto: Juan José Cruz Martínez, Alberto García Castro e Ismael Páez Jurado
Ubicación: Turín
Destaca por: haber sido galardonado con el Primer Premio de Concurso Internacional para Arquitectos de la UIA
¿Sabías que? ha sido seleccionado entre 460 propuestas de 49 países diferentes

Juan José Cruz Martínez, Alberto García Castro e Ismael Páez Jurado son los tres sevillanos ganadores del concurso para arquitectos menores de 35 años, convocado por la Unión Internacional de Arquitectos (UIA). La organización retaba a construir un ‘Info Point’ -un punto de información y encuentro- en la intersección de la Piazza Castello y la calle Pietro Mica de Turín. Pero no esperaban recibir un proyecto tan original como el Paperbox presentado por los tres andaluces, un sencillo edificio que se inspiraba en el arte de la papiroflexia.

Paperbox (la caja de papel) es un edificio móvil, un requisito del concurso, construido con tableros de fibra de madera de densidad media sobre una estructura muy básica de piezas de acero. Sus formas lisas y blancas dan la sensación de que se trata de una figura de papel. “La idea de la papiroflexia surgió como una respuesta a nuestra concepción del uso, al carácter efímero del pabellón”, apunta Cruz. Su compañero García Castro añade que “la necesidad de hacer un pabellón efímero nos llevó a pensar en una arquitectura que se plegase y desplegase, que cubriese las necesidades en lugares distintos”.

Esta construcción, que quiere ser una figura de papel, remite al arte oriental del Origami, una influencia japonesa que Cruz admite. Pero los arquitectos apuntan que el proceso fue inverso, en vez de manipular un material hasta obtener una forma geométrica sencilla, ellos partieron de una caja para, añadiendo todo tipo de detalles, obtener un edificio lleno de expresividad y matices.

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En el interior de la Paperbox, a través de lucernarios y paredes de vidrio, se juega con la luz que llega al interior. Quizá esta sensibilidad, como aclara García, venga de cómo se trata la luz en las casas andaluzas, ya que “de toda la vida ha sido matizada o tamizada hasta llegar a los espacios interiores”. Cruz añade otra cuestión, la del ahorro energético: “El aprovechamiento lumínico y energético nos lleva a un gran dilema de la sociedad actual como es la sostenibilidad. En nuestro caso, si este tipo de cosas están pensadas desde el proyecto, de forma global, hay un gran camino recorrido”.

Uno de los últimos requisitos del proyecto era que fuera un “transmisor de arquitectura” y sirviera de punto de información. La solución dada por estos tres arquitectos también fue sencilla y ocurrente: los vidrios que por la noche cierran el recinto irían serigrafiados y, además, una pantalla interactiva transmitiría los diferentes eventos del congreso. Paperbox también tiene en cuenta su emplazamiento. Para evitar el ruido del tráfico proveniente de la calle Pietro Mica, ese lado del pabellón se ‘repliega’ para ‘desplegarse’ hacia la Plaza Castello. Esto permite que desde el interior del edificio se pueda dominar la Piazza, sin estar expuestos al exterior.

En el fallo del jurado se resalta la “fuerte expresividad, la pureza y la elección de materiales”, así como la “ingenuidad” del proyecto. Para García, “su aparente ingenuidad es un guiño a su complejidad real, puesto que el pabellón responde a muchas cuestiones diferentes: su uso, sus posibles futuros usos y ubicaciones, su carácter efímero y su no renuncia a un lugar tan específico y emblemático como la Piazza Castello de Turín”. Ismael Páez recalca que ” hoy en día, la arquitectura de lo efímero es un tema monográfico interesante; se plantean concursos de este tipo con mucha frecuencia, incluso de carácter internacional como este de Turín, y algunos tienen muchísima repercusión”.

Estos tres arquitectos andaluces, de los que tan sólo uno supera la treintena, trabajaron en su tiempo libre para presentarse al concurso. Todos ellos trabajan en un estudio y los proyectos que suelen llegar a sus manos son encargos que no les permiten crear nada parecido a Paperbox. De ahí que empezaran a presentarse a concursos de arquitectura para dar más espacio a su creatividad y para demostrar los conocimientos adquiridos en la Escuela de Arquitectura de Sevilla. Como comenta Cruz, “nuestra principal relación es que desayunamos juntos. A esos cafés y medias con aceite y tomate les debemos, en parte, que nos animáramos a participar en este tipo de proyecto”.

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