Asociación Vida, Desarrollo y Solidaridad (Videsol)
“Mi escuela es un lugar sencillo, lleno de árboles frutales, donde cualquier ser se sentiría feliz. Yo me siento dichosa de estudiar aquí”, escribió una alumna en un panel que construyó junto a su clase para celebrar el séptimo aniversario del colegio Virgen de Guadalupe, en Tarapoto, Perú. Es el reflejo del trabajo de la Asociación Videsol expresado a través de la voz de sus protagonistas: los niños. “Tengo la esperanza de que con tus enseñanzas seré alguien en la vida”, escribió otro. El centro está ubicado en el asentamiento chabolista de La Victoria, en plena selva amazónica. En un paraíso con trampa donde el agua que corre río abajo lleva la gasolina de los hombres que limpian sus motos y el jabón de las mujeres que lavan la ropa antes de que los niños se bañen en ella; donde tras los árboles infinitos que refrescan el ambiente se esconden mosquitos y serpientes; donde después de una fascinante tormenta, lo que queda es un colchón mojado sobre el que seguramente acabará durmiendo alguna persona esa noche. Allí, el sol y la lluvia arrasan con la misma fuerza, no hay agua potable y se ven todas las estrellas porque apenas hay instalación eléctrica. Entre millones de frutas deliciosas, se pasa hambre. En la escuela están a salvo.
Virgen de Guadalupe fue soñada y creada por el peruano Francisco Vargas y la andaluza María Jesús Bono, actual presidenta de la asociación en España. “Estábamos tomando un café en la selva y empezamos a imaginarnos una experiencia piloto que consistiera en impartir educación con muchísima calidad en áreas donde las necesidades fuesen evidentes. En dar respuesta formativa y social donde no hay ningún recurso”, explica Bono. Y juntos empezaron a trabajar. Firmaron un convenio como sociedad civil con el Ministerio de Educación de Perú, que financia los 14 profesores con los que cuenta el cuerpo docente, y una psicóloga. Lo demás depende de la asociación, que aprueba anualmente controles externos de calidad. “Nuestro objetivo es llegar a autofinanciarnos y no depender de nadie, aunque aún hay muchísimos niños en la calle. Con los beneficios que obtengamos de la carpintería y la panadería pretendemos no necesitar más ayuda exterior y mantenernos. Y poder ofrecer becas para ir a la universidad a nuestros propios alumnos. Esa sería mi ilusión”, detalla Bono. Así nació la Asociación Videsol, que tiene dos sedes, una en Perú y otra en España, con colaboradores anónimos. Y aunque la crisis económica ralentiza su labor, los principios están claros: la preferencia para abrir una matrícula recae en la familia con menos recursos, independientemente de su credo o religión. “A mí no me importa que sea una escuela de pobres, como me dice la gente. Yo sé que mi hijo recibe la mejor enseñanza”, destaca una madre con firmeza. A la sombra de gigantescos mangos de más de 15 metros que ofrecen la posibilidad de tomar algo de fruta a niños y vecinos, está la escuela; allí padres e hijos conocen las palabras empatía, autoestima, respeto a las personas y al medio ambiente. Aunque no siempre se ejerza. Los índices de violencia doméstica son altísimos. “Videsol trabaja con dos objetivos claros: educación de calidad y desarrollo integral de las familias. Para que no haya desfases entre la formación escolar y las realidades tan duras que viven los niños”, explica Doris Sánchez, presidenta de la asociación en Perú. El perfil de los padres es difícil. Hay presidiarios, delincuentes, personas juzgadas por narcotráfico, ex miembros de grupos terroristas… Y la mayoría pegan continuas palizas a sus niños porque consideran que es una medida correctiva. Por eso, la convivencia en la escuela y las charlas a los padres, que son obligatorias, son fundamentales para la coherencia formativa entre familia y escuela. “Erradicar la violencia es lo que más trabajo nos cuesta. Pero estamos mucho mejor que en 2002″, destaca Sánchez. El comedor que ha puesto en marcha Videsol es un punto de encuentro para hacer coincidir criterios entre padres y escuela. “La convivencia debe ser el mejor espacio para estudiar”, explica Sánchez. Cada día se sirve desayuno y comida a los alumnos; y todos los padres colaboran por turnos en la cocina y el servicio. El menú se elabora cuidadosamente, viendo que cada semana tomen al menos una pieza de fruta, carne, arroz, pescado, verduras de distintos tipos y leche. Los lunes los niños devoran lo que les sirvan, no siempre comen durante el fin de semana. Están alimentados, y todos van bien aseados a clase. Aunque después se manchen sus uniformes jugando o cultivando plantas. Aprenden a reciclar y respetar el medio ambiente, uno de los valores más repetidos en clase. Cada alumno ha plantado un árbol en la escuela y tiene que ponerle su nombre y cuidarlo con cariño. Aunque no todos los niños reciban esa atención en su infancia. Varios chicos ya han tenido que dormir en la calle para huir de sus padres; a otros les han abandonado; muchos trabajan, y la mayoría han tenido marcas de correas en sus diminutos cuerpos. Pero ningún inconveniente hace perder fuerza y energía a los protagonistas del proyecto. Los dieciséis niños guadalupanos de la selección de fútbol sub12 se han alzado invictos con la copa de mejores jugadores de toda la provincia. Lo consiguieron aunque fuera imposible presumir de tener las zapatillas más adecuadas para el juego. No podía ser casualidad, ni para los pequeños futbolistas, ni para el proyecto que engendró Videsol, que la escuela esté situada en un lugar visionariamente llamado La Victoria |
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¿Cómo llegar?
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Asociación Videsol |
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2 comentarios
¿Quien lleva la asociación en Sevilla?
La asociación en Sevilla la lleva María Jesús Bono.
Puedes llamarla a este número de teléfono: 955685589
Gracias por tu interés.