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Alicia Núñez

Héctor Garrido realiza una nueva entrevista de su serie Ojo por Ojo. Diálogos sobre la fotografía. En esta ocasión, nos presenta a la fotógrafa onubense Alicia Núñez: Alicia a través del tiempo.


Por:  Héctor Garrido (CSIC)
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Fotógrafa
Nació: en Huelva
Ubicación: Granada
Destaca por: su compromiso con la fotografía y su pasión por África

A nuestro alrededor el tiempo pasa desapercibido, raudo, inasible. Transcurren los días en una sucesión imparable. Pues si vemos lo presente / cómo en un punto se es ido / y acabado, / si juzgamos sabiamente, / daremos lo no venido / por pasado*. Atrapar el tiempo ha sido uno de los sueños del hombre. Recogerlo, allá donde las cosas ocurren y llevarlo consigo para poder hacer uso de él más tarde, en otro tiempo. Y es en eso que anda jugando mi amiga Alicia.

Alicia Núñez, onubense afincada en Granada, se formó como psicóloga y el tiempo la convirtió en viajera. El mismo tiempo pasó fugaz ante ella mostrándole mundos que se esfumaban sin dejar rastro y entonces se arropó con piel de fotógrafa “en un afán de retener el tiempo, de plasmar en fotografías todo aquello que me gustaría guardar en la memoria para siempre”.

entrevista alicia nunez

Su último compilatorio, bajo el nombre de Surmas: el tiempo detenido comenzó en Sevilla su itinerancia en forma de exposición y ha sido publicado en forma de libro por Lunwerg. Los Surma, o Suri, viven aún al suroeste de Etiopía. Menos de 50.000 personas que aún cultivan sus signos de identidad. A nuestros ojos occidentales son llamativos por el modo en que esculpen sus cuerpos con pirograbados, cicatrices, pintura y finalmente incrustaciones de formas cerámicas en labios y orejas. Pero tras ese velo colorido hay hombres y mujeres con historias individuales, con una grandísma carga histórica y, sobre todo, con un incierto futuro.

El tiempo esta vez no juega con ellos. Y por eso Alicia Núñez ha querido detenerlo. Hacer de su cámara un arma más que, en el rugir de las cañas del baile bélico de la Donga, ha crujido y chasqueado como una caña más. Pero mientras los guerreros surma regresaron al día siguiente a su ganado y sus tareas, viendo cómo el tiempo alejaba la donga de ayer, Alicia la mantuvo caliente, en cocción, casi dos años, hasta que por fin ahora se ha decidido a compartirla con nosotros a través de su exposición y de su libro. El tiempo detenido. Ahora sí.

P. Pero, quién hay detrás. Qué es lo que lleva a una mujer europea a desaparecer en África con una cámara fotográfica como única arma. ¿Cómo y cuándo empieza esta aventura?

R. Empecé con la fotografía muy joven, cuando era adolescente y tenía, junto a unos amigos, un pequeño laboratorio casero donde revelábamos las fotos que hacíamos en blanco y negro. Aquello parecía alquimia, nos hacía sentirnos un poco brujos y el plasmar y atrapar la realidad en un papel era pura magia. Y aquella magia se apoderó de mí y desde entonces la fotografía es mi gran pasión.

P. ¿Y qué es lo que le pides a la fotografía?

R. La fotografía que más me gusta es el retrato. Miradas capaces de atraparte y no soltarte. Imágenes que te dejen huella, que cuando has dejado de verlas tengas que volver atrás para observarlas nuevamente porque aún tienen que decirte muchas cosas, trasmitirte sus vidas, hacerte reflexionar, generarte preguntas y desear saber más sobre la persona retratada. El retrato debe ser capaz de establecer un diálogo entre el espectador y la persona fotografiada.

P. Pero la buena fotografía se hace desde dentro, mediante la transformación de uno mismo. ¿A qué te ha llevado la fotografía?

R. Me obliga a romper barreras, a entrar en el espacio vital de la persona fotografiada y eso solo se consigue desde la empatía y el respeto al otro. No me gustan los posados y eso te obliga a mimetizarte con el paisaje, ser una más allí donde estés, un poco parte de ellos. Y sólo entonces consigues que la cámara se convierta en un instrumento que facilita la comunicación con esas personas y te cuenten con sus miradas lo que hay en su interior.

P. ¿Y cuánto de Alicia queda en cada retrato?

R. Hay mucho de mí en las fotografías que hago. Siempre me ha llamado la atención que dos personas en el mismo lugar y en el mismo momento puedan llegar a hacer fotos tan distintas. Inevitablemente somos lo que hacemos y captamos aquellos retazos de realidad que conectan con nuestro interior, que tienen mucho que ver con nosotros.

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P. Alicia: África, ¿por qué?

R. He viajado por muchísimos sitios haciendo fotografías pero siempre vuelvo y allí me siento como en casa, no me siento extranjera. En África la vida brota a borbotones. Es un estallido de color, de naturaleza, música, olores… Pero sobre todo, personas. En ningún lugar he encontrado sonrisas como las que allí te regalan cada día, ni miradas tan profundas que reflejan la sabiduría de siglos. Una vez alguien me dijo “África te rompe el corazón pero te engrandece el alma” y es cierto.

P. Durante años también he viajado por África y, desde luego, no he encontrado esa unidad con que se la pretende simplificar desde aquí, ese saco donde todo lo africano es igual. Para mi hay tantas áfricas como étnias contiene, como paisajes contiene… Hay quien dice que son más de 3000 etnias, con cerca de 1000 hablas distintas. Para ti, ¿qué es África?

R. Como decía Kapuscinski, “Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria”. Y es verdad: hay muchas Áfricas y todas y cada una de ellas te deja sin aliento porque constituyen mundos muy distintos del nuestro, y aprendes de nuevo los valores que hace mucho tiempo, en nuestro primer mundo, perdimos.

P. ¿Que buscas en las culturas remotas que no puedas encontrar en tu entorno?

R. La primera vez que viajé a Etiopía, al sur, a la zona donde viven las etnias minoritarias, me quedé fascinada. Desde entonces he recorrido las zonas más perdidas de África, donde viven los que podríamos llamar los últimos africanos, desplazándome en el espacio para hacer un viaje en el tiempo y compartir formas de vida como la que habían tenido nuestros más remotos ancestros. No hay comprensión ni respeto si no hay conocimiento y eso solo te lo da la convivencia. Me interesaban sus formas de vida, sus tradiciones, pero sobre todo las personas, lo que sienten, lo quepiensan, lo que compartimos y en lo que nos diferenciamos. Plasmar con mis fotografías la dignidad y orgullo de estos pueblos olvidados.

…Estos pueblos olvidados por el tiempo, detenidos en la historia. Pero, en realidad, el tiempo, la historia, es imparable con nosotros, pero también lo es con ellos. Y, es que, para unos y para otros es imposible, en verdad, atrapar el tiempo presente, más allá de la alquimia mágica de la fotografía, porque los segundos, las horas, se escurren entre los dedos como si fueran de gas. Sólo nos queda el consuelo de saber que, al menos, hoy es siempre, todavía**.

[*: Jorge Manrique, Coplas a la muerte de su padre.// **: Antonio Machado, Proverbios y Cantares.]

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