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Anabel Perujo

Sorprende el trazo seguro de las nuevas generaciones en pleno temporal. Sobrecogen los brotes verdes que la creatividad erige en tierra quemada. Uno de ellos es esta artista malagueña, ya internacional. Hablamos con Anabel Perujo: el pulso del gris.


Por:  Lakshmi I. Aguirre
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Artista
Nació: en 1986 (Málaga)
Ubicación: Granada
Destaca por: la intertextualidad de su obra

Arte interconectado, dibujos, ilustraciones, diseños que tejen redes y llevan al espectador a introducirse en el metalenguaje propio de esta artista malagueña que mira a los otros para verse a sí misma. Es Anabel Perujo. Pero también es Borges y Pessoa, Marguerite Yourcenar, la tía Rosario, y Little Edie y su madre, abandonadas por la opulencia en un jardín repleto de grises.

Becada en multitud de ocasiones, en constante formación, su obra ha sido expuesta en Málaga, Granada, Alicante e incluso en Berlín, donde ha desarrollado el proyecto 25 hours had the moment I met you con la ilustradora Irene Fernández.

Dice que la suya es una biografía no escrita (ha realizado una ilustración por año desde el momento de su nacimiento para representarla), pero los textos que escribe en su blog no tienen desperdicio. Es Anabel Perujo: una de esas artistas que emocionan (conmocionan) con su creatividad.

entrevista anabel perujo

P. ¿Cuándo empezaste a interesarte por el arte como profesión?

R. Recuerdo que de muy pequeña, antes de saber que era una profesión.

P. ¿Qué obsesiona a Anabel Perujo?

R. (Ríe). La infinidad de posibilidades, las ideas que me rondan y cómo retenerlas, cómo traerlas hasta aquí, y que no se me escapen.

P. Tu obra siempre mira hacia otras artes: a la literatura, al cine, al documental, a otros artistas. A Pessoa, Yourcenar, Frida Kahlo, Sorolla, Marilyn Monroe les reservas su espacio en tus trabajos. ¿Mantenerse al margen o entrar de lleno en la imaginería de la creación de otros?

R. Entrar de lleno. Si algo hay, sin duda está ahí, entre esas páginas. Para mí todo es nuevo: descubro autores que, obviamente, no son ningún descubrimiento, pero que han sido el descubrimiento personal de miles antes que yo. La fascinación es un gran punto de partida para cualquier expresión, es como un grito, y es verdad que para mí el arte, el cine y la literatura son un motor. No tengo intenciones de descubrir la rueda.

P. ¿Se pierde o se gana estilo personal entretejiéndose con ellos?

R. Se aprende, y supongo que el estilo personal son las conclusiones creativas de un aprendizaje. A mí no me preocupa el estilo personal, no sé si lo tengo si quiera. Tengo un punto de vista, que es más importante y que no le debe nada a mi estilo personal, ni a una técnica en concreto, ni a un lenguaje, ni a los soportes…

P. Borges dijo que “somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. ¿Es fácil plasmar una vida en dibujos, recomponer esos espejos y plasmarlos en ilustraciones?

R. Yo creo que es casi imposible, se te escapan tantas cosas, tantas lagunas…Pero es un ejercicio necesario y bonito. Ya que trabajamos con la expresión y la representación, tendríamos que afinar nuestra capacidad de análisis, y el inventario de una vida, de una sola biografía, sería un ejercicio de lo más recomendable, no más pequeño que el análisis de un pueblo o el sistema solar.

P. Los niños protagonizan algunas de tus pinturas, y tus intervenciones en la calle, como los labios en la Carrera del Darro, las tejas pintadas de azul o el grafitti de Pipi Calzaslargas. ¿Te resistes a crecer?

R. Sí, me resisto a crecer bajo estos parámetros, donde los niños tienen que adquirir las destrezas y los hábitos dóciles y competitivos de los mayores, mientras los adultos llenos de contradicciones e irresponsabilidades llevan su realidad entre bambalinas. Supongo que por eso juego constantemente con esas figuras, porque en esos pequeños contrastes que puedan crear mis intervenciones hay algo de resistencia, creativa y personal. Y porque todos los niños pintan.

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P. El gris marca la atmósfera de un buen número de tus obras. ¿Qué significa ese color para ti?

R. El gris y la escala de grises son elementos que otorgan a todo de una ensoñación, algo muy cinematográfico que remite más a los sueños o a la documentación de un hecho pasado, que a la propia pintura. Es y seguirá siendo una constante en mis piezas porque yo intento capturar cosas y para ello no siempre necesito ser del todo concreta. El gris me permite la imprecisión y la respuesta rápida a la urgencia de la representación. A veces es un dato más para subrayar que el resultado no es lo real, sino que solo lo señala.

P. Bocetos en tinta, grabados, litografías, pintura en acrílicos, diseño digital. ¿A algo le dice que no Anabel Perujo?

R. La verdad es que no. Todos cumplen una función en mi discurso. He ido adquiriendo las técnicas conforme las he necesitado, admiro a la gente que sabe especializarse en algo, por esos dos motivos: por manejar una técnica con maestría y por ser capaces de enfocarse en una sola cosa, dos destrezas que yo no tengo.

P. ¿En qué consiste el proyecto 25 hours had the moment I met you?

R. Es un proyecto que me encanta. Surgió en Berlín a raíz del descubrimiento mutuo que tuvimos la ilustradora Irene Fernández y yo, cuando por casualidad supimos del paralelismo de nuestras vidas. Entonces comenzamos una serie de ilustraciones, una por cada año de nuestra vida, y las presentamos como dos líneas cronológicas paralelas que culminaban con un gran mural conjunto, simbolizando el año 2012, cuando finalmente nos conocimos. La verdad es que fue muy satisfactorio ver cómo no solo nuestras vidas tenían muchos puntos de conexión, sino como tanta gente que vino a nuestra exposición (Pony Royal, Neukölln) se sentía identificada con las imágenes y símbolos, y acababa totalmente emocionada.

P. ¿Te gustaría que se te recordara como fruto del Grey Garden que has pintado, de ese grupo que -aparentemente- encontró la genialidad en la locura?

R. Es un precio alto. No lo sé, quizás solo de la misma especie (ríe).

P. ¿Hace falta estar loco para dedicarse al arte?

R. Hace falta una constancia y concentración que no son muy propias del equilibrio. Pero no lo llamaría locura… Quizás solo haya que tener una pequeña contradicción.

P. En los tiempos que vivimos, ¿crees que el arte puede recuperar esa función crítica que había perdido por la exaltación de la imagen por la imagen?

R. Debe recuperar esa función, si no el arte, porque eso no lo sé, sí los artistas como ciudadanos y seres humanos que son. La capacidad crítica ha estado hibernado en todo ámbito. En caso contrario, no nos encontraríamos donde nos vemos ahora. El arte tiene que ser fruto de su tiempo, es así, y ahora que está arrinconado en este país, tiene mucho que decir.

P. ¿Cuánto tienen que envidiar Andalucía el potencial de desarrollo artístico de Berlín?

R. Si acaso tiene que envidiar los medios y la consideración de las administraciones a todo lo relacionado con el arte que hay allí: la ciudad de Berlín se preocupa por el arte. Pero en cuanto a talento creativo y calidad no creo que tengamos nada que envidiarle. Prueba de ello es el reconocimiento que tienen en Berlín muchos artistas andaluces. Aunque sí tenemos que aprender de ellos acerca de su capacidad de inventar, solicitar espacios en desuso o públicos, llevar a cabo iniciativas aunque nos flaqueen en algún aspecto técnico menor…. Ser un poco más vivos en ese sentido.

P. ¿Contemplas la posibilidad de una vida sin creación artística?

R. No creo que haya existido ni una sola vida así, ni si a eso se le puede llamar vida. En cualquier caso, la mía no la podría imaginar, además, el arte siempre está por ahí, solo hay que saber verlo.

P. Volver a casa. ¿Se hace en cada obra?

R. En mi caso sí. Es un diálogo muy auténtico el que yo establezco en cada pequeño trabajo que desarrollo. Hay un uso muy consciente de esos gestos que ya entiendes de verdad, que ya están interiorizados. A veces te expones más claramente y en otras ocasiones todo es más proyectado. Pero cuando acabo, siempre acabo pensando: ¿les gustará a mis padres?

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