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Carlos Saura

Presentaba su película Flamenco, Flamenco en el Festival de Cine Europeo de Sevilla 2010, y no faltamos a la cita. Hablamos con uno de los maestros del cine español, uno de los últimos bastiones de la historia cinematográfica patria.


Por:  Lakshmi I. Aguirre
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Director de cine
Nació: en 1932 (Huesca)
Destaca por: formar parte de la historia del cine español

Autor de La caza, de Cría cuervos, de Peppermint frappé, escritor y fotógrafo, cineasta incansable, la mirada de Carlos Saura se vuelve a posar en el flamenco, que es la vida misma, para crear una obra en la que la forma y el fondo juegan una partida imposible. Israel Galván, Eva Yerbabuena, Estrella Morente, Manolo Sanlúcar, Montse Cortés, Farruquito, Tomatito… actúan bajo la mágica luz de Vittorio Storaro en Flamenco, flamenco. “El flamenco es un milagro”, y Carlos Saura se encarga de plasmarlo en celuloide a la perfección.

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P. ¿Cómo ve a esos nuevos artistas que están apareciendo en el flamenco?

R. Cualquier evolución me parece interesante. Puede haber caminos que se pierdan, pero creo que vale la pena correr el riesgo, ¿no? El flamenco tiene esa posibilidad de expandirse hacia el futuro y la única forma evidente de hacerlo es la fusión. Hay que correr un riesgo en todas las cosas, y en la música también. En el baile hay una evolución extraordinaria, en el sentido de la posibilidad de cambiar el ritmo de moverse, de pararse, de de repente arrancarse con el compás doblado o al revés… Hay miles de posibilidades que aún no están exploradas.

P. ¿Se quedaría con alguna de las dos generaciones de artistas?

R. Es un dilema que no me puedo plantear, porque la vida tiene sus momentos. Yo no puedo comparar el flamenco de hace 15 años con el de ahora, no tienen nada que ver. Hay figuras que permanecen, como Manolo Sanlúcar o como Paco de Lucía. Pero incluso Paco de Lucía toca la guitarra de una manera dificilísima y nueva, según me ha dicho gente que sabe muchísimo de guitarra. Cada cosa tiene su tiempo. Se aportan cosas nuevas, y el flamenco tiene una evolución evidente, sobre todo entre los jóvenes. Es lógico que quieran romper con algunos tabúes, con algunas normas que parecían que eran imposibles de saltar. Pero se puede saltar todo: depende del talento del artista.

P. Lo que se ha quedado fuera de la película es el flamenco fusionado con música pop, con el rock…

R. Sí, desgraciadamente. Incluso me hubiera gustado que se hubieran integrado, pero hubieron grandes problemas para el concepto global. Pero yo estoy dispuesto a hacer un Flamenco, flamenco, flamenco, porque me gusta muchísimo la integración de la música pop, porque ya hay experiencias, y parece que ya ha habido un rapero que tiene una especie de contienda con un grupo de flamenco. Es otro mundo, ¿verdad? La verdad es que no hemos llegado tan lejos. Hemos llegado hasta aquí y nos queda todavía esa faceta.

P. ¿Es una posibilidad real la de rodar Flamenco, flamenco, flamenco?

R. ¡Espero que no vayan a pasar 15 años! (Ríe). Cuando propuse a Juan León hacer Sevillanas, me dijo: “Pero es una cosa de aquí, qué vas a hacer, es una cosa pequeña, no hay nada que hacer”. Me fui a Sanlúcar de Barrameda a vivir un tiempo con Manolo Sanlúcar, y, de repente, aparecieron un montón de posibilidades. Con el flamenco pasa a veces lo mismo, que de repente, en un reducto pequeño en el que crees que no hay casi nada, escarbas y surgen cantidad de posibilidades. Esas posibilidades existen en el flamenco. Me hubiera gustado recorrerlas con el pop, con el baile contemporáneo, en relación con los países árabes, con Oriente, con la India… Uno de mis proyectos, que no sé si se hará algún día, es precisamente una película sobre un grupo de baile flamenco español en el que hay gitanos y payos que están contratados para hacer un itinerario por la India para buscar los orígenes del flamenco.

P. Ya ha hecho Tango, Flamenco, Fados… ¿Hay algún otro género musical que quiera explorar?

R. Sí. Sobre el Caribe. Era un proyecto anterior al flamenco que fue un desastre. Íbamos a usar a Celia Cruz. Finalmente nos dijeron que si trabajábamos con artistas cubanos, lo que a mí me parecía esencial, nos hacían el boicot. Al final no se hizo. Soy muy amigo de Andy García e incluso él me dijo que ni se me ocurriera hacerlo. Ahora se podría hacer.

P. ¿Cuánta libertad tienen los artistas en sus escenas?

R. Toda la libertad del mundo. Son ellos los que imprimen la libertad. Cada artista tenía su punto de vista, su cosa, y aportaba lo que le parecía conveniente. Había un asesor nuestro, que estaba de acuerdo conmigo, pero eran libres.

P. ¿Y llegaban con el escenario ya montado, y se adecuaban a él?

R: No. Llegaban y como yo no sabía lo que iban a hacer, hacíamos un pequeño ensayo, y decidíamos cuál iba ser el escenario y las cámaras. La película la hicimos con dos cámaras digitales. No hay postproducción. Todo es en directo en el estudio. Todo se improvisaba un poco.

P. El ambiente en el rodaje…

R. Una maravilla.

P. ¿Se repitieron mucho las escenas?

R. No, qué va. No se puede. Esto es flamenco. A veces un cantaor canta y se acabó. Y no puedes hacer nada.

P. En una peli visualmente tan fuerte, ¿no se ha planteado rodar en tres dimensiones?

R. Me lo plantearon, pero dije que no quería. No me pareció oportuno. Creo que el 3D, tal y como está ahora, es un producto arcaico, que en el futuro puede ser fantástico. Mientras sea con gafas, ¡va a morir! Las gafas estaban inventadas desde hace muchísimos años, desde el comienzo de la fotografía casi. No me gusta porque es como estar en un acuarium: no da una sensación de realidad verdadera.

P. ¿Se puede plantear este tipo de película sin la luz de Storaro?

R. No. Yo he hecho varias películas sin Storaro sobre flamenco, pero es que es un colaborador maravilloso, un compañero entrañable, inteligente… He hecho ya cinco películas con él. Mi ideal sería trabajar siempre con él. Es un buen amigo.

P. Una de las críticas que se les suele hacer a los festivales es que, tras una semana de mucha intensidad, ya no vuelve a haber esa intensidad alrededor del cine hasta el año siguiente. Tras visitar cientos de festivales, ¿qué opina usted al respecto?

R. No lo sé. Los festivales están montados siempre a través de la publicidad de una ciudad o provincia, o país, para fomentar el turismo. El festival de Cannes se hizo así, Berlín igual, y Sevilla… Hay gente muy honesta que sí lo hace por el cine y seleccionan películas y luchan porque haya una selección rigurosa para que el público pueda ver qué se está haciendo en el mundo. Un error de todos los festivales es que hay demasiadas películas. En Cannes hay 400 películas, y sólo para los premios. Después hay 40 secciones paralelas. ¿Quién va a ver 400 películas? ¡Es imposible! Es mucho mejor tener poca obra, bien elegida, y darle una gran importancia. Pero es un criterio personal.

P. Lleva seis años sin estrenar una película puramente narrativa, aunque Io, Don Giovanni tenga algunas partes de ficción. ¿Ha dejado de interesarle hacer ficción?

R. Io, Don Giovanni es una película narrativa, no es sólo un musical. Tiene una historia y es de hace dos años. Lo que pasa es me encanta hacer musicales y me ofrecen la oportunidad de hacerlos. Son proyectos que casi siempre salen adelante. Son relativamente fáciles y me fascina, por mi propio temperamento, tener ante la cámara a artistas maravillosos. En una película narrativa hay mucha más preparación. En los musicales no son actores, son artistas y trabajan ellos (ríe).

P. De todos modos, ¿los artistas son buenos actores?

R. Un Mercé o un Paco de Lucía son el equivalente a Pavarotti. Tienen el mismo mérito. Son artistas únicos en el mundo, extraordinarios. No nos damos cuenta de eso. España es un país muy raro que no se entera de las cosas muchas veces, que desperdicia las posibilidades que hay. Si no fuera por los extranjeros, el flamenco habría muerto, porque aquí, no hace muchos años, se consideraba una ‘chusmería’, una gitanería desastrosa. Es curioso, ¿no? El flamenco es una de esas cosas que están al margen de los países, y por encima. Evolucionan, son creativas, y tienen un futuro. Lo más parecido al flamenco es el jazz. Lo que pasa es que el jazz le lleva años de ventaja. El flamenco tiene todas las posibilidades del mundo para ser un lenguaje universal. De hecho, cuando vas a un espectáculo fuera de España, es una locura, un éxito increíble. La gente tiene un amor enorme por el flamenco en todas partes, y lo puedo constatar. Más que aquí.

P. ¿Qué sentimientos le produce el flamenco cuando lo escucha a solas?

R. Soy una persona que está más inclinada hacia el baile que hacia el cante. Siento fascinación por el baile flamenco. Entro en una clase en la que están haciendo ejercicios con bailarines de flamenco, y siento una cosa especial, me entran ganas de rodar inmediatamente. Al cante lo veo como otra cosa, como algo que hay que escuchar con mucha más tranquilidad y paciencia, en un momento determinado de la vida. La guitarra también. Necesito el flamenco, pero en movimiento sobre todo.

P. ¿Has intentado alguna vez bailar flamenco?

R. Sí, claro. Lo he intentado y he fracasado totalmente (ríe). Cuando era joven quería ser bailaor, y una bailaora, que se llamaba ‘La Kika’, me hizo una prueba cuando yo tenía 18 años y me dijo: “Saura, es mejor que te dediques a otra cosa”. (Ríe). Fue muy sincera y se lo agradezco.

P. ¿Piensa que el flamenco está todavía por explotar?

R. Por supuesto. Pero no por explotarlo, sino porque creo que el flamenco tiene un futuro evidente de renovación, de cambios. El flamenco está empezando un camino nuevo desde hace 15 ó 20 años, un camino fuera de la ortodoxia, de aceptación, de otro ritmo, de otras culturas, de las posibilidades de la fusión. La palabra fusión no me gusta nada. ¿Sabes que el flamenco viene de la fusión? Por eso, cuando los ortodoxos dicen “no, esto no es flamenco”, digo: “Mire usted de dónde viene. Viene de la fusión de las culturas, porque el flamenco es un milagro en el que se han cocinado cinco, diez, veinte cosas”. ¿Por qué renegar entonces de la fusión del flamenco?

P. Que nombren al flamenco Patrimonio de la Humanidad ¿puede ser una herramienta útil en la práctica, para que dejen de cancelarse festivales o aumenten las contrataciones por parte de los ayuntamientos?

R. Para empezar, me parece una barbaridad que no se haya hecho mucho antes, no lo entiendo, me parece muy tarde. El flamenco no necesita eso, pero está bien si puede ayudar publicitariamente a que el flamenco prospere. Lo veo como una cosa accesoria. El flamenco tiene muchos problemas en España, pero no sólo ahora. Hay mucha gente reticente a la que no le gusta pero que no sabe lo que es, no lo entiende. Tampoco pasa nada, siempre ha sido una cosa muy de minorías y ahora es de una minoría mayor. Tampoco tiene que ser una cosa que todo el mundo acepte.

P. Hemos preguntado a nuestros lectores cuál es su película de Saura favorita. Las tres primeras han sido La Caza, Mamá cumple 100 años y Peppermint Frappé. ¿Cuál es la película favorita de Saura para Saura?

R. No hay ninguna. He hecho 40 películas y la verdad es que las pierdo de vista. Pero sobre La Caza, que muchos consideran que es mi mejor película, que creo que fue la tercera que hice, te voy a decir una cosa muy curiosa. Con la primera copia que tuvimos hicimos una proyección para unos críticos en Madrid. Uno de ellos, que yo no conocía, me dijo: “Tú eres Saura ¿verdad? Vaya mierda de película has hecho”. (Ríe). Eso te da una idea de por dónde andaba la cosa. Ahora es la obra maestra, claro (ríe). Ya sabes que esto es así.

P. ¿Todavía teme a la crítica?

R. Ya me da igual. Ya estoy hecho a todo. Me da lo mismo. No me va cambiar, ni va a modificar la película que ya está hecha. Tengo 78 años y me parece que ya no voy hacer mucho caso a la crítica. He hecho siempre lo que me ha dado la gana y seguiré así mientras me dejen.

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2 comentarios

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El 2 Diciembre 2010 a las 21:24, Fabricio dijo...

Que bien la entrevista! Congratulations….y me quedo con esta frase “si no fuera por los extranjeros, el flamenco habría muerto”


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El 8 Diciembre 2010 a las 20:21, Roberto dijo...

¿Cómo lo haces para que parezca una tertulia de café y no una entrevista? Zorionak.



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