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Emmanuel Lafont

La infancia revisitada desde la conciencia adulta -y maltrecha-. Símbolos y metáforas llevados al papel. La crucifixión de momentos trágicos. Mujeres corpulentas. Muñecos que parecen vaticinar el fin del mundo mismo. Líquidos seminales, zumo de limón. Lo bello y lo siniestro en el imaginario de Emmanuel Lafont.


Por:  Lakshmi I. Aguirre
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Ilustrador
Nació: en 1980 (Buenos Aires)
Ubicación: Málaga
Destaca por: su estilo personal
¿Sabías que? ha expuesto en la Dorsch Gallery de Miami

Las líneas se entrecruzan en las sombras y crean pequeños bordados preciosistas de tinta china. El pilot de Emmanuel Lafont regurgita ideas concretas que se abstraen a cualquier lectura distante. Entre trazos, recuerdos envolventes con forma de cítricos que cobran vida bajo su inmovilidad física, de aves personificadas -y por tanto, melancólicas- cuyo trino no logra traspasar el papel. Cerdas con mantilla, toreros con cabeza de toro, moscas en pleno acto de copulación. Pinceladas surrealistas en una obra de contrastes y de sublimación del detalle.

Annie Wharton, del Art Center South Florida (Miami), no dudó en convertirlo en su asistente personal. La Dorsch Gallery de la soleada ciudad estadounidense tampoco se lo pensó mucho a la hora de colgarlo en sus diáfanas paredes. Pero las Torres Gemelas cayeron y el visado se quedó en un lado de la frontera, en el de la renuncia. Italo-argentino llegado a Málaga en 2002, “me fui porque estaba buscando mi lugar en el mundo y Argentina no me lo daba”, a Emmanuel Lafont se le puede ver sentado en la calle, dibujando páginas en blanco, vendiendo láminas que representan ese universo de catarsis que ya lleva su nombre. En cada una de ellas se vislumbran las madejas de hilo que se anudan con todas las emociones de un diccionario de sentimientos.

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Como las épocas de Picasso (aunque como él mismo admite, “Picasso is not the only one”), las de Lafont pasan del cariz infantil a la ciénaga del miedo, de la ironía a la nostalgia. “No soy de los que piensan que hay que sufrir para conseguir algo en la vida, pero sí es verdad que lo que me mueve son las situaciones negativas. Los traumas, las inseguridades, las crisis que uno tiene”, comenta el ilustrador. La serie Limón en el ojo, la más exitosa, fue el resultado de una de esas malas rachas: “La gente lleva chapas con mis bajones, con mis miedos”, bromea.

Glamour ibérico, una de sus últimas colecciones, nació tras una década de observación: “Quería hacer una representación de cómo veo yo esta sociedad. No quería caer en los topicazos, pero sí, en el fondo es lo que estoy haciendo, pero los he llevado a mi terreno”, explica mientras muestra uno de sus trabajos más barrocos. Tras los toreros reinventados, saca un bloc encuadernado por el mismo y titulado Amor animal. El instinto marca sus páginas.

Ilustración, grabado, murales, instalaciones, performances, videocreaciones. Emmanuel Lafont parece sentirse cómodo en todas las disciplinas. “De repente se ha revalorizado el tema de la ilustración, se ha empezado a consumir mucho los elementos infantiles y oscuros. Lo que estoy haciendo no es nada nuevo. En realidad no es que te quieras montar en el carro, sino que son cosas que estás viendo y que te influyen”, arguye. Y, ¿qué más influye en Emmanuel Lafont? “La televisión, Internet, la publicidad, el diseño, la arquitectura, otros ilustradores como Shaun Tan, Jimmy Liao, Michele Guidarini, toda la literatura… Italo Calvino, por ejemplo, me hace sacar muchísimos personajes”.

En Málaga, la cafetería Café con Libros muestra algunos de sus murales, así como la estación de autobuses de la capital. Ha pintado en Tacheles, la casa okupa de Berlín, tiene exposiciones programadas para Valencia y Tel Aviv. Parece que ha encontrado el equilibrio en un mundo tan descompensado: “En la facultad estaba convencido de que el arte tenía que ser más visceral, pero lo que hacía era tan oscuro que no se podía colgar en un salón. Renegaba de lo que es el arte comercial, pero me he dado cuenta de que puedo disfrutar haciendo algo comercial, porque eso me permite hacer algo muy personal. El concepto del arte como producto ha cambiado mucho. Sigo considerando que el arte es muy elitista, pero por qué no romper también con eso y por qué no sacar el arte a la calle y hacerlo accesible. Si encima me da de comer, ¡no sé qué puede ser mejor!”, parafrasea el ilustrador.

Colaborador de varias publicaciones y estudios, como Narita, Emmanuel Lafont sigue prefiriendo estar en los exteriores del Museo Picasso, cerca de la gente. Allí, cualquiera de sus series lanza al aire el jugo de los limones que exprime. Estar demasiado cerca, y con los ojos abiertos, puede ser peligroso. Es lo que consigue Lafont con su obra: que escueza.

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3 comentarios

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El 28 Octubre 2010 a las 20:10, Los tesoros de Senda dijo...

Un magnifico artista y buena persona!!


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El 29 Octubre 2010 a las 0:08, Ddarko dijo...

de lo mas fresco que he visto ultimamente…el concepto de calle como lugar de accion artistica,son conceptos que deberian de experimentar,muchos,por amor al arte nunca mejor dicho,genial


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El 1 Noviembre 2010 a las 14:14, michele dijo...

Emmanuel, you are fantastic artist and a wonderful person!



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