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Genesis Lence

Héctor Garrido realiza una nueva entrevista de su serie Ojo por Ojo. Diálogos sobre la fotografía. En esta ocasión, nos presenta a Genesis Lence, fotógrafa participante en la exposición Sur Polar 3.0: De Antártida a Sevilla.


Por:  Héctor Garrido (CSIC)
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Fotógrafa
Nació: 1984 (Vigo)
Ubicación: Sevilla

Me encuentro en un punto indeterminado del Océano Atlántico, quizás entre Bermudas y Bahamas. Un enorme Boeing sobrevuela levemente el mar de nubes que oculta el mar de agua. En unas horas tomaremos tierra, una vez más en La Habana, para continuar construyendo varios ilusionantes proyectos fotográficos. En la estrechez de mi asiento intento poner orden a las notas de la entrevista con Genesis Lence. A mi lado un señor ronca y se expande en su asiento. Nunca sabrá que junto a él se escribían estas primeras líneas de una entrevista. Quién sabe, quizá un día quede fascinado por una fotografía de Genesis Lence y la haga colgar en su salón. Y es que andaba yo estos días pensando y repensando alrededor de los cruces casuales de caminos, y también de las influencias que recibimos –y por supuesto, aportamos-, sin ser conscientes. Andaba con la cosa de que cuántas veces nos cruzamos con nosotros mismos, con algo que nos importa o nos importará en el futuro, y pasa absolutamente desapercibido.

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Dicen que una mariposa mueve las alas en un lugar del planeta y en consecuencia algo catastrófico ocurre en las antípodas. Parece que hay tantas conexiones invisibles cruzadas en el planeta… ¿Recuerdan la película Babel? Me causa una extraña sensación la poderosa influencia que personas anónimas pueden llegar a tener, incluso de forma inconsciente, sobre alguien, hasta el punto de determinar el camino que tomará ese alguien para el resto de su vida. A veces un simple gesto de olvido puede tener consecuencias inesperadas. Y, al cribar el deambular de Genesis, encuentro que la vida la ha ido empujando con esa sutileza hasta llegar aquí. Casi es una historia por capítulos en la que personajes secundarios, que podrían juzgarse a veces como carentes de importancia, han propiciado los cambios precisos para moldear un futuro.

P. Capítulo primero: de cómo Genesis Lence nació en Vigo en 1984 y acarició por vez primera una cámara fotográfica…

R. Mi madre enfermera, mi padre, aún no lo sé. Tengo otra hermana, Asia, dos años menor… Mi infancia transcurrió entre Vigo y Lisboa. Las cámaras fotográficas no me gustaban demasiado porque eran del novio de mi madre, con quien no me llevaba muy bien. En torno a los 16 años, él dejó esos extraños aparatos de lado y yo empecé a investigar. Cuando finalmente me marché de casa un año más tarde, me llevé la cámara conmigo. Y comencé a fotografiar sobre lo que me rodeaba, las noches, amistades… Los amaneceres en la playa… En fin: un mundo que luego quise olvidar.

P. Pero hay en ti una necesidad creativa innata [capítulo segundo: de cómo adquirir la visión del mundo].

R. Es como una hiperactividad. Entrenándola, en la infancia, pintaba las paredes de mi cuarto con hadas de cuento caminando por las estrellas o por interminables amaneceres. Luego, durante años me dediqué a pintar murales en algunos bares. Una vez, mientras estudiaba en la escuela de arte, mi profesor de pintura me enseñó un laboratorio fotográfico casero… Ahí es donde creo que empezó mi verdadero deseo por investigar en la fotografía. Más tarde, en Pontevedra, me vi rodeaba de gente del mundo del arte: estudiantes de Bellas Artes, fotografía, restauración… Así que, como loca, pasaba los días haciendo fotos de naturaleza y de gente que introducía en ella.

P. Y decides estudiar fotografía [capítulo tercero: de cómo viajar al Sur].

R. Ya me había enamorado antes, incluso de alguna mujer. Pero ese año conocí a un chico sevillano que estudiaba Bellas Artes en Pontevedra, igual que yo, y me sentí absolutamente comprendida en los deseos más profundos que necesitaba plasmar. Me colapsó tanto ese enamoramiento, que no pude permitir que mi vida acabase ahí, cuando él regresase a Sevilla. Así que me decidí a estudiar fotografía y me mudé a Sevilla. Todo salió mal, al principio. No había plaza para estudiar. Y él me dejó en cuanto llegué. Pero aún así yo me sentía feliz, porque percibía nítidamente que ahora estaba caminando hacia adelante, hacia donde quería ir.

P. Caminar hacia adelante [capítulo cuarto: de cómo caminar].

R. Después de dos meses, logré matricularme en fotografía artística. Desde el principio mostraba mis trabajos y me ofrecía para aprender con directores como Paco Millán. Trabajaba de lo que me salía, hasta que, poco a poco, la fotografía tomó todo mi tiempo. Acabé los estudios y, de casualidad también, como todo lo que me sucede, conocí a una chica que se iba a Rumania a un festival de Arte y buscaba a alguien que documentase. Allí me pasé dos meses, volví a España renovada y agrandando más mi paso todavía. Ya nadie podría pararme.

P. Y con ese mismo impulso logras llegar, nada más y nada menos, que hasta la Antártida [capítulo quinto: de cómo viajar más al Sur].

R. Sí. Conseguí un trabajo en Bruselas para una galería, que vendería mis fotografías sobre la capital, y a la vuelta enganché con un proyecto en Macedonia. Durante diez meses daría clases de fotografía inicial en los colegios superiores y centros culturales de Skopje. También debía montar exposiciones, sesiones de fotografía de todo tipo, diversos trabajos con la embajada española. Y a mi vuelta me esperaba la aventura que más me ha marcado: la Antártida.

Hector Garrido: Y así conocí a Genesis Lence. Un día vino a plantearme, junto a Julio Castaño, un alocado proyecto de creación artística en la Antártida. Sinceramente, aquello sonaba a chino. Yo había regresado recientemente de realizar un extenso reportaje en el continente helado. Conocía bien la dureza de las condiciones de trabajo y la enorme cantidad de cortapisas legales con las que se iban a encontrar. En el afán de conservar el último rincón virgen del planeta, hemos construido en torno a él una estructura de protección internacional que todos los países firmantes del Tratado Antártico tienen la obligación de cumplir a rajatabla. En la Antártida, las únicas actividades permitidas son la investigación científica y la conservación. Sin embargo, existe un interesante proyecto creativo denominado “Arte en la Antártida”, comandado por Andrea Juan, de la Dirección Nacional del Antártico (República Argentina). Se trata de un proyecto internacional de investigación artística que se desarrolla cada verano austral en la Antártida. Para ello, se elige a una serie de artistas de diferentes países y se les proporciona la cobertura necesaria para que puedan desarrollar sus proyectos creativos en el último rincón del planeta. Sin duda es una iniciativa valiente y atrevida que ha cosechado grandes éxitos y que goza de un merecido reconocimiento internacional.

Así que un día, en el marco de mi puerta, aparecieron ellos dos a contarme que querían ir a la Antártida a realizar un trabajo de creación artística con fotografía y video para exhibirlo en el Foro de la Biodiversidad de Sevilla. Ahora que Genesis y Julio no me oyen, debo decir que en principio no les di mucho crédito. Les sobraba entusiasmo. Pero con eso como único combustible, bien sabía yo que no se podía hacer nada en el Polo Sur. Sin embargo, fueron persistentes y supieron construir su proyecto y defenderlo con suficiente ahínco como para que llegáramos a creer en él desde aquí y para que Andrea Juan, desde Argentina, hiciera lo propio.

Y así que otro día, meses más tarde, me vi, en el mismo marco de la misma puerta, despidiendo a dos futuros expedicionarios antárticos, que partían, como debe ocurrir en toda expedición que se precie, con tanto miedo como incertidumbre. Y al tiempo regresaron cargados de material, de vivencias y quizás habiendo roto el cascarón desde dentro para poder ver el mundo con los ojos de la distancia [capítulo sexto: volver hacia uno mismo].

R. Mi fotografía ha evolucionado a la par que lo ha hecho mi personalidad. Al principio creaba o intentaba mezclar la realidad con mis personajes fantasiosos para, imagino, escapar de lo que no me gustaba. Y a medida que he ido superando mis problemas me he sentido cada vez más cómoda de expresar, de fotografiar y de amar lo que está delante de mis ojos. Solo me mueve, para cualquier cosa, algo dentro de lo más caliente de mis entrañas, la pasión, lo visceral, mi animal interno al que no puedo olvidar. Eso es lo que me hace movilizarme o inmovilizarme. Nada fluye si no logro encontrar sentimientos puros, situaciones puras, personas puras y sin dobleces… La claridad de unos ojos que solo saben decir la verdad, la esencia de uno mismo.

P. Y ahora que buscas hacia adentro, ¿cómo crees que debe ser el envoltorio? [capítulo séptimo: el aspecto del alma].

R. En mis fotografías no me importa casi el aspecto perfecto. Pero, sobre todo, no quiero aderezos que la hagan parecer de mejor clase. Creo que en casi todo se encuentra una balanza interna que hace de algo, algo auténtico y que realmente te transmite y te cambia. Porque eso es lo que a mí me gusta: que las cosas que me rodean, me transformen y eso es lo que quiero, transformar.

P. Es como un dar lo que recibes… ¿A dónde quieres llegar? [capítulo octavo: transformar el mundo mientras el mundo nos transforma].

R. A donde quiero llegar es a vivir plenamente de mi fotografía, a seguir participando en proyectos interesantes que nos ayuden a transformar a mejor lo que nos rodea y, sobre todo, a no perder mi visión cercana.

P. Y quizás mañana sigamos escribiendo esta historia. Porque al estar con Genesis siempre tengo la impresión de que tiene mucho por contar. Y cuando me detengo ante una de sus fotografías, veo que son como el comienzo de un cuento, como una incitación a la imaginación. Podría ser como ese juego infantil en el que uno comienza un cuento con la primera frase y el siguiente tiene que continuar construyéndolo. Y así, el desenlace es siempre insospechado [capítulo noveno: el futuro por escribir].

R. Tengo un pequeño cuento escrito sobre lo que viví en Macedonia, sobre los niños que trabajan por las calles vendiendo ambientadores de coches y pañuelos, con intención de ilustrarlo y regalárselo a mi sobrina Mía.

Hector Garrido: Y mientras, en la megafonía del avión, el piloto ha anunciado que comenzamos el descenso hacia La Habana. El señor del asiento contiguo ha despertado de un sueño profundo. En su gesto no consigo adivinar con qué soñó. La luz del Faro de El Morro y las farolas del Malecón se distinguen ya desde mi ventanilla. Una azafata me pide cortesmente que apague el ordenador y pliegue la mesita. Es cerca de media noche en La Habana, madrugada en Sevilla. Puede que en este momento, allá en la orilla del Guadalquivir, Genesis ande soñando con sus mundos de hadas de cuento caminando por las estrellas. Puede que mañana intente encontrarlos en la mirada de un niño. Pero eso forma parte del próximo capítulo.

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3 comentarios

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El 14 Abril 2012 a las 10:14, Marta Vera dijo...

Muy buen reportaje, enhorabuena!!! He trabajado con ella en mas de una ocasión y desde luego puedo decir que es una artista mu especial. Un beso


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El 16 Abril 2012 a las 10:22, Eduardo dijo...

Un auténtico lujo: un gran fotógrafo entrevistando a sus colegas. Tertulia Andaluza cada vez mejor. Seguir haciendo tan buen trabajo y dando a conocer a gente tan interesante como Genesis.


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El 30 Noviembre 2014 a las 8:05, Gary dijo...

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áëàãîäàðñòâóþ!!…



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