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Héctor Garrido

Capta la magia con su cámara. En reposo y movimiento. En el corazón de Doñana vive un poeta dedicado a la fotografía cuyas rimas a vista de pájaro nos reconcilian con los mejores paisajes de la región. Las poderosas imágenes de Héctor Garrido hacen que te preguntes: ¿De verdad vivo a 100 kilómetros de este paraíso?


Por:  Cecilia Bogaard
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Fotógrafo y naturalista
Nació: 1969, Huelva
Ubicación: en pleno corazón de Parque Nacional de Doñana
Destaca por: sus espectaculares fotografías a vista de pájaro donde los colores cobran vida
¿Sabías que? ganó el Premio Periodístico Sostenible de Doñana por su reportaje fotográfico La piel de Doñana
¿Mac o PC? Mac

Desde su casa en pleno Parque Natural de Doñana, Héctor Garrido se despierta con las marismas durante los ultimos 20 años. Aquí toma fotos de sus muchos vecinos, estudia la zona y se escapa para viajar. En esta entrevista, el último premio de periodismo Doñana Sostenible, relata una sinpar convivencia con sus vecinos: “Una araña no ve a otra araña a través de una vista cenital. Habrá que ser un poco araña para ver como ella…”

P. ¿Se puede captar la fuerza de la mirada de un animal a través de la cámara?
R. Toda la fuerza. Es una de las formas de energía que puede captar el sensor y que luego hará vibrar al espectador.

P. ¿A qué animal te sientes más unido cuando lo fotografías?
R. El animal -no persona- con quien más me identifico es sin duda el zorro. Conozco bien a los zorros. He criado varios a biberón y he convivido mucho tiempo con ellos. Sin duda deben tener procesos reflexivos muy complicados, algo cercanos a los nuestros. Un zorro puede dudar, discernir, tomar decisiones, e incluso amar y odiar.

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P. ¿Debes convertirte en animal para captar su naturaleza mediante la fotografía?
R. De alguna manera. Me gusta fotografiar a los seres vivos tal y como ellos ven a sus semejantes, no como los ve un hombre de 1,80 m de altura. Una araña, por ejemplo, no verá a otra araña a través de una vista cenital. Habrá que ser un poco araña para ver como ella. También hagp muchas fotografías de aves en vuelo, pero desde mi avión, que sería lo más parecido a como ellas se ven.

P.¿Cuánto de salvajismo pierdes al volver de un viaje y adentrarte en la urbe?
R. Realmente no hay nada más salvaje que la urbe. El nivel de agresividad que se respira en la calle, en un atasco o en la cola del cine, no se encuentra nunca en el campo. Pero el hombre (-entendido como animal-) tiene la necesidad de relacionarse con sus similares y la ciudad es también un maravilloso punto de encuentro. Organizo mis visitas a grandes ciudades para aprovechar y ver exposiciones, cine, teatro y encontrarme con amigos alrededor de un plato de comida.

P. ¿Qué cambia cuando te encuentras frente a una persona con tu cámara y no frente a un animal?
R. La fotografía de la naturaleza conlleva un trabajo callado, silencioso, interior. Pero cuando en la imagen entra el ser humano, la relación entre lo fotografiado y el fotógrafo cambia radicalmente. Se produce un diálogo entre iguales. Sólo la mirada de una persona puede transmitir cualquier sentimiento conocido. Más allá de eso, cuando fotografío personas me gusta intentar acercarme para entender aquello que vibra en su interior, aquello que me gustaría que expresara la fotografía.

P. ¿Qué haces para conseguir captar el momento perfecto, el de la magia de la imagen?
R. Cada fotografía es un mundo en sí misma. A veces disparas una única fotografía y tocas el cielo. A veces disparas sin cesar y no consigues nada.

P. La piel de Doñana… ¿cuánto tiempo empleaste en tomar esas fotos?
R. Llevo sobrevolando Doñana todos los meses desde el año 1996. Unos 200 vuelos, casi 600 horas en el aire sobre Doñana. Sin embargo, la mayoría de las fotografías del trabajo La Piel de Doñana son de los últimos cinco años.

P. ¿Y para Armonía Fractal de Doñana y las Marismas?
R. Armonía fractal es un proyecto realizado mano a mano con el profesor Juan Manuel García Ruiz, especialista en este campo apasionante de la geometría, magnífico compañero y amigo. Hace unos cuatro años Fernando Hiraldo, director de la Estación Biológica de Doñana/CSIC, decidió enviar a Juan Manuel un puñado de las fotos aéreas que yo realizaba desde hacía años. Ahí empezó todo.

P. ¿Tu fotografía tiene algo de reivindicativa?
R. Toda imagen que se precie tiene un mensaje oculto. Una voz que interpretar. Algunas otras muestran impúdicamente su mensaje y se dice de ellas que son reivindicativas. Desde luego, entre mis fotografías, las hay reivindicativas, igual que las hay apasionadas, tristes, melancólicas, sugerentes…

P. ¿Qué motivación se esconde tras ella?
R. Me motiva expresarme. A decir verdad me expreso a través de la fotografía porque tengo necesidad de sacar muchas cosas de mi interior, que de otra manera me harían explotar. Pero podría hacerlo igualmente escribiendo, dibujando o esculpiendo, si supiera. No defenderé la fotografía frente a otros medios de expresión. Sólo es el que yo uso.

P. ¿Crees que la fotografía puede ayudar a cambiar la realidad?
R. La fotografía es un arma poderosísima. Los medios de comunicación la usan cada día con mucha habilidad para manejar los pensamientos de todos nosotros. Así las cosas, nosotros podemos -y debemos- utilizarla para cambiar la realidad. Para mejorarla.

P. Fotografía aérea, en blanco y negro, en color, digital ¿Te queda alguna técnica por experimentar?
R. Hay muchas más que experimento habitualmente en mi trabajo para el CSIC: fotografía ultravioleta, infrarrojo, fotomacrografía….

P. ¿Qué haces durante las horas de espera a que la naturaleza comience a bailar frente tu objetivo?
R. A veces las horas pueden ser días. Hay que tener toda la paciencia del mundo. Un buen libro siempre es una ayuda.

P. ¿La imagen del fotógrafo ligero de equipaje coincide con la tuya en plena naturaleza?
R. Ojalá. Cargo siempre dos cámaras gemelas de alta definición. Son grandes y pesadas. A veces llevo encima diez o quince kilos de material. Sueño con que en el futuro fabriquen material más pequeño con las mismas prestaciones.

P. ¿Cuál es el trabajo más extraño que has desarrollado?
R. Esta semana he recibido un curioso encargo de un investigador del CSIC: he tenido que fotografiar secuencialmente el cadáver de un perro con material sensible al ultravioleta.

P. ¿A qué fotógrafo admiras?
R. Miro siempre hacia los clásicos, sin despreciar, por supuesto, las nuevas tendencias. Habitualmente tengo abiertos libros de fotografía en los diferentes rincones de mi casa. Paso largas horas estudiándolos. Admiro, por ejemplo, al fotógrafo iraní Reza, al peruano Martín Chambi y en España a Ramón Masats, a José Manuel Navia y a Cristina Gacía Rodero. Y en el límite de la fotografía admiro y me identifico con Peter Beard y su capacidad para expresarse usando sus maravillosas fotografías junto a cualquier otro objeto inspirador.

P. El amanecer en Doñana: ¿cómo lo describirías?
R. Forma parte de cada una de mis mañanas. La ventana de mi cocina da hacia levante, hacia la marisma. El sol lo inunda todo, hace brillar el mundo y lo llena de color. Por un momento el horizonte plano de Doñana se rompe, se descompone, para que nazca el sol, cada mañana.

P. ¿Consideras que el paso de los rocieros y de los turistas por Doñana contribuye a la destrucción del parque o a la difusión de vuestro trabajo?
R. Las hermandades rocieras deben pasar por Doñana al igual que deben existir vías de entrada para un turismo ordenado. No deberíamos ponerlo en duda. Pero siempre dentro de un ambiente de orden y respeto hacia el lugar donde uno se encuentra. A nadie en su sano juicio se le ocurriría entrar en el Museo del Prado y agredir un cuadro de Velázquez. Doñana tiene, al menos, tanto valor como ese cuadro. Sin embargo algunos rocieros atraviesan Doñana haciendo todo aquello que no harían ni en su propia casa, ni en su propia ciudad. Son sólo un puñado de personas, pero indudablemente dan fama al colectivo. Un colectivo que, por cierto, debería implicarse decididamente en solucionar este asunto que tan mala fama le da y tanto daño hace en el medio.

P. ¿Te transformas cuando fotografías?
R. Me concentro. Ma aíslo de todo aquello que rodea a la fotografía pero que no va a formar parte de ella. El tiempo pasa de otra manera y el espacio se reduce al encuadre que pretendo captar. Es un proceso inconsciente que a veces produce cierto disgusto a quienes me acompañan, porque se sienten fuera, de pronto. Luego todo vuelve a la normalidad. Si intuyo que la fotografía recién hecha ha captado exactamente lo que deseaba, entonces un placentero sentimiento de plenitud me acompañará durante las siguientes horas.

P. Descríbeme tu jardín…
R. En una pequeña casita aislada en pleno corazón de Doñana. Es la Casa de Martinazo. Un lugar mágico, silencioso. El viento y las aves son mis vecinos.


Bibliografía


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1 comentario

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El 28 Diciembre 2008 a las 12:58, Manuela Perez dijo...

Me encanta las fotos de este impresionante profesional, su sensibilidad y capacidad de transmitir. He visto la exposición que tiene en el Pabellón de Perú en Sevilla sobre fotos aéreas de las marismas y la geometría fractal, me ha encantado, la recomiendo fervientemente. Envidio donde vive y su contacto directo con la naturaleza.
Gracias



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