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Inma Pérez-Quirós ‘La Bruja’

Hace tiempo que Inma La Bruja ya no es Inma Pérez-Quirós, al menos durante gran parte de las 24 horas del día. Esta artista polifacética es capaz de meterse en el bolsillo a toda una sala con su prodigiosa labia y esa voz curtida sobre las tablas y en rodajes cinematográficos. Ahora presenta Dando el cante, precisamente, una de las cosas que más le gusta hacer. Hablamos con Inma ‘La Bruja’: el camaleón sobre el escenario.


Por:  T. de la Rosa
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Actriz y cantaora
Nació: en 1962 (Casares, Málaga)
Destaca por: la energía que transmite dentro y fuera del escenario
¿Sabías que? sorteamos dos entradas para ver su espectáculo Dando el cante

La energía de esta artista casareña es arrolladora. Teatro infantil, flamenco, monólogos, televisión (Bandolera, El secreto de puente viejo) y cine, mucho cine. Ha trabajado con Vicente Aranda, Iciar Bollaín, Patricia Ferreira, Benito Zambrano y Michael Radford; se ha subido a los escenarios de la Bienal de Flamenco bajo la dirección de Pepa Gamboa, Pilar Tavora, Els Comediants; ha cofundado su propia compañía -Teatro de la Colonia- y dirigido su propia obra -La última piruleta-.

Ahora, Inma Pérez-Quirós realiza sus hechizos sobre el escenario del Teatro La Fundición de Sevilla con Dando el cante, un espectáculo que combina flamenco y teatro y que ella misma define como “monólogo surrealista para guitarra y voz”. Hablamos con esta camaleónica artista.

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P. ¿Cuándo se convierte Inma Pérez en Inma la Bruja?

R. En el año 1984. ¡El siglo pasado! Trabajaba en una compañía de teatro en San Pedro Alcántara (Málaga) en la que hacíamos una obra infantil en la que estábamos tres Inmas. Me tocó un papel de bruja, y para diferenciarnos me quedé con lo de “Inma La Bruja”. Incluso mis amigos me llamaban así. Inma La Bruja llegó y se instaló. ¡Y yo encantada!

P. A pesar de haber nacido en el siglo pasado, ¿te sigues considerando una mujer emprendedora?

R. No dejo de pensar, y no dejo de embarcarme en historias con tintes arriesgados.

P. ¿Cuántas agallas hacen falta para subirse a un escenario?

R. Lo indecible. No se puede explicar.

P. Has hecho cine, televisión, espectáculos flamencos, teatro… ¿En cuál de ellos te sientes más cómoda?

R. En el teatro. Vengo del teatro: aprendí en el teatro antes que en el cine y en el audiovisual. En el cante me encuentro bien -siempre vaya por delante mi respeto a las grandes cantaoras de flamenco, a las antepasadas y a las actuales-. Soy una actriz que por una circunstancia profesional como es el teatro, tuvo que cantar flamenco y se animó a estudiar un poco. Y ahí también me encuentro bien, pero le tengo tantísimo respeto que a veces me da hasta miedo.

P. Aún así, sigues cantando flamenco y lo introduces incluso en monólogos. Dos disciplinas muy diferentes y muy difíciles.

R. Sí. Además de en Sevilla con Dando el cante, también en el espectáculo que hice para la Bienal de Flamenco de Málaga de 2007 (Que los muertos no se han ido). La primera vez que me subí a cantar flamenco subí con tanto miedo que me dediqué a hablar con el púlico para metérmelo en el bolsillo. Como veía que el público se reía y se lo pasaba bien, cantaba y volvía a hablar. Y de ahí que empezara a hacer monólogos. Ahora, entre parlamento y parlamento, canto para que respiremos yo y el público, porque el discurso que tengo es bastante surrealista.

P. ¿Son difíciles de encajar esas piezas de surrealismo y de realismo mágico que tienes en tu discurso?

R. Para mí es cómodo. Con respecto al público, al principio no sabe uno que va a pasar ahí, pero en cuanto pasan 5 minutos ya empiezan a divertirse y a sentir que lo que cuento les ha pasado a ellos también. El surrealismo no tiene que ver con la cercanía del público: solo es una forma diferente de lenguaje. A veces me meto en unos campos imaginarios en los que le doy un giro a la realidad que no sé ni yo si se va a entender. Yo lo lanzo. Ese es el riesgo.

P. ¿Qué puede esperar el público de tu espectáculo?

R. Sorprenderse y reírse.

P. ¿Qué te inspira a la hora de escribir tus monólogos?

R. La vida en sí. Las relaciones, los hechos contidianos. Ahí esta todo. Vas caminando y se presenta algo inesperado. El peliculón es la propia vida.

P. Y hablando de peliculón, has trabajado con directores muy importantes: Benito Zambrano, Icíar Bollaín, Michael Radford, Vicente Aranda… ¿Cuál de ellos te ha ofrecido tu mejor experiencia hasta ahora?

R. Iciar Bollaín, porque es una persona muy cercana y genera un ambiente de trabajo a su alrededor muy agradable. Es una persona que te tranquiliiza, que te explica todo con muchísima verdad. Trabajar con ella es un placer.

P. ¿Hay alguien con quien te gustaría trabajar especialmente en el futuro?

R. Almódovar, porque todo el mundo lo dice. Acabo de hacer un curso de cine con Santiago Zanú, el director de El truco del manco y sí me gustaría trabajar con él, porque es un tío joven que viene dando mucha caña y trabaja sobre la verdad. Todos trabajarán sobre ella, pero…

P. ¿Notas una energía diferente al trabajar con gente más joven?

R. No necesariamente. Solo que soy una apasionada de la gente joven. Será por el hecho de que mi hija tiene 25 años y ¡la encuentro tan comprometida con el mundo! Sus amigos son periodistas, cineastas, cocineros, músicos… Esa cercanía con mi hija me ha hecho ver cómo se informan, cómo se documentan, cómo “están”.

P. ¿Crees que la gente creativa nace ya con ese ‘pellizco’ artístico?

R. Esa es la eterna pregunta. Si naces con él y te formas, y sobre todo, trabajas muchísimo y te esfuerzas… Es un binomio. Tengo compañeros actores que tienen una técnica impresionante pero a los que les falta el pellizco. Por contra, tengo otros que son muy viscerales, que han nacido con esa sensibilidad y, no es que no tengan la misma técnica que los anteriores, pero además noto en ellos un “tú sí que eres artista”. El nacer, el hacerse y el aprender de los demás forman un equipo.

P. Ya has mencionado varias veces la palabra verdad. En este trabajo la honestidad es imprescindible, ¿no?

R. Claro. Si no, no vamos a ninguna parte. Se puede trabajar con verdad y con honestidad, pero eso no quiere decir que no le eches un pelín de cara dura. Lo que los flamencos llamaríamos “un poco de poca vergüenza”, sin una connotación negativa, claro. A lo que voy es al desparpajo, a luchar por salir adelante, y… ¡vamos!

P. ¿Cómo ves el panorama de Andalucía?

R. La creatividad no entiende de crisis. Hay que seguir creando. Si tengo que montar un espectáculo con un silla, lo hago. No hay que dejarse vencer por el oleaje de “no hay dinero”. Los actores, los artistas, hemos estado luchando contra eso siempre.

P. ¿Cuál es el embrujo de Inma La Bruja?

R. Ser sincera, valiente y tener mucha cara.

P. ¿Hasta cuándo va a estar ‘dando el cante’ Inma La Bruja?

R. Después de Dando el cante haré un espectáculo flamenco para niños… Pero por ahora son solo ideas que van por todo mi hipotálamo, en un caos casi perfecto.

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