REGÍSTRATE | SUSCRIBETE | english


José Antonio Garriga Vela

Corredor de fondo de la literatura que nunca llega tarde pero que se hace esperar. Hombre con aire de venir de vuelta, siempre de algún lugar de reencuentros con vivos y con muertos, de taberna con solera y tertulias entre amigos. Nos acercamos al mundo de este escritor sin saber si es uno de los que inventa para sus novelas.


Por:  Lakshmi I. Aguirre
 Enviar a un amigo Cerrar X 

¡Corre la voz!

  *Email de tu amigo:
  *Tu nombre:
  Mensaje personal (opcional):
250 carácteres máximo.
 
No guardamos ni utilizamos estos datos para ningun otro uso aparte de mandar un enlace a este artículo a tu amigo.

Escritor
Nació: en 1954 (Barcelona)
Ubicación: Málaga
Destaca por: su realismo, su prosa sencilla y evocadora y su preocupación por el pasado, la memoria y el olvido

“A menudo, vivo más en el mundo de la ficción que en el mundo real. Me engaño a mí mismo para sobrevivir con cierto optimismo” admite José Antonio Garriga Vela, autor que en 2008 fue uno de los escritores nacionales más alabados tanto por crítica como por el público. Su ficción, ligera y de gran profundidad, emotiva, que devuelve el pasado a su lugar pero sin negar sus consecuencias, se compone de pequeños microcosmos que se despliegan a lo largo de su obra. Juntos, componen una ciudad imaginaria en la que prefiere vivir antes de tener que elegir entre Barcelona, su ciudad natal, y Málaga, la que ha acogido como suya. Publica con cuentagotas: Una visión del jardín (Puerta del Mar, 1985), Muntaner, 38 (Debate, 1996), El vendedor de Rosas (Destino, 2000), Los que no están (Anagrama, 2001) y Pacífico (Anagrama, 2008). Varios años de margen para hilar fino, para que cada palabra se corresponda no sólo con su pensamiento, sino con el de los personajes que lo acompañan sin descanso en su soledad con el papel.

SimpleViewer requires Macromedia Flash. Get Macromedia Flash.
This is a WPSimpleViewerGallery


P. Kundera habla de la nostalgia como “el dolor de la ignorancia, el no saber qué es de lo que nos ha quedado lejos”. Recordé esta frase mientras leía su artículo México, publicado en el Diario Sur. ¿El reencuentro dolió más o menos que la lejanía?

R. El reencuentro con el pasado no me dolió. En México, efectivamente, estuve con mis padres que habían muerto muchos años antes; incluso tuve la tentación de llamarlos por teléfono al viejo número donde ya no vivía nadie de mi familia. No viví esta experiencia como algo triste sino como algo natural. Mis padres permanecían en el recuerdo de una manera tan rotunda que formaban parte de mi vida cotidiana. Ignoro porqué eligieron México en vez de Málaga o cualquier otro lugar. Viajé solo por México y nunca he estado tan acompañado.

P. ¿Corroboró entonces que el Pacífico es un mar que no tiene memoria?

R. Sí. Me lo dijo un hombre en una playa cerca de Puerto Escondido: “El océano Pacífico no tiene memoria”. Qué curioso que se llame Pacífico a un océano tan bravo. El personaje de Sebastián de la novela es también un hombre pacífico que oculta un tempestuoso mundo interior. Él quisiera perder la memoria, pero eso es imposible. No podemos gobernar los recuerdos ni los pensamientos. Nos alcanzan a traición.

P. ¿Qué le une a Ernest Hemingway para comenzar Pacífico con una analogía temporal con su muerte?

R. La decisión de iniciar la novela con tal relación de imágenes fue un recurso literario para transmitir ciertas ideas: La vida eterna frente a la muerte definitiva. Yo abría la boca para recibir la Primera Comunión en el preciso momento en el que Hemingway se disparaba un tiro en la boca. Esa imagen me atraía y me servía literariamente para crear mundos contrapuestos. La inocencia y la ilusión frente a la experiencia y el escepticismo. Aparte, me interesa la vida y la obra de Hemingway y de Kafka. Dos autores también contrapuestos en sus vidas pero que en el fondo no son tan distintos. El aventurero frente al oficinista. El viaje real y el viaje interior. La experiencia y la imaginación.

P. Viertel comenta sobre Hemingway en Amigos peligrosos “en este mundo hay personas que pasan la vida buscando la muerte, mientras que otros buscan desesperadamente la vida”. ¿A cuál de los bandos cree que pertenecía ‘papá’ y a cuál usted?

R. Hemingway buscaba la vida desesperadamente. Yo tengo miedo a la muerte porque es más fuerte que yo y no la puedo controlar de ninguna de las maneras. Me paso la vida huyendo de la muerte a sabiendas de que cada día está más cerca. Mejor no pensar en eso. La literatura me ayuda a vivir, a Hemingway le pasaba lo mismo pero a él le aplicaron numerosos electrochoques para que dejara de escribir. A menudo, vivo más en el mundo de la ficción que en el mundo real. Me engaño a mí mismo para sobrevivir con cierto optimismo.

P. ¿A cuántos pasos se encuentra la vida de la literatura?

R. En mi caso se mezcla y confunde la vida con la literatura. Además, la realidad favorece esta confusión porque diariamente me suceden cosas que no sabría distinguir si son reales o ficticias. La gente se piensa que es verdad todo lo que escribo y me relacionan con los personajes que invento. Un juego divertido.

P. ¿La vuelta al día en ochenta mundos o la vuelta al mundo en 80 días?

R. La vuelta al día en ochenta mundos y la vuelta al mundo durante todos los días de mi vida. Mis dos grandes pasiones son la literatura y el viaje y, por supuesto, vivir intensamente con las personas y las cosas que quiero y que me gustan. Lo cierto es que me lo paso muy bien tanto viajando físicamente como inventando mundos.

P. Ha afirmado en alguna ocasión que cuando la obra se publica, ésta deja de pertenecerle al autor. ¿Cómo se toma usted esa ‘desamortización’ del lector?

R. Me gustaría convertirme en fantasma y ver al lector introducirse en el mundo fantástico que yo he creado. Siento curiosidad. Me parece milagroso crear un mundo que está compuesto de mentiras que al final resultan verdad. Mis novelas, efectivamente dejan de pertenecerme cuando se publican. Me olvido de ellas y entonces los lectores se empeñan en recordármelas. Por supuesto que escribo para mí, para mis amigos y para atenuar el paso del tiempo, pero sobre todo escribo para ese lector desconocido y misterioso.

P. Vargas Llosa concluyó en un artículo de El País que “la cultura, la literatura, las artes, la filosofía, desanimalizan a los seres humanos, extienden extraordinariamente su horizonte vital, atizan su curiosidad, su sensibilidad, su fantasía, sus apetitos, sus sueños, los hacen más porosos a la amistad y al diálogo, y mejor preparados para enfrentar la infelicidad”. ¿Cree que su obra cumple con su parte a ese respecto?

R. Me gustaría transmitir mis sentimientos y emociones a través de la literatura y crear lazos humanos con los lectores. Quisiera que los lectores se enamoraran de los personajes de mis novelas, que los quisiera igual que yo los quiero. Intento ofrecer lo mejor de mí en las historias que escribo. Procuro ser honesto y sincero. Trato con un inmenso cariño a los personajes de mis novelas, aunque a veces los ponga contra las cuerdas. Pretendo entablar una íntima complicidad con el lector.

P. ¿Cuánto de lujo debe perder la cultura y cuanto de lujuria debe ganar?

R. La cultura debe estar al margen de todo aquello que la pueda corromper y controlar. El artista ha de ser libre. No es fácil por diversos motivos: la ambición, la avaricia, el poder a fin de cuentas. La lujuria, la libertad, la imaginación es el territorio creativo.

P. “Este mundo no es de los santos ni de los sabios”. Me atrevo a preguntarle en manos de quién cree que está.

R. Tristemente, el mundo está en manos de los poderosos. El dinero manda. El mundo está rematadamente mal, por eso el artista se rebela y crea su propio mundo. Nosotros podemos dedicarnos a la creación porque hemos nacido en un lugar concreto del mapa y nos lo podemos permitir; pero existen otros mundos donde eso resulta imposible.

P. ¿Qué les faltaba a los héroes de su infancia para que consiguieran llamar su atención?

R. Los héroes de la infancia cambiaban de nombre a menudo. Unos suplantaban a otros. Eran perfectos mientras vivían en mi imaginación. Los héroes literarios y deportivos que aparecen en ‘Pacífico’ no formaban parte de mis héroes de entonces. Mis héroes eran seres imaginarios y los protagonistas de algunos tebeos como el Capitán Trueno o Jabato. Los héroes de mi padre eran seres mortales, que perdían combates y se morían. Mis héroes eran invencibles e inmortales.

P. Alguien dijo “Hay que elegir entre descansar o ser libre”. ¿Con cuál de las dos opciones se queda?

R. No me agradaría descansar como claudicación ante la vida. Por otra parte, siempre he elegido ser libre y no me ha resultado fácil. Pero descansar siendo libre es maravilloso.

P. ¿En qué ciudad se encontrarían los microcosmos de sus novelas si tuviese que elegir entre Málaga y Barcelona?

R. Estoy diseñando una ciudad que es una mezcla de las dos ciudades más importantes de mi vida. Voy Ramblas abajo por Barcelona giro a la izquierda y me encuentro con el Parque de Málaga. La infancia y la adolescencia hasta los quince años transcurrieron en Barcelona, luego vine a Málaga, estudié la carrera de derecho en Granada, y tras licenciarme fui a Barcelona de nuevo. Por fin, a principios de los 80, vine definitivamente a Málaga. Mi vida está partida en dos. Dos ciudades, dos tiempos. Ahora, sumando los tiempos, llevo bastantes más años en Málaga. Mi ciudad está en la imaginación y en los recuerdos de esas dos ciudades.


Bibliografía


Estos títulos relacionados con José Antonio Garriga Vela pueden interesarte.


0 comentarios.


Comenta este artículo :

A tener en cuenta: Los comentarios fuera de tono o inapropiados serán editados o borrados. Las direcciones de correo nunca serán publicadas. Ten también en cuenta que los campos marcados con * son obligatorios.







Buscar 
bar

 

pregúntanos

A dónde ir, qué ver, qué comer... PREGÚNTANOS.
ayuda

 

AGENDA
CULTURA
NEGOCIOS
EXPLORA
SOCIEDAD
SERVICIOS
Tertulia Andaluza S.L. 2017 © Todos los derechos reservados. Aviso Legal. Tertulia Andaluza Web Design