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Mariano Vargas

Un artista comprometido con el decálogo de la idealización de la belleza femenina, pone de manifiesto desde Cádiz una nueva forma de expresión artística arraigada al erotismo poético. Ninguna mujer de hombro descocado se exime de tentar la visión panorámica del objetivo que lo acompaña en cada viaje.


Por:  Nuria Marcos
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Fotógrafo profesional
Nació: en 1964
Ubicación: Cádiz
Destaca por: haber recibido el premio británico 10th Charity Erotic Awards - Photographer of the Year
¿Sabías que? está considerado uno de los mejores fotógrafos eróticos de la actualidad

Aunque parezca mentira, este fotógrafo no está unido a una cámara fotográfica, sino a un tumulto de imágenes pictóricas que determinaron su pasado y hoy esbozan su presente. Desde los trazos de un boceto desdibuja la concepción de la cotidianidad, ensortijándola con la sofisticación que le merece la admiración por la feminidad.

Autóctono de San Fernando, Mariano Vargas supo capturar la esencia de una mujer que suscita un océano de inspiración en medio de una encrucijada terrenal. Una carrera de fondo que le ha permitido proyectar su trabajo artístico en algunas de las galerías más importantes del panorama artístico internacional. A día de hoy, observa desde un mirador la evolución que está acechando a la fotografía, y se mantiene optimista ante la necesidad de la existencia del arte, como el termómetro de expresión del ser humano.

P. Su fotografía contempla el erotismo contemporáneo y la idealización renacentista. ¿Con qué periodo artístico se queda?

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R. Con ambos. Soy un fiel seguidor de ese proverbio que dice algo así como “Procura vivir tiempos interesantes…” y desde luego, este tiempo que vivimos lo es. De la misma manera que parece estar sucediendo en nuestros días, en el período del Renacimiento el hombre hizo una gran toma de conciencia aportando cambios influyentes en las coordenadas que conforman el pensamiento y el arte. Desde ese momento surge una nueva concepción del ideal de belleza basado en la armonía como sustitución más directa del expresionismo que se contemplaba en la Edad Media. A día de hoy hemos recuperado criterios artísticos establecidos en el Quattrocento y Cinquecento que se fusionan con una perspectiva contemporánea. Vivimos la suma de todos estos movimientos acaecidos a lo largo de la historia.

P. En la representación de su obra se intuye cómo el autor echa la vista atrás hacia la tradición. A día de hoy, ¿con qué enfoque miran sus ojos al futuro?

R. Con un enfoque optimista. Tanto nuestra generación como las que vienen detrás serán testigos y partícipes de una renovación en la toma de conciencia, la cual permitirá a la humanidad corregir los errores cometidos en el pasado, afrontando un futuro sustentado en una heterogénea escala de valores. En este nuevo punto de partida, tal y como ha ocurrido en otras transiciones históricas, el arte jugará un papel preponderante para enriquecer la cultura considerada como la base del progreso y crecimiento de la sociedad. En este caso, la función de éste radica en la fuerza de la estética como el máximo exponente del placer y la libertad.

P. Parece como si sus retratos desprendieran olor a pintura. ¿Por qué se aferró a la cámara y rechazó el lienzo?

R. En mis inicios comencé como pintor. Me dedicaba a pintar mujeres desnudas extraídas de mi cabeza, procurando canalizar mis ideas en una simbiosis entre la estética victoriana y el modernismo. Después de un tiempo empecé a inspirarme en amigas que formaban parte de mi entorno, así como aquellas chicas desconocidas con las que me cruzaba en la calle. En mi 20 cumpleaños decidí hacerme un regalo, una cámara fotográfica. Con ella comencé a fotografiar a esas mujeres que más tarde formarían parte de mis retratos con olor a pintura. Así fue como descubrí que la fotografía en general, y dirigir en particular, formaban parte de un mundo que cada vez me calaba más hondo. Se puede decir que pasé de la soledad de la pintura a la complicidad de la fotografía. Desde entonces pinto para fotografiar, aunque he de reconocer que la pintura no cesa en pedirme una oportunidad…

P. ¿Considera que la imagen de la mujer del XXI se corresponde con la Madonna que abandera su característica y personal expresión artística?

R. Sí, de hecho son mujeres de hoy. Me refiero a que las mujeres que fotografío son las que abanderan nuestro tiempo, representando el arquetipo de esas madres, esas trabajadoras, todas ellas seguras de sí mismas. Con este trabajo no he querido convertir a la mujer de nuestros días en la mujer que simboliza la etapa renacentista, sino más bien lo contrario. Me he visto en la necesidad de extrapolar a la edad contemporánea aquella imagen de la mujer renacentista, neobarroca, que descubrí cuando era un niño.

P. Admirador de la figura y la belleza femeninas. ¿Adulador del culto a la imagen que se vende hoy día?

R. No. Creo que los límites se han desbordado, desencadenando en una crisis de identidad, donde los paradigmas de la estética anulan el valor de la esencia.

P. ¿Todo artista busca un motivo nuclear de inspiración en su obra. En su caso, ¿lleva nombre de mujer?

R. Sin duda.

P. Si una imagen vale mil palabras… ¿Cómo expresa el fotógrafo el silencio?

R. Si la fotografía la tomamos como lenguaje en sí, olvidando la cámara, debemos buscar una imagen como motivo de inspiración: un simple paisaje en calma, el sueño de un niño…, o por qué no, aquella estampa que se nos hacía tan habitual hace un tiempo atrás, cuando una bella enfermera cruzaba los labios rogando silencio en un hospital.

P. Dentro de sus parámetros artísticos, ¿hay cabida para la exaltación de la figura masculina?

R. Me crié en el seno de una familia católica de los años 60, lo que indiscutiblemente me provocó una gran curiosidad hacia el misterio de lo femenino. Desde muy pequeño demostré un gran interés por la mujer, escondiéndome en la biblioteca de mi abuelo paterno, visionando con sumo interés los libros de arte que daban vida a su estantería. Aquellas imágenes de mujeres desnudas de tez rosada me atraían, sus poses, sus rostros desbordados por el pudor, al fin y al cabo, sus expresiones. Preservo en mi memoria, como el mejor de los recuerdos artísticos, el cuadro de Botticelli: El nacimiento de Venus. Poco después de descubrirlo a través de las páginas de esos libros, al abrir la puerta del baño me encontré a mi madre de pié, desnuda sobre una toalla blanca. Aunque no tenía la figura de Simonetta, ni su extensa cabellera, su piel aterciopelada y su cabello pelirrojo me trajeron a la memoria la figura de Venus, más aún cuando al verme, sonrojada intentó ocultar su feminidad expuesta. Tras este momento, descubrí que quería dedicarme a capturar la belleza de una mujer desnuda, convirtiéndose en la protagonista de mi trabajo.

P. Resulta complicado diferenciar la frágil frontera que distingue el elegante erotismo de un erotismo tendencioso o burdo?

R. Para mí no, pero cada uno tenemos nuestra medida. El espectador es quien decide qué le parece elegante o burdo.

P. ¿Es posible encontrar un regazo de erotismo poético digno de fotografiarse en lo cotidiano?

R. Por supuesto. ¿Dónde si no? El erotismo es una manera de mostrarnos al mundo, y está presente en una mirada, un gesto, una pose. Sin duda, lo cotidiano es susceptible de inspiración, provocando inquietud, rechazo a la artificialidad, conexión con el espectador. Mis modelos son mujeres sencillas que encuentro en la calle, en el metro, en una cafetería o una tienda, pero siempre extraídas de la realidad mundana a la que pertenecen. Para mí, la mejor modelo es esa mujer que se muestra sin florituras, sin intentar ser nadie más que ella misma.

P. Como profesional del mundo de la fotografía, ¿cree que para dedicarse a ello se debe tener una sensibilidad especial, una sólida formación técnica o altas dosis de creatividad?

R. La fórmula perfecta es la combinación de todo eso. Resulta necesario tener una sensibilidad especial, una forma de mirar que nos pertenezca. Dependiendo del tipo de fotografía que realices, pesará más un aspecto u otro. En mi caso predomina la creatividad, enfrentándome a la fotografía como a un lienzo, partiendo de una idea a la que voy dándole forma a través de bocetos. Sin embargo, la técnica es algo que todos podemos llegar a dominar, y solo con ella no podemos hacer una obra sólida. Se puede decir que los conceptos básicos aún siguen siendo los mismos; no obstante, tecnológicamente hablando, la fotografía ha evolucionado a pasos agigantados y el artista debe adaptarse a los tiempos que corren respetando la técnica. Hay que aprender a valorar la esencia, la base de donde parte una obra, la consumación del concepto como la caracterización que diferencia tu trabajo del resto.

P. Al margen de la coyuntura económica y de cómo afecta a los recortes en proyectos y empresas culturales, ¿mientras pueda retratarse la vida, existirá la fotografía?

R. Desde luego. La fotografía en general está cada vez más presente en nuestras vidas. Desde el primer tratado de cámara oscura de Alhasen, pasando por los avances renacentistas de este concepto, hasta llegar a la fotografía en sí. El ser humano siempre ha sentido la necesidad de captar todo cuanto le inquietaba, le parecía bello o bien quería dotar de verosimilitud.

P. Su vida personal, ¿también se compone de momentos recogidos en instantáneas o se refleja en ellas de alguna manera?

R. Me encanta fotografiar, me divierte. Quizá mis mejores imágenes son esas que relucen en mi vida privada. Me encanta dedicar una tarde a retratar a mi pareja, aunque no suelo ejercer de fotógrafo doméstico, ya que siempre terminan cansándose de mí. Aún así, siempre me encargo de dirigir la escena, aún tratándose de una simple foto de viaje…

P. ¿A qué personaje le gustaría tener frente a su objetivo?

R. A Lillith en el paraíso…

P. ¿Cómo se define a usted mismo? ¿Y cómo conceptualiza su obra o producción?

R. Yo diría que soy un hombre de mi tiempo en busca de la felicidad, que vive fiel a su visión del mundo, de la vida. Mi trabajo es íntimo y personal, es una fotografía de autor, cuya primera misión es la de seducir al espectador, tanto desde el punto de vista sensorial, a través de su belleza formal, como desde el punto de vista intelectual, mediante su significado y contenido. El erotismo que planteo en mis fotografías es un erotismo consciente, que establece una conexión sustancial con la autoestima, más que con la sexualidad en sí. Cada una de mis fotos es un pequeño homenaje a la feminidad.

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1 comentario

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El 5 Febrero 2015 a las 16:17, greg dijo...

constituting@steve.deplorable” rel=”nofollow”>.…

ñïñ….



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