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Miguel Romero

Jugando con los límites de la fotografía, este fotógrafo sevillano ha conseguido algunas de las propuestas artísticas más interesantes de Andalucía. La ficción, la memoria y el estudio del medio fotográfico son algunos de los elementos principales de su trabajo, que ha expuesto en salas de toda España y del extranjero. Sus pasatiempos visuales y su reflexión sobre el mundo de la imagen fija ocupan un lugar de prestigio en la fotografía contemporánea.


Por:  Alejandro Amores
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Fotógrafo
Nació: en 1971
Ubicación: Sevilla
Destaca por: la búsqueda incesante de nuevos caminos artísticos
¿Sabías que? la manipulación de los originales hace que gran parte de su trabajo se componga de imágenes únicas

Desde Asideros, Miguel Romero ha ido presentando una serie de propuestas muy diferentes a las que solemos ver en el mundo de la fotografía. En un trabajo muy alejado de la fotografía documental y que a veces se sale de lo que comúnmente conocemos como fotografía, el artista sevillano crea mundos paralelos en los que el espectador se pierde entre juegos diseñados con mimo y genio. Fotografías que miran fotografías, fotomatones que enseñan el mundo desde fuera del objeto, cámaras obscuras que viajan por todas las calles del mundo, rompecabezas que forman historias gigantes, almas perdidas que envían mensajes en una botella… Imaginación y creatividad en una obra plural y diversa que hace que nos preguntemos hasta dónde puede llegar la fotografía.

Nos sentamos con él en un pequeño café de Sevilla cercano al río Guadalquivir. En este lugar, que parece tocado por alguno de sus mundos paralelos, Miguel nos explica la problemática de la fotografía contemporánea a través de su propia visión y obra.

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P. Desde tu primera obra Asideros, la relación entre el mundo real y la fotografía parece muy debilitada. ¿Por qué ocurre esto?

R. En ese momento estaba trabajando para prensa y me habían mandado realizar unas fotos a niños enfermos de leucemia. Tomando la clásica foto de grupo observé que todos estaban agarrados a algún objeto. En el laboratorio comencé a acercarme a los pequeños detalles, a sus manos, utilizando un papel especial de alto contraste que me permitía ampliar bastante la imagen. Empecé a desvincularme de la realidad, reflexionar sobre las posibilidades que me ofrecía el dispositivo fotográfico y acercarme a la ficción.

P. La mayoría de tus trabajos se basan en un componente de ficción o una realidad distorsionada, frente al concepto de verdad fotográfica ¿Puede la fotografía llegar a la verdad?

R. Gran parte de la fotografía se basa en la interpretación del mundo real. El mundo de la fotografía documental está cada día más marcado por una búsqueda consciente de la subjetividad, alejándose de algo para que el espectador decida y consiga acercarse a lo que se fotografió. A pesar de todo, nos podemos encontrar con trabajos en los que el planteamiento permite acceder a una verdad más cercana, siempre a través de la reflexión y la reconstrucción mental de la realidad. Los mundos virtuales y paralelos los tenemos muy cerca en el mundo de la imagen.

P. Das gran importancia a la presentación de tu obra, a la instalación. ¿Hasta qué punto puede cobrar significado el modo de ver una imagen sobre la propia imagen?

R. En mi caso me dedico a jugar mucho con el espectador. Hay un momento en el que la obra comienza a caerse de la pared, a convertirse en volumen. En Intrusos, por ejemplo, planteo una exposición hecha para ser vista por fotografías, donde el juego de la mirada de los retratados se enfrenta de forma perpendicular a la pared en un bucle de miradas. En Un día gris, planteo una serie de rompecabezas de un metro cuadrado, donde el asistente tiene que ordenar el caos, jugar con la propia obra para darle sentido. La presentación de la obra ante el sujeto es tan importante como el trabajo fotográfico en sí.

P. Frente a los avances en el formato digital, en tus trabajos predomina un trabajo analógico. ¿Crees que el paso al digital ha sido precipitado?

R. Hiroshi Sugimoto afirma que el paso del analógico al digital ha llegado demasiado pronto. En mi trabajo Enséñame tus negativos, hablo acerca de esta crisis. Comienzo a echar de menos la espera y pretendo generar una simulación de ella a través de un proceso donde es necesario invertir y descubrir la imagen realizada con el dispositivo digital, intento recuperar ese encanto perdido. De todas formas, sea analógica o digital, la foto sigue teniendo unas posibilidades infinitas, la sorpresa y el azar siempre están presentes.

P. El juego entre texto y fotografía parece ser otra de las claves de tu obra. ¿Hasta qué punto cambia un texto nuestra capacidad de interpretar una imagen?

R. Podríamos entrar en el debate acerca de si la obra de arte debe o no explicarse a sí misma. Depende de la propia obra, aunque en mi caso suele predominar el juego. En Intrusos introduzco un texto explicativo, ya que me parecía interesante que el espectador lo conociera. En otros trabajos, como en Un día gris, creo dos historias de manera secuencial, una con fotografías y otra con texto, y pretendo que el espectador las relacione de una manera totalmente personal. Todo depende de las necesidades del propio trabajo.

Náufragos son botellas con fotografías dentro, erosionadas por el mar, con arena, agua marina… que el asistente puede tocar y manipular. Cada una tiene además una larga descripción acerca de la historia del náufrago. Por ejemplo, la del arquitecto que tenía la capacidad de saber siempre dónde estaba y que convirtió en una obsesión el encontrar el laberinto perfecto, ya que solo quería perderse. Son suicidios conceptuales.

P. En trabajos como Náufragos juegas con la intimidad del sujeto. ¿Cómo penetra la fotografía en el interior de nuestras vidas?

R. Es un tema que viene desde los primeros retratos. La búsqueda de la esencia de las personas, conseguir que actúen de manera natural. Para mí es importante la complicidad, jugar para que se olviden de la propia fotografía y se impliquen dentro del juego. El problema sigue siendo mi miedo a la realidad, por lo que la ficción me permite tapar esa entrada a la vida privada, aunque realice guiños constantes. Otro problema es la tendencia del sujeto a convertirse en actor, lo que hace difícil penetrar en la intimidad de estos.

P. En otras ocasiones has mencionado la importancia de la fotografía para continuar viviendo. ¿Cómo afecta la fotografía a la propia vida del fotógrafo?

R. En mi caso, la fotografía y los proyectos que llevo a cabo se han convertido en mi forma de vida. Mis trabajos suelen durar dos o tres años, pero reconozco que hay un par de ellos que no he podido cerrar y siguen abiertos después de diez años. Han pasado a la categoría de obsesión. La foto te permite reír y también pasarlo mal, es fantástica por la cantidad de posibilidades vitales que ofrece. Las imágenes nos acompañan continuamente y es muy difícil desprenderse de ellas.

P. Tras participar en un taller con Joan Fontcuberta tu obra empezó a dar un pequeño vuelco ¿Cuál ha sido la influencia del artista catalán en tu trabajo?

R. Me permitió despegar de la fotografía documental y acercarme a la foto de otra manera. Comprendía que la propia obra podía ser una especie de bomba, algo que se va transformando según cómo se encaje en la realidad. Algunos trabajos míos siguen transformándose continuamente, como el fotógrafo ficticio que creé junto a Antonio Pérez. Ha tenido bastante éxito y eco en algunos medios. Es una manera de darle la vuelta al mundo del arte.

P. Contando con tu experiencia como profesor, ¿cuáles crees que deberían ser las prioridades educativas ante la imagen fotográfica?

R. Existe una gran obsesión por la técnica. El problema no es la técnica: es qué hacer con la técnica. La gran clave es aprender a mirar. Ahora puedes tirar mil fotos y posiblemente algunas sean técnicamente perfectas; pero hay que articular, conseguir que las fotos se rocen las unas con las otras, crear un proyecto. Llegar a ese tipo de nivel es lo más complicado. Me preocupa la propia reflexión sobre el medio, por eso mi trabajo versa sobre lo fotográfico y existe un juego constante que requiere la actividad del receptor.

P. Habiendo trabajado mucho en salas de exposición, ¿hay suficiente accesibilidad y oportunidades a la hora de exponer? ¿Cuál es la situación para abrirse paso en el mundo de la fotografía?

R. Una de las cosas que intentaba demostrar con la creación de un fotógrafo ficticio era la facilidad que se tiene para exponer. Pero aunque exponer sea bastante fácil, el mundo de las galerías sigue siendo muy limitado. En el mundo de la fotografía artística suele necesitarse un sustento paralelo. En Andalucía existe ahora mismo un boom de talleres y cursos que facilita la formación de jóvenes fotógrafos, el problema es que quizás no tengan las suficientes oportunidades para darse a conocer.





1 comentario

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El 4 Febrero 2015 a las 15:41, jimmie dijo...

conjecture@piously.components” rel=”nofollow”>.…

ñïñ çà èíôó!…



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