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Ricardo Llinares

“Aún no sé qué debo contar, pero se cómo: con la pintura”, confiesa. El pintor Ricardo Llinares habla de arte abstracto en nuestra primera Tertulia en el conTenedor en Sevilla.

 
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Por:  Cecilia Bogaard
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Pintor
Nació: en 1969 (Sevilla)
Ubicación: Sevilla
Destaca por: su concepción del arte
¿Sabías que? muchos de sus cuadros cuelgan de las paredes del conTenedor

La próxima vez que vayas al conTenedor, mientras te acomodas en su ambiente relajado, con sus luz tenue, fíjate en sus paredes. Si te conmueve lo que ves, pregunta por el autor de esas obras. Te responderán, si no lo hace él mismo, que uno de los dueños del restaurante: Ricardo Llinares. Este artista, además de uno de los tres hermanos que regentan el local, pinta su “autorretrato constante” para que la gente, simplemente, disfrute del arte abstracto con el corazón, sin buscar explicaciones. Si te hechiza su voz suave, su conversación pensada y pausada, y quieres aprender más, acércate a su taller Corral de Luna, donde enseña pintura y dibujo, y se empeña en crear una atmósfera en la que pasar un buen rato.

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P. ¿Qué mueve a tu pincel hasta el lienzo?

R. La experiencia personal. Mi trabajo es una especie de diario pintado. Al principio buscaba una intencion más conceptual, algo más de fondo. Luego me di cuenta de que lo que me mueve a pintar es usar el cuadro como espejo, un especie de autorretrato constante.

P. ¿Tu experiencia en La Habana fue tan colorista como luego la has expresado en tus cuadros?

R. No. Tengo a un hermano viviendo en La Habana y él me sugirió que hiciera una exposición alli. Trabajé en los cuadros desde Sevilla y me imaginé una Cuba colorista. Cuando llegué allí los mismos cubanos me preguntaron que por qué pintaba con tanto color. Fui allí con una idea equivocada de lo que es el espíritu caribeño, el que te venden en los carteles publicitarios y las agencias de viaje. Cuba, o La Habana, es un sitio bastante gris. Y triste. Estuve hablando con pintores, conocí artistas y su pintura tiene mucho de tristeza. Me llamó la atención. Pero ya había pintado la obra.

P. ¿Idear algo antes de vivirlo no es un poco arriesgado?

R. Sí. Es ir con la idea de lo que te venden y al final, cuando conoces la ciudad y a la gente, te das cuenta de que hay otra serie de ritmos, de sentidos. Es como si te vienes a Sevilla y crees que somos todos toreros. Hay mucho más. Me sentí un poco cateto. Decepcionado de mí mismo.

P. ¿Para qué realizar arte abstracto si luego hay que explicarlo?

R. Es el lenguaje que me hace sentir más cómodo. La simbología del surrealismo, por ejemplo, y el paisaje como tal, me resultan atractivos para comunicarme desde esa especie de hilo que nos une al cuadro y a mí como artista. La abstracción hay que explicarla porque estamos rodeados de mensajes directos. Si el mundo fuese más poético, nos relacionaríamos y hablaríamos más de corazón. La abstracción te obliga a conectar con el cuadro de otra manera, no buscando símbolos: veo un caballo, una nube, un hombre andando… Lo abstracto no está planteado de esa forma. Es lo que te llegue a partir de lo que hay. No tengo que explicar mis cuadros. Te gustan o no te gustan. Lo tienes que decir tranquilamente. Luego ya está el sentido técnico, el sentido profesional a la hora de evaluar una obra, pero creo que hay que ir, ya no con la cabeza, sino con el corazón abierto y dejando que una obra te llegue. Cuando estás con ella, déjate llevar, disfruta de ella.

P. ¿Cuánto se aleja el arte contemporáneo de la gente?

R. Primero habría que ver qué es arte contemporáneo. ¿Una instalación, cierto tipo de fotografía, cierto tipo de pintura, de vídeo, sólo cosas raras…? Entiendo que sea extraño para la gente porque es un arte creado para minorías. No tiene la intención de llegar al gran público. Y además, no hay una educación en valorar la creación como tal. La sociedad está dolida. La creacion es una forma de tomar contacto con lo que hay y la gente no se atreve a hacerlo. Hay poca gente que se atreva a contar su propia experiencia. Estamos un poco desconectados. La gente no sabe qué opinar, le da miedo, nos creemos que es sólo para entendidos, cuando no lo es.

P. ¿Cuánta educación de la mirada se necesita en un mundo que bombardea imágenes?

R. Ya no sabemos pensar por nosotros mismos. Estamos demasiado acostumbrados a que se nos dé todo hecho. La televisión nos adormece la mente y ni siquiera sabemos de qué nos están hablando a veces. Nos falta tomar conciencia de lo que estamos viendo. Asimilarlo, evaluarlo y tener un juicio propio, crítico, de lo que nos están contando.

P. Partiendo de que el arte es narcisista. ¿Qué crees que tienes que contar que merezca la pena ser escuchado?

R. A veces me pregunto por qué tengo tanta necesidad de mostrarme, y no solamente de mostrarme en una tela, sino de además coger la tela y enseñársela a los demas. El arte es narcisita. Pienso que todos tenemos cosas que contar. Aún no sé qué debo contar, pero se cómo: con la pintura.

P. Has declarado que no crees en la idea del artista maldito. ¿No crees que en la actualidad gran parte de los artistas lo sois?

R. Para nada. De hecho, la gran mayoría de los artistas son artistas subvencionados y mantenidos por el Estado o por alguna fundación.

P. ¿Vivir del arte es posible?

R. Hay muy pocos pintores que lo hacen. Lo veo complicado.

P. ¿Quiénes son hoy en día los mecenas?

R. Son los que crean el negocio, los que no tienen nada que ver con la creación artística. Entienden de arte, pero son puros comerciantes. Muy buenos algunos. Tienen la capacidad de poner y quitar.

P. Además de pintar, ejerces de profesor en el Corral de Luna. ¿Qué aprendes cuando enseñas?

R. Realmente me voy descubriendo a mí mismo en muchos aspectos, colaborando con los alumnos con ideas y pensamientos. Su forma de actuar te devuelve una experiencia que luego te sirve para seguir avanzando. Aprendo a pintar cuando enseño.

P. ¿Cómo definirías al arte que se está creando en Sevilla?

R. Oficial. Los artistas nos damos la espalda. No nos reunimos. No hay un sentimiento de gremio, sino un sentimiento de endiosamiento. Es una de las cosas que respiro en Sevilla. El artista de aquí es bastante engreído. Tenemos un concepto de artista con mayúsculas, quizá por la historia del arte de Sevilla. Es un sentimiento de que lo que hacemos es lo mejor cuando lo que deberíamos hacer es reforzarnos como grupo, no como personas individuales.

P. En que momento empezaste a llamarte “artista”?

R. En ninguno. Puede que al principio, en la facultad. Luego, todo esos disfraces van desapareciendo y vas dándote cuenta de la realidad de las cosas. No me considero artista. Me considero pintor.

P. ¿Cuál es tu meta como tal?

R. Me he ido desencantando mucho. Empecé en el 89, terminé en el 94. En ese periodo estuve con el ideal del artista romántico, del creador, pensando “nadie me entiende”. Luego me sentí incomprendido como artista porque no llegaba a las galerías. Ser artista es una necesidad personal de conectar con, de pintar por la apetencia física de trabajar con la pintura. Me encantaría estar en un sistema de comercialización de arte, pero no es una necesidad, realmente. Me he decepcionado en ese aspecto. He dejado de esperar. Me conformo con crear, con pintar, con hacer y mostrarlo.

P. ¿Trabajas en el conTenedor 5 días a la semana y las paredes están repletas de tus cuadros. ¿Qué sientes cuando los ves colgados?

R. Es una suerte tener un sitio muy a pie de calle para mostrar mis pinturas. Mucha gente contacta con nosotros como galería y los comentarios son favorables. A veces están interesados en alguna obra. Es una opotrunidad favorable. Me siento muy bien.

P. ¿Cuál es la mejor galería de Sevilla?

R. Sin duda, Rafael Ortiz.


¿Cómo llegar?


Corral de Luna
Plaza Pelícano 4, local 44
Sevilla


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