Filósofa
Nació: Vélez-Málaga, Málaga (16 de abril 1904)
Murió: Madrid (6 de febrero 1991)
Famosa por: Su teoría sobre la razón poética, que conecta la poesía y el pensamiento.
Movimiento literario: Generación de la República (discípula de Ortega y Gasset)
Obra destacada: Claros del Bosque
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María Zambrano
María Zambrano, la inquieta filósofa malagueña del siglo XX, protagoniza este capítulo de las entrevistas fantasmagóricas, una serie biográfica para los perezosos pero curiosos. En este peculiar encuentro, Zambrano desgrana desencuentros con compañeros como Ortega y Gasset y su amistad y pasión por poetas del 27 como Cernuda. Además, explica cómo convivió hasta con… !24 gatos!
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Autor: Thea Delavault
María, rodeada de gatos, con una rodilla plegada sobre la otra parece feliz, feliz y serena. El vello detrás de mi cuello se alza como si también yo fuese un felino, y cuando me mira con esos ojos lúcidos me pongo, involuntariamenete, a ronronear. Tengo que hacer mi trabajo, ya preparé la entrevista, mis ojos bajan a las hojas entre mis manos y empiezo con timidez…
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P. Si las mujeres fantasmas no se ofenden, empiezo por preguntarle… ¿cuándo nació?
R. Al contrario que las mujeres vivas, las fantasmas estamos muy orgullosas de ser viejas, ¡cuanto mas ancianas, mejor! Nací en Vélez-Málaga el 22 de abril de 1904. Aunque no me registraron hasta el día 25, tres días más tarde, porque era un bebé tan frágil que mi padre creía que no sobreviviría.
P. ¿Cúando, dónde y cómo falleció?
R. Fallecí a los 87 años por un problema respiratorio. Fue el 6 de febrero de 1991 y estaba en Madrid, rodeada de mis amigos. Aunque mi tumba está en Vélez, entre un limonero y un naranjo, y rodeada de gatos…¡mis mejores amigos!
P. Cuénteme qué le marcó como persona.
R. En mis años de estudiante participé en protestas universitarias. En 1932 obtuve una plaza como profesora de metafísica en la Universidad Central. Tras la Guerra Civil me mudé a México y después me fui a La Habana para seguir trabajando como profesora universitaria. El hecho es que después no paré de moverme, de viajar, de ver mundo.
P. ¿Desde qué países escribió?
R. He escrito y vivido en España, Chile, Cuba, Puerto Rico, Francia, Italia y Suiza. De hecho era una locura. En 1939 comenzó mi exilio. Crucé la frontera francesa con mi madre y mi hermana, y tras vivir en París durante un breve periodo, residí en Nueva Cork, La Habana, México, y finalmente en Puerto Rico. Volví a París en 1946 para reencontrarme con mi hermana, al borde de la locura tras ser torturada por los nazis. Mi madre murió dos días antes de mi llegada. Mi hermana y yo decidimos volver a Puerto Rico y a Cuba juntas y en 1953 nos fuimos a vivir a Roma. Ahí es dónde escribí algunas de mis obras más importantes: El hombre y lo divino y Persona y democracia, entre otras. En 1964 me persiguió un vecino fascista al que le molestaban ¡mis gatos! Me fui con ellos a Suiza… En 1984 volví a Madrid, donde me quedé hasta el final de mis días.
P. ¿Cúal era su mayor debilidad?
R. Mi salud.
P. ¿Y su punto fuerte?
R. Mi curiosidad.
P. ¿Hubo un gran amor además de su marido?
R. En una carta a Ortega y Gasset le referí mi amor a la filosofía: “Llevo casi un mes en casa, enferma. Leo filosofía, única cosa que nunca me es extraña, con una inmensa alegría, porque ella me da una salida luminosa al mundo, porque la amo como a aquella que durante mucho tiempo nos ha esperado perdonándonos todas, las más aparentes que efectivas, traiciones”- Además de los gatos, ¡llegué a tener hasta 24!
P. Su actividad periodística y literaria siempre fue frenética.
R. Escribí en revistas como Cruz y Raya, Revista de Occidente y Azor. Me encargaba de la sección de mujeres en Diablo Mundo. También escribí las obras Un camino español: Séneca o la resignación y El pensamiento vivo de Séneca. En la Revista de Occidente escribí dos de mis ensayos más conocidos: Por qué se escribe y Hacia un saber sobre el alma.
P. Cuénteme algo sobre su famoso ensayo Hacia un saber sobre el alma.
R. En esa obra describo mis conclusiones tras leer a Ortega y Gasset, Spinoza, Nietzsche, Scheller… Ortega y Gasset, sin embargo, no las compartía. Un día me llamó a la oficina y me preguntó, muy serio, que adónde quería llegar con esas ideas. Ahí se rompió nuestro lazo intelectual.
P. ¿Cúales son sus obras más importantes?
R. Se dice que son Filosofía y Poesía (1939), La Agonía de Europa (1945) y El sueño creador (1965).
P. ¿Sobre qué escribe?
R. Sobre lo que yo llamo “El conocimiento del alma”. Me baso en la esperanza y en la importancia de lo divino en el ser humano. Para mí, el “yo” es el que se realiza proyectandose a sí mismo mediante la acción, y por lo tanto, existiendo. Como Sartre, yo creo que de la “nada”, el hombre tiene que extraer la responsabilidad de crear su “yo”, ese que ya no es conceptual sino histórico, y que posee la libertad que conlleva el aceptar su propia consciencia. También he versado a menudo sobre los antiguos conceptos de Belleza y Verdad.
P. ¿Qué influencia ha tenido en el pensamiento filosófico?
R. Con mi teoría de la “razón poética” argumenté que el pensamiento conceptual español, opuesto al de otros países europeos, cuya razón es puramente filosófica y se desarrolla en tratados o ensayos, está profundamente arraigado en la literatura. La razón poética es un concepto que al contrario que la razón filosófica tradicional, incluye las emociones. En la poesía y ficción española abundan los conceptos filosóficos. Desarrollar esta idea fue un paso fundamental en mi realización personal, y algo muy necesario en una era de puro racionalismo. Se puede considerar que fui una precursora del racionalismo postmoderno actual.
P. ¿Quiénes fueron sus mayores influencias?
R. Platón y Spinoza, cuyo pensamiento era a la vez ético y metafísico. También me influyó el psicoanálisis de Jung. Y por supuesto, Sartre y sobre todo Ortega y Gasset, aunque en muchos aspectos no estábamos de acuerdo. Mi padre fue un maestro perenne que siempre encontraba luz en la oscuridad…
P. Ha recibido varios premios, ¿verdad?
R. Sí. En 1981 me dieron el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. En 1985 me nombraron Hija Predilecta de Andalucía y en el 88 me dieron el prestigioso premio Cervantes, ¡fui la primera mujer en ganarlo!
P. ¿Qué libros nos recomendaría?
R. Algunos de mis autores preferidos: Proust, Dostoievsky, Kant, Kafka; los griegos Platón y Séneca; los místicos como San Juan de la Cruz, Santa Teresa; Heidegger, Jung…
P. ¿Con qué amigos se queda?
R. Hice amigos en todas las ciudades en las que residí, me protegieron y fueron muy generosos conmigo. Entre ellos Jorge Guillén, Pedro Salinas, José Bergamín, Camilo José Cela, Luis Cernuda, Picasso, Octavio Paz, Malraux, Sartre, Simone de Beauvoir y Camus.
P. ¿Diría que la filosofía fue su vocación?
R. Leeré otra de mis cartas: “Entonces, no tengo más remedio que aceptar que mi verdadera condición, es decir, vocación, ha sido la de ser, no la de ser algo, sino la de pensar, la de ver, la de mirar, la de tener la paciencia sin límites que aún me dura para vivir pensando, sabiendo que no puedo hacer otra cosa y que pensar tampoco lo he hecho.”
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