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Thutmosis III Temple Project

En la antigua Tebas, en la margen izquierda del Nilo, un grupo de arqueólogos e investigadores, liderados por la sevillana Myriam Seco, lleva cuatro años trabajando para desentrañan los secretos que guarda el templo funerario de Tutmosis III, uno de los faraones más importantes del antiguo Egipto. Una tarea apasionante, y un viaje al corazón de una de las civilizaciones más fascinantes y enigmáticas.


Por:  Roberto Castiñeira
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Proyecto arqueológico en el templo funerario del faraón Thutmosis III
Ubicación: Egipto
Destaca por: por tener muchos andaluces trabajando en él
¿Sabías que? Myriam Seco realiza también proyectos de arqueología subacuática, con la recuperación de un pecio fenicio al noroeste de la ciudad de Tiro (Líbano)

Son las cinco de la mañana, y pese a que las últimas noticias parecen haber ahuyentado a la mayoría de los turistas, hay una zona cercana al Valle de los Reyes, frente a la ciudad de Luxor, que bulle de actividad. Las empresas que organizan viajes en globo se aprestan a iniciar sus vuelos. Uno a uno comienzan a elevarse y los vientos de ese día hacen que el pilono de entrada del templo de Tutmosis III sea la primera sorpresa que nos deparará nuestra singladura aérea. Se presenta limpio, totalmente consolidado en una de sus partes, con casi nueve metros de alto, y sorprende pensar que esa construcción de adobe, de más de 3.500 años de antigüedad, llegó a alcanzar los 18 metros. Un pórtico imponente, como correspondía a la gloria de un faraón conocido como el Napoleón egipcio.

Mientras los globos se alejan rumbo a otros templos y hacia la luz del amanecer, comienza la jornada de trabajo para la misión arqueológica española. Desde las seis y media hasta la una y media (un poco antes en septiembre, cuando las temperaturas pueden superar los 50 grados) más de 120 trabajadores locales y hasta 30 arqueólogos, historiadores, restauradores, dibujantes, se empeñan por sacar a la luz nuevos sectores del templo. A media mañana Myriam Seco, nos recibe al borde de la carretera que, lamentablemente, atraviesa el yacimiento. Con su vara de madera, mitad bastón, mitad atributo de mando, nos dibuja en el suelo la planta rectangular del templo, nos dice que la forma más correcta de designarlo es como “templo de millones de años”, que no se pueden hacer fotos de los trabajos, y que todo eso que ahora vemos antes estaba bajo metros de arena, o de basuras…

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A las diez y media, con puntualidad casi británica, los trabajadores locales suspenden durante una media hora su trabajo, mientras los investigadores se concentran en torno a un par de termos con café y té, y panes de pita. Myriam nos presenta al resto del equipo, con una fuerte presencia andaluza, fruto de la colaboración con la Universidad de Granada. Ellos nos explican que el proyecto se desarrolla gracias al patrocinio de la Fundación Botín y la petrolera española CEPSA y que cuenta, además, con la colaboración de la Universidad Politécnica de Barcelona. Finalizada la merecida pausa-café, Myriam nos detalla los trabajos de limpieza y consolidación de la rampa de acceso y la primera terraza, protegiendo los antiguos adobes con otros nuevos, hasta que se acerca un trabajador con un azadón. Luego de una larga conversación en árabe, uno de los cinco idiomas que habla esta arqueóloga andaluza, nos traduce que el burro de la casa del trabajador ha muerto, que su madre le ha exigido que lo entierre cuanto antes, y que él ha pedido el azadón, y el correspondiente permiso, para ejecutar esa perentoria tarea.

Un regalo envenenado

Tras visitar una de las tumbas ubicadas bajo el suelo del templo, encontrada con la cámara sellada tras un uso anterior, y con los cuerpos de cuatro personas, hallazgo que Myriam califica como “un momento muy emocionante”, nos dirigimos hacia el lugar que produjo otro de los grandes descubrimientos: un almacén en el que misiones anteriores habían guardado sus hallazgos. Seco nos explica que a principios del siglo XX el interés se centraba en las grandes estatuas y en otros elementos decorativos, motivo por el cual habían guardado en esa improvisada nave unas dos mil piezas de bloques de los muros del templo, con inscripciones y pinturas.

Todo un regalo para cualquier misión arqueológica, pero un regalo envenenado: un gigantesco puzzle sin la imagen de referencia para montarlo, con piezas pertenecientes a distintas estancias y sin los códigos que permiten identificar su ubicación, a diferencia de las piezas excavadas actualmente que tienen una serie de números que permiten conocer dónde fueron encontradas y a que profundidad. Pese a todo, el equipo sigue trabajando en la laboriosa tarea de ir casando las distintas piezas, a fin de poder reconstruir al menos una de las paredes del templo y, al mismo tiempo, obtener mayor información sobre el reinado de Tutmosis III y su relación con su madrastra y regente, Hatshepsut.

La mujer faraón y el gobernante ilustrado

Javier Martínez Babón se mueve entre los jeroglíficos con una soltura envidiable. Este profesor de la Escuela de Egiptología del Museo Egipcio de Barcelona los lee uno a uno, como si fueran su lengua materna, y comienza a explicarnos que en ellos esperan encontrar información sobre un momento crucial en la historia de este imperio: aquel en el que Hatshepsut, media hermana y viuda del faraón pero sin descendencia masculina, decide coronarse ‘rey’, y se construye su maravilloso “templo de millones de años” en el que su rostro aparece en las estatuas inspiradas en el dios Osiris, y en las que luce barba, símbolo del poder real. Unos años en los que el joven heredero, hijo de una esposa secundaria, emprende sus célebres misiones militares, que llevaron al antiguo Egipto a su máximo esplendor, al extenderse desde el actual Sudán hasta Siria y el río Eufrates.

Una relación que, sin renunciar ni un ápice al rigor histórico, adquiere en el relato de Javier Martínez una dimensión épica, casi novelesca. Es muy poco lo que se sabe, con teorías que van desde la abierta enemistad entre ambos gobernantes hasta las que hablan de una buena relación a partir de los numerosos cartuchos con los jeroglíficos con los nombres de ambos encontrados juntos. Lo que si parece estar claro es que Tutmosis III basó sus conquistas en “invitar” a los hijos de los soberanos de los pueblos conquistados a completar su educación en Egipto, con lo cual no sólo lograba una nueva generación de gobernantes formados en la cultura egipcia, sino que contaba con rehenes en caso de que no se produjeran los pagos de los tributos que se exigían. Al mismo tiempo, y como muestran los relieves del templo de Karnak, prestaba especial interés, en línea con lo que siglos más tarde conoceríamos como la Ilustración, en introducir en su país flora y fauna de las regiones conquistadas.

Discusiones sobre el adobe

Finalizada la jornada de mañana Myriam nos invita a compartir la comida en una de las dos casas en las que se concentra la misión, y en las que se encuentran las “oficinas” del equipo, donde trabajan todos aquellos que no tienen necesidad de estar en el yacimiento, y en las que se completan las tareas durante las tarde. En un momento de la comida nos sorprende comprobar que mientras el restaurador Agustín Gamarra nos explica las técnicas de conservación de las construcciones realizadas en adobe, en la otra punta de la mesa los más jóvenes hablan de las posibilidades informáticas que les ofrecen los programas Adobe.

El grupo de los más jóvenes está formado por una serie de estudiantes de la Universidad de Granada, de las especialidades de Prehistoria y Arqueología y de Dibujo de la Facultad de Bellas Artes, que durante un mes tienen la oportunidad de formar parte de los trabajos de la misión y de tener una experiencia profesional única. Myriam Seco se siente especialmente orgullosa de esta línea de colaboración con la universidad, y de otras actividades de formación como los cuatro cursos realizados hasta la fecha para los inspectores del Consejo Supremo de Antigüedades, gracias al patrocinio del Banco de Santander.

En esa casa de la misión española cercana al grandioso templo de Medinet Habu se advierten ya los preparativos para finalizar, en este mes de diciembre, la cuarta campaña. Algunos, como la japonesa Eriko Kaminura, especialista en bases de datos y dibujo digital de relieves epigráficos en piedra y estatuas, y el profesor Raul Campos López de la Universidad de Granada, que está coordinando la reconstrucción en 3 D del templo, ya han retornado a sus puntos de destino, mientras que otros apuran las últimas semanas de trabajo. Todos tienen la vista puesta en la campaña de 2012, que, afortunadamente, parece tener asegurada la financiación, y la confianza de seguir arrojando luz sobre Tutmosis III y su época, de seguir realizando nuevos descubrimientos. Una tarea que, según nos dice Myriam Seco, puede llevar unos veinte años más. Un periodo que a ella no le parece largo, acostumbrada como está a manejar miles de años, y sobre todo por la enorme pasión que siente por su trabajo.

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7 comentarios

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El 28 Diciembre 2011 a las 19:51, Florencia dijo...

Genial la nota!!!!


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El 29 Diciembre 2011 a las 13:38, capitán trueno dijo...

Un artículo, un proyecto “arqueolóco”, y un viaje de “luxo”


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El 30 Diciembre 2011 a las 18:46, pepa dijo...

Qué artículo más interesante, y qué bien escrito. Me da que el autor es de esos tipos que todo lo hacen bien. Mañana mismo me iría yo a Luxor con el autor. ¡A Luxor y al fin del mundo!!!


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El 6 Enero 2012 a las 15:18, Mercedes dijo...

Estupendo artículo y muy guapas tambien las fotos


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El 20 Enero 2012 a las 11:22, Angel dijo...

Muy interesante y bien contado.


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El 30 Enero 2012 a las 14:57, Genteinternet.com dijo...

Genial, yoy también quiero ir a Luxor. No paréis


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El 9 Diciembre 2012 a las 20:34, Secundino dijo...

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/12/07/actualidad/1354879058_090754.html. El Pais nos muestra los trabajos un año después



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